Dije en mi primer artículo que la intención era, primordialmente, aportar claridad, en estas épocas de confusión, desde la luz que proyecta la obra del Padre Leonardo Castellani. No es el propósito poner bajo examen el papado de S.S. Francisco –menos aún criticar a Maradona-, sino rescatar pinceladas de la obra del jesuita argentino que, con su genio, abarcó todas las facetas y lo constituyó un escritor inclasificable. Por supuesto que muchas de las citas de este autor –y de otros que vengan al caso- harán ineludible referencia a temas actuales. El don profético de Castellani fue una de las características más asombrosas. La mayoría de sus cosas parecen escritas ayer.

El protagonismo del Cardenal Kasper en el Sínodo recientemente concluido nos permite traer un texto de Leonardo Castellani de 1967. Hace referencia a un artículo de Karl Rahner en la revista de teología “Concilium”, muy en boga en la década del ´60 y frecuentada por los más importantes teólogos del CV II, como Yves Congar, Hans Küng, Edward Schillebeeckx y hasta el mismísimo Josep Ratzinger –quien luego se distanciaría del pensamiento de Rahner-.

No se puede ignorar la tremenda influencia de la teología de Rahner sobre los padres conciliares y del episcopado alemán sobre el Concilio Ecuménico. Kasper es tributario de la Nueva Teología de Rahner, que Castellani pone al descubierto hace casi cincuenta años –en plena primavera pos conciliar- y que ayudan a entender el desarrollo de los acontecimientos.

Dice Castellani: “…He leído el N°23 de una revista teológica “CONCILIUM” que sale en 4 o 5 idiomas, español incluso, dirigida por Rahner, un teólogo muy agudo no muy seguro, dedicada toda ella (200 páginas) al problema del ateísmo. Dicen que el ateísmo es un fenómeno actual, que debemos analizar el ateísmo, que la Iglesia debe convertir a los ateos, que hay que buscar un camino nuevo hacia los ateos –todo lo cual es verdad. Pero dicen que también que muchos ateos son inculpables, lo cual negaba la antigua teología; que gran parte del ateísmo la tenemos los católicos romanos, lo cual es cargarnos demasiado la romana; que hay que establecer un diálogo con los ateos, por el cual diálogo alguno destos teologazos ya han sido arrollados o contaminados. Todo eso lo refieren al Concilio, pero confesando que el Concilio no lo dijo. Lo que dijo el Concilio es que hay ateos culpables; y puede haber, por excepción, ateos inculpables; y pare Ud de contar. Pero esa cuestión de si Ateo Fulano tiene culpa o no, pertenece a Dios, que es el único que penetra en el fondo de los corazones; para nosotros es una cuestión ociosa. Lo que nosotros sabemos cierto es que el ateísmo en sí mismo es un tremendo pecado contra Dios, un pecado de impiedad, el peor que se puede cometer; y que el hecho de que cunda hoy en día es un hecho del Diablo, y no un hecho de la Ciencia, o la Civilización Moderna, o nosotros los católicos. Estas pueden ser causas incidentales, pero nunca la causa principal. Si vemos que un tipo mata a otro, podemos pensar que quizá no tiene culpa ante Dios; pero el homicidio queda homicidio.

Al salir de los intrincadísimos análisis y los intrincadísimos remedios de la última palabra de la Nueva Teología que es esta revista “CONCILIUM”, lo que se nota más fuerte que un dedo en el ojo es que:

1°No recuerdan nunca la Gran Apostasía.

2°No tienen en cuenta la Segunda Venida.

3°Tienen como un dogma inconcuso que la Iglesia y el Mundo tienen que ir adelante, ir adelante, ir adelante siempre, lo menos durante 17 millones de años; y eso no solamente es un error en la fe sino un disparate ante la razón. No valía la pena sustituir la esperanza en la Parusía, que es un dogma de fe, por semejante macanazo…”(“Domingueras Prédicas”, Homilía sobre la Parábola del Convite Regio -1967-, Ediciones Jauja, Mendoza 1997, ps.266/267).

Las expresiones de conspicuos participantes, al concluir el Sínodo, mencionan que fue “una etapa del camino”, que hay que “continuar la reflexión y el debate” sobre los temas controvertidos, “intensificar el acompañamiento pastoral”, “profundizar el diálogo”, que “el tiempo es superior al espacio” y un montón de frases vacuas, pero que trasuntan esta idea subyacente que la Iglesia y el mundo nunca acabarán, y que ellos son pastores que guían al pueblo de Dios en un camino sin final.

Cabe preguntarse, con Castellani, Cristo ¿vuelve o no vuelve?

Hildebrando Tittarelli