Tosatti: “El clima que se respira hoy en la Iglesia no parece muy bueno.”

Si se quiere una razón por la cual el Secretario Especial del Sínodo, Arzobispo Bruno Forte, actualmente un hombre muy cercano al Papa y uno de sus principales consejeros, sufrió una gran derrota en la asamblea de esta semana de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) en la elección del Vicepresidente representante de Italia Central (incluyendo el Lacio), únicamente hay que observar lo que está sucediendo dentro de los pasillos de la asamblea en Asís, como reporta Marco Tosatti. A pesar del sesgo en contrario de John Allen como un asunto sin mucha importancia, el más ultra liberal de los vaticanistas italianos, Marco Politi, estuvo en lo correcto al identificarlo como un mensaje mayor al Vaticano de parte de los obispos italianos, los cuales están honestamente molestos. En una organización tan marcada por símbolos como la Iglesia Católica, este simbólico mensaje por esos obispos en el propio país y región del Obispo de Roma, fue un enorme asunto.

Hay una sensación general no sólo de gran incomodidad con la dirección a la que una fuerte camarilla alrededor del Papa quiere llevar a la Iglesia con relación a la doctrina moral, deshaciendo el duro trabajo de Benedicto XVI y en particular de Juan Pablo II – una camarilla en la que el Arzobispo Forte tiene una fuerte presencia – , sino también con la dureza de todo ello. Tal como el Cardenal George dirá en una entrevista que saldrá el día de mañana, parece como si hubiera una prisa desesperada por implementar un cambio irreversible que es difícil de entender – George lo identifica quizá con una visión apocalíptica de la historia. (Sin embargo, no es así: no es tan difícil de entender cuando uno se da cuenta que los clérigos ultra liberales están en una carrera contra reloj para reformar la Iglesia).

Muchos obispos se sienten sofocados por las fumarolas autoritarias, el peso de una persecución no anunciada que está poniendo nerviosos no sólo a los prelados conservadores, sino también a muchos obispos muy moderados, los cuales forman la inmensa mayoría de obispos italianos. Por cierto, una interpretación similar de la elección de los cuatros representantes para el Sínodo 2015 de la Conferencia de los Estados Unidos no es errada: la mayoría de los obispos estadounidenses se encuentran comprensiblemente alarmados. Sin mencionar a los obispos de Polonia, en total resistencia incluso a la noción de la posibilidad de comunión a los divorciados “vueltos a casar”, misma posición de los obispos de Gana al final de la asamblea de su Conferencia esta semana.

Marco Tosatti muestra sólo un ejemplo de lo que está sucediendo en las reuniones de la CEI en Asís – en medio de todo ello, el Comisionado papal que ha estado destruyendo a los Frailes Franciscanos de la Inmaculada por más de un año advirtiendo a los obispos italianos a no recibir a esos sacerdotes desesperados por salir de su dura prueba:

FFI: “Cuidado” con los fugitivos

Marco Tosatti
[Corresponsal principal en temas religiosos del diario italiano La Stampa]
Noviembre 16, 2014

Un hecho sobre el cual se hace hincapié fuera de las reuniones de la Asamblea en Asís de obispos italianos, es ciertamente secundario, pero indicativo de una atmósfera, no exactamente idílica.

El hecho es este: quien deambula entre los obispos y tomó parte en las reuniones de la Iglesia fue Fr. Fidenzio Volpi, el Comisionado Vaticano para el Instituto de los Frailes Franciscanos de la Inmaculada. La razón de su presencia no fue casual. De acuerdo a lo que ha sido reportado por fuentes de la mayor confianza, el Comisionado se acercó a veces a un obispo, posteriormente a otro, con el propósito de disuadirlos, diríamos, de recibir en su diócesis a los Frailes de la Inmaculada que no se reconocen a sí mismos en la nueva administración de la Orden, administrada por el Comisionado, pero sobre todo por su Secretario y vocero, el Padre Alfonso Bruno.

Como ya se mencionó en este espacio, así como en otros, la intervención en contra de los Franciscanos de la Inmaculada sobresale tanto por la imprecisión de sus motivaciones – en realidad, las razones concretas por las que la Congregación para los Religiosos decidió el procedimiento nunca han sido declaradas, excepto por una acusación de una tendencia “cripto-Lefebrista” – y por el grado de conflicto interno que ha causado, así como por la severidad de las reacciones, de las cuales este último episodio es otra confirmación.

Como alguien que se encuentra fuera, me pregunto porqué un religioso que no se siente capaz de continuar dentro de un Instituto debe ser forzado a quedarse, en lugar de aceptar su contribución como sacerdote dentro de una diócesis, en un momento en que las vocaciones no prosperan precisamente. Se podría decir, casi en broma, que ellos también son refugiados…. Y porqué el Comisionado Papal va a Asís a decir: ¡Cuidado! a tal o cual obispo.

¿Ya lo podemos decir? El clima que se respira hoy no parece muy bueno. [Fuente, en Italiano]

Tossatti, como corresponsal religioso general, puede percibir que la atmósfera se está volviendo insoportable. Está en lo cierto: la Iglesia Católica nunca se había sentido tanto como una dictadura. Este no es el modo como se supone debería trabajar. Incluso su doctrina está bajo presión, como si pudiera ser moldeada a cada momento y no trasmitida fielmente a cada generación. Esta sofocante atmósfera no puede seguir.

[Traducido por Ramses Gaona. Artículo original. Posteado por New Catholic]