Punto primero. Considera cómo Cristo vino a conquistar al mundo, a hacer guerra al infierno, y a libertar de su tiranía a los hombres, para lo cual junta sus ejércitos y los llama y convoca para esta guerra; y por los filos contrarios el demonio, oponiéndose a Cristo, forma campos y ejércitos para resistir a Cristo y oponerse a sus intentos. Mira a cuál de los dos has de seguir, pues es lance forzoso que sigas a uno solo, y no puedes a ambos. Si sigues a Cristo, has de renunciar en todo a Satanás y su milicia.

Punto II. Considera junto a Babilonia, ciudad de confusión en un monte alto y pedregoso, a Lucifer en una cátedra de fuego, humo, nieblas y oscuridad, con su bandera en la mano, y a todos los ministros en su presencia, a los cuales hace un razonamiento con grandes voces y orgullo, ordenándoles y persuadiéndoles que vayan por el mundo y pongan lazos a los hombres, cebándolos con riquezas, honras y deleites para hacerlos caer en vicios y despeñarlos por este medio en el infierno. Pondera aquí qué usa de cátedra y bandera porque no hay honra que no afecte y, quiere hacer a todas manos; y no hay medio que no intente para nuestra perdición. Está en un monte por su soberbia, pedregoso por su dureza y sequedad y por la esterilidad de todo buen deseo y pensamiento, y echando fuego por su crueldad, y humo por la oscuridad que causa en las almas de quien se apodera. Rumia esta verdad y conocerás por ella las cualidades de mal espíritu para que no te engañen sus astucias ni caigas en sus lazos.

Punto III. Considera en el campo Damasceno o en el de Jerusalén, que es ciudad de paz, a Cristo nuestro Señor, en un valle humilde, pero florido y ameno con una bandera blanca en la mano, y a los ángeles y discípulos suyos en su presencia, a los cuales con su voz mansa y rostro sereno, exhorta a que vayan por el mundo y prediquen a todos los hombres el camino verdadero de la vida, exhortándolos a la pobreza y desprecio de la hacienda, y a la mortificación, dando de mano a los deleites sensuales. También les exhorta a la humildad, despreciando las honras de este siglo por adquirir las eternas. Y así, el camino de la vida, está en estas tres virtudes: pobreza, mortificación, y humildad; por otro lado, el camino de la muerte, está en los vicios contrarios, codicia desordenada, deleites sensuales, y soberbia. Pondera todo lo dicho, y en especial la humildad y mansedumbre de Cristo y sus palabras y consejos, y pide a Dios que te dé luz para conocer su voz, y su espíritu para seguirle y obedecerle en todo.

Punto IV. Medita los razonamientos de ambos capitanes, los intentos que tienen, el fin de sus empresas, y el premio de sus victorias. Óyelos a ambos y mira a cuál has seguido hasta aquí, y a cuál debes seguir en adelante. Oye las voces que te da Dios para que lo sigas y a los ángeles y ministros que te ha enviado, te han hablado de su parte, y te hablan cada día, y no te hagas sordo a sus voces; mas resuélvete con fervor a seguirle y servirle el breve tiempo de esta vida, dando de mano todo lo que el mundo adora, para que después merezcas gozar de su corona en el reino de gloria.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Meditación
Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.