Alguien comentó acerca de los principales candidatos a la presidencia actuales, “Parece ser una elección entre seis pecados capitales por un lado y por el otro media docena…”

Ciertamente el ciclo electoral actual decepciona a cualquiera que esté buscando a un candidato con virtud personal. Usualmente los investigadores cavan profundo para encontrar escándalos ocultos y el cadáver en el armario. Estos días los investigadores cavan profundo para encontrar alguna evidencia no de vicio, sino de virtud.

Lo atemorizante de los candidatos que no son personalmente virtuosos es que todo vicio termina en violencia. Consideren los siete pecados capitales y cómo es que son mortales.

De una forma u otra, si el vicio continúa termina en violencia, y de la violencia sigue la muerte.

Tomen la soberbia por ejemplo: La soberbia es soberbia porque una persona piensa que ella misma es mejor que otra. La soberbia no sólo nos quiere hacer ganar. Nos quiere hacer derrotar al otro. La soberbia no sólo nos pone arriba, sino encima -sobre otros que son inferiores a nosotros. No hay soberbia a menos que haya alguien a quién presumirla, y a los únicos a quienes la presumimos es a aquellos que estimamos como nuestros inferiores, y sólo basta un pequeño empujón para que la soberbia se torne en violencia. Sólo deja que la persona de arriba tenga su posición amenazada y volteará y gruñirá como un animal acorralado -incluso si lo hace con una dulce sonrisa de superioridad y una puñalada en la espalda- de tal forma que pueda continuar considerándose virtuoso.

La envidia lleva a la violencia. Es fácil de ver. Cuando envidio a otro mataré su reputación, lo derrumbaré para que no pueda ser más grande que yo, lo destruiré por ser superior, y ¿ha de terminar en violencia real, física? El infierno tiene la furia de una mujer despechada. Deja a alguien que tenga lo que fue nuestro o que pensamos que es nuestro y planearemos destruirlos.

La ira es la violencia suprimida. Retira la tapa y el iracundo asesinará.

La codicia es violencia económica y un tipo de robo. El codicioso toma del pobre y ni lo piensa -más aún, frecuentemente se piensan listos por hacerlo (especialmente si pueden conspirar para cambiar la ley y hacer su robo legal). Sólo se requiere de un pequeño paso para el codicioso volverse violento. Deja que el codicioso piense que su riqueza y estatus están amenazados y ellos matarán por defenderlo.

¿La lujuria lleva a la violencia? Parece tan inofensiva -un poco de diversión en la cama. Un poco de palmadas y cosquillas, un poco de risillas y jadeos. ¿Dónde estaría la violencia en la lujuria? Mira al Marqués de Sade y ve a dónde la lujuria desenfrenada te conduce. A la cámara de azotes, a la tortura y violación y a las escenas enfermizas del sadomasoquismo. El sexo ordinario pierde su brillo y así la necesidad de excitación y emoción y sensaciones físicas reclaman. Mira lo que pasa cuando el objeto sexual ya no es más deseado y la chica o el muchacho son abandonados, o peor -asesinados así no dirán qué es lo que ocurrió y luego lanzados a una zanja, y no olvides el resultado violento más común de la lujuria: el aborto – el asesinato intencional de un niño inocente y vulnerable.

¿Es el glotón violento? ¿Que un comelón gordo y jovial sea violento? Él es violento contra sí mismo. Su dios es su estómago y si ha de ser privado de su adicción se vuelve primero hosco, luego violento, y no olvides que la gula es el pecado de todas las adicciones. Las adicciones más feroces a la bebida y a las drogas engendran violencia todos los días.

Incluso el perezoso es violento, porque es violento contra la vida misma. El perezoso es perezoso no porque sea ocioso, sino porque piensa que no hay nada de valor por lo que levantarse. El perezoso enferma. Mata la alegría, la creatividad y desprecia todas las cosas buenas. La pereza es un tipo de desesperación que mata la plenitud de la vida.

Durante la Cuaresma no miremos únicamente a los candidatos presidenciales. Miremos al espejo y pidamos misericordia primero para vernos tal como somos… con pecados mortales y todo… y luego por la misericordia para ser perdonados y dejar los pecados atrás y abrazar la plenitud de la vida.

Fr. Dwight Longenecker

[Traducido por Denis Robertson. Artículo original.]

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