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De la última petición: mas líbranos del mal

Meditación para el jueves veintiuno

PUNTO PRIMERO. Considera que pedimos a Dios que nos libre del mal, confesando con esta petición que somos tan flacos y sin fuerzas, que si Dios no nos libra, no nos podremos librar, pues toda nuestra suficiencia, como dice el Apóstol, es de Dios y nos ha de venir de su poderosa mano: humíllate en su presencia y pídele como pobre y mendigo, que se apiade de ti y te libre de todo mal, porque no tienes fuerzas para librarte de él, y caerás en un abismo de miserias, si no te tiene de su mano.

PUNTO II. Considera que, como dice san Agustín, aquí pedimos a Dios que nos libre de todo mal, así en el que hemos caído como en el que podemos caer. Vuelve los ojos a lo pasado, y mira en qué abismos de miseria has caído y en que lodazales de pecados; y da otra vista a lo presente y mira el estado en que te hayas; y otra a lo porvenir, y considera las muchas faltas y crímenes que puedes cometer, y que todos son enemigos tuyos, que te cercan por todas partes. Clama a Dios como Jonás anegado en las aguas y sumido en el vientre de la ballena, y pídele de lo íntimo de tu corazón, que alargue la mano y te libre de todo mal: del pasado perdonándote tus culpas del, del presente, sacándote de los pecados y de las ocasiones de ellos; y del futuro, no permitiéndote caer en los lazos de Satanás.

PUNTO III. Considera que da nombre de todo mal al pecado, porque no hay cosa que merezca este nombre sino él; y como Dios nos libre del pecado, nos librará de todo mal. Pondera aquí la gravedad de este mal, que nos hace enemigos de Dios, y deshereda del cielo, y nos condena al infierno, y nos acarrea la muerte, el pesar, la tristeza y la pena sin fin; y que todos los males y penas terrenas no son males en su comparación; y así te has de consolar en cuantos te vinieren, como no caigas en pecado, ni pierdas a Dios; este es el mal de los males y el que es verdadero mal. Saca de aquí entrañable odio al pecado, y una resolución firme de morir antes que caer en él, y pedir a Dios muchas veces al día que te libre de este mal.

PUNTO IV. Considera que nos manda pedir en esta merced para todos, y no para ti sólo; porque  has de orar por ti y todos los del mundo, y suplicar a Dios que no los deje caer en tentación, sino que los libre de todo mal; esto es, de caer en pecado y en los lazos que les arma Satanás: tiende los ojos por el mundo, y contempla la inmensidad de naciones que están sumidas en el cieno de sus vicios, unos por la infidelidad de la idolatría, otros por la herejía, otros por las sectas falsas en que viven engañados; otros por la obstinación y ceguedad de su pertinencia y otros por su malicia o flaqueza, estando en la luz de la fe; clama a Dios con celo de su gloría y deseo de la salvación de tus prójimos, y pídele con instancia que les dé luz a todos, obreros y predicadores, que los saquen del cieno de sus vicios y de las tinieblas de sus pecados, y los traigan a su gracia, librándolos de todo mal.

Padre Alonso de Andrade, S.J 




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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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