Punto primero. Este día considera las causas que hubo para que se perdiesen las tres partes de la semilla, y las que hubo para que se lograse la cuarta y diese tan copioso fruto, que restaurase la pérdida de las tres que se perdieron. La primera parte se perdió porque cayó en el camino y la pisaron los que pasaron por él, porque se pierde la palabra de Dios en aquellos que andan en la frecuencia del pueblo y son como camino común, los cuales, como dice San Cirilo, pierden el jugo de la devoción y quedan secos y áridos en el espíritu; de manera que no da fruto en ellos la palabra de Dios. Mira cuanto te importa el recogimiento, y apártate de los concursos y frecuencia de los hombres, en los cuales pierdes el fruto espiritual de tu alma, la devoción interior, y la paz de tu espíritu, y procura en adelante retirarte y esconderte, no te impidan un bien tan grande como es el logro de las inspiraciones divinas y los avisos y consejos de su santa palabra.

Punto II. Considera que la segunda parte de la semilla se perdió porque cayó entre piedras y no tuvo jugo para crecer y dar fruto, porque como dice Beda se pierde la palabra de Dios que cae en corazones de piedra, duros y rebeldes a su voz; y si alguna vez se mueven con ella a hacer algo en servicio de Dios, a cualquier dificultad o contradicción se rinden y vuelven atrás en el bien comenzado. Entra en cuenta contigo y mira cuánta de la semilla divina se ha malogrado en ti por haber cobardeado a las contradicciones que se te han ofrecido. Persuádete que siempre has de tener por enemigo al demonio, si tienes por amigo a Dios; y que a donde quiera que fueres, te ha de hacer guerra; y que te importa la vida pelear como varón y lograr su santa palabra. Para esto es necesario que eches raíces hondas en tu corazón, para que no la arranque cualquier viento de tentación. No podrás echar estas raíces si tu corazón es de piedra y duro a su voz. Medita despacio esta verdad, y mira qué medio vas a tomar para perder la dureza, y ser blando, dócil y obediente a su palabra. Pídele a nuestro Señor que te quite el corazón de piedra y te dé uno de carne, como lo prometió a los suyos, para amarle y servirle, y ser blando y obediente a sus voces.

Punto III. Considera que la tercera parte de la semilla se perdió porque cayó entre espinas, que como explica el Salvador, significan los cuidados seculares, las riquezas, y los deleites del mundo, los cuales ahogan la semilla de la palabra de Dios. Carga el peso de la consideración sobre esta sentencia de Cristo, y contempla cómo son espinas para el espíritu, los deleites del siglo, las honras y dignidades que tanto apetecen los hombres, y tienen tanto gozo después de haberlas alcanzado. Llora el engaño en que vienen y en el que tú te hallas, estimándolas y procurándolas tan ciegamente, pues como dice San Gregorio, punzan y lastiman el alma como espinas, al paso que regalan el cuerpo. Mira cuánto más te importa tu alma que tu cuerpo, y el bien espiritual que el temporal; y toma muy a pecho arrancar de tu corazón todas estas espinas que no han dejado crecer en ti la palabra de Dios, y pídele favor y gracia para ello desde lo íntimo de tu corazón.

Punto IV. Considera cómo se logró la cuarta parte de la semilla, por haber caído en buena tierra, blanda, y retirada de los caminos y la frecuencia de los hombres, que como dice el Salvador, significa los que han recibido su palabra en un corazón bueno y óptimo, y llevan el fruto en paciencia, esperando en la misericordia de Dios. Mira cuál es tu corazón y si tiene las cualidades que debe para lograr esta divina semilla, y que fruto da y ha dado. Pídele a Dios que te dé su gracia para corregirte en adelante y lograr con gran acrecentamiento su vida divina.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Meditación
Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.