Los mártires católicos de Tyburn

Entre tantos lugares del mundo en los que se adora día y noche al Santísimo Sacramento, hay uno que posee un significado muy especial, pues evoca una página trágica de la historia de la Iglesia: el convento de Tyburn, en el centro de Londres. A pocos pasos de donde actualmente se encuentra el   Arco de Triunfo de Mármol.

Popularmente se conocía como árbol de Tyburn al enorme patíbulo que se encontraba en ese lugar. No era un árbol propiamente dicho. Se trataba más bien de un sólido armazón de madera de forma triangular. Tres palos verticales sostenían otras tantas vigas horizontales. Este peculiar diseño permitía ejecutar a varios reos simultáneamente, siendo ese el principal lugar donde se llevaban a cabo las ejecuciones hasta 1783.

Entre 1535 y 1681 el mencionado patíbulo fue escenario de la muerte de más de un centenar de mártires católicos junto con muchos otros fieles aún no reconocidos oficialmente por la Iglesia.

La persecución se desató en 1534, cuando mediante el Acta de Supremacía, Enrique VIII se proclamó cabeza suprema de la Iglesia en Inglaterra rompiendo con Roma tras la negativa del Papa a anular su matrimonio con Catalina de Aragón.

Quien se negase a reconocer la nueva autoridad religiosa era reo de muerte por alta traición. Así comenzó el cisma anglicano.

Las primeras víctimas fueron San Juan Fisher, obispo de Rochester, y el Lord Canciller, Santo Tomás Moro. Ambos fueron decapitados en la colina contigua a la Torre de Londres en 1535. Si bien no fueron ajusticiados en Tyburn, el clima de persecución en que se los condenó era el mismo que más tarde señalaría el destino de numerosos mártires ahorcados y descuartizados en el Árbol de Tyburn.

Durante el reinado de Isabel I se intensificó la represión anticatólica. Entre los mártires más destacados de Tyburn podemos citar al jesuita Edmundo Campion, condenado en 1581, y sus compañeros de orden Robert Southwell y Henry Walpole, en 1595.

Junto a ellos, nos gustaría recordar a dos laicos menos conocidos igualmente dignos de veneración.

El 25 de febrero de 1570 San Pío V firmó y promulgó en un consistorio la bula Regnans in excelsis, por la cual excomulgaba a la reina Isabel I, declarando que había perdido su pretendido derecho a ostentar la corona inglesa. Sus súbditos quedaban eximidos del juramento de fidelidad a ella, y no podían obedecerla so pena de excomunión. El Papa invocaba el magisterio de los grandes pontífices medievales, así como de Pablo III, que en 1535 había destituido del reino al monarca Enrique VIII, y el de Clemente VIII, que lo había excomulgado.

Isabel trató por todos los medios de impedir que la bula se introdujera y diese a conocer en territorio inglés, pero en la noche del 25 de marzo de 1570 un caballero de Southwark llamado John Felton clavó una copia en la puerta de la residencia del obispo cismático de Londres, junto a la catedral anglicana de San Pablo.

A la mañana siguiente la noticia se difundió entre la población londinense, que se congregó entusiasmada ante el palacio episcopal. Isabel montó en cólera y ordenó el uso de la tortura para descubrir al temerario que había osado publicarla. En vez de huir, Felton reivindicó el honor de la acción, y declaró que ya circulaban numerosos ejemplares entre los fieles de Londres. El 4 de agosto fue conducido ante el tribunal, donde negó públicamente la supremacía espiritual de Isabel, y manifestó que estaba dispuesto a morir por la fe católica. Seguidamente, para demostrar que no albergaba el menor odio personal a la soberana, se quitó un anillo que llevaba engastado un diamante de gran valor y pidió que se lo entregasen a la Reina. Fue ahorcado y descuartizado el 8 de agosto de 1570 y, según atestiguó su hija Francisca, mientras el verdugo estrujaba en su mano el corazón que acaba de arrancarle del pecho, aún se lo oyó invocar un par de veces más el nombre de Jesús. Juan Felton fue beatificado por León XIII el 29 de diciembre de 1886. Su hijo Thomas se ordenó sacerdote y padeció el mismo suplicio en 1588.

Siguió a su martirio el de John Story, anciano jurista y catedrático de derecho en Oxford, que había sido diputado en el Parlamento en los últimos años de Enrique VIII. Tras ser encarcelado por primera vez entre 1548 y 1549, se refugió en Lovaina, pero cuando María Tudor subió al trono regresó a Inglaterra y fue nombrado prelado de las diócesis de Oxford y Londres. Nuevamente encarcelado al comienzo del reinado de Isabel, consiguió escapar y recaló una vez más en Flandes, donde adquirió la nacionalidad española colocándose bajo la protección de Felipe II. En el verano de 1570, víctima de un ardid, abordó un navío inglés. Lo encadenaron, lo llevaron a la capital inglesa y fue recluido en la Torre de Londres. Condenado a muerte, fue descuartizado en Tyburn el 26 de mayo de 1571. León XIII lo beatificó en 1886.

El suplicio de Story fue semejante al de Felton y al de tantos católicos que fueron ahorcados, eviscerados y descuartizados en Tyburn. El reo era llevado en una carreta al cadalso, se lo desnudaba y se lo colgaba con las manos atadas de forma que no se le quebrase el cuello. Antes de que le sobreviniera la muerte, se lo colocaba sobre una mesa, terriblemente mutilado pero todavía vivo y consciente. Junta a la mesa había un brasero en el que se echaban todos los pedazos del ajusticiado para quemarlos ante los ojos de éste. Aún vivo, se le extraían todas las vísceras, tras lo cual el verdugo le cortaba la cabeza y procedía finalmente a descuartizar el cuerpo. Con un hacha, lo dividía en cuatro partes, primero en sentido vertical y luego horizontal, en otras dos mitades. Los cuatro pedazos eran suspendidos en otros tantos lugares de la ciudad. Así murieron numerosos mártires ingleses bajo el reinado de la sanguinaria Isabel I.

El último católico ejecutado en Tyburn fue Oliver Plunkett, arzobispo de Armagh (Irlanda), víctima de acusaciones infundadas. En 1901, una orden monástica de monjas benedictinas exiliadas de Francia, las Adoratrices del Sagrado Corazón de Jesús de Montmartre, adquirió el terreno sobre el que se alzaba el patíbulo de Tyburn. En aquel lugar que había conocido tanta efusión de sangre, instituyeron la adoración perpetua del Santísimo Sacramento, devoción que sigue siendo central en el Londres católico. El patíbulo fue reemplazado por un altar en el que adora a Dios, verdad infinita y suma justicia

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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