ADELANTE LA FE

YA HAY UN CISMA en la Iglesia (Mons. Schneider)

El obispo Athanasius Schneider, apologeta de la fe católica reconocido internacionalmente, admite que ya estamos viviendo un extraño cisma en un parte del clero que profesa la unión con el Papa pero ha quebrado su unión con Jesucristo, la Verdad, y con Jesucristo, la verdadera Cabeza de la Iglesia. El obispo Schneider realizó estos comentarios en una entrevista reciente con la estación de televisión francesa por internet TV Libertes el pasado 4 de diciembre.

Habiendo respondido a la pregunta sobre qué podría pasar si la dubia presentada por los cuatro cardenales permanece sin respuesta, le preguntaron al Obispo Schneider si hay riesgo de cisma en caso de continuar el silencio por parte del Papa. El obispo Schneider respondió:

No solo hay riesgo de cisma sino que ya existe un cierto tipo de cisma en la Iglesia. En griego, cisma significa separarse de la totalidad del Cuerpo. Jesucristo es la totalidad del Cuerpo de la Verdad Divina, y la unidad en Su cuerpo sobrenatural es también visible. Pero hoy estamos viendo una extraña forma de cisma. Externamente, numerosos eclesiásticos salvaguardan la unidad formal con el Papa, a veces por el bien de sus carreras o por una especie de papolatría. Y al mismo tiempo quebraron su unión con Jesucristo, la Verdad, y con Jesucristo la verdadera Cabeza de la Iglesia.

Por otro lado, hay eclesiásticos denunciados como cismáticos a pesar de que conservan la paz canónica con el Papa y siguen siendo fieles a Jesucristo, la Verdad, promoviendo Su Evangelio con diligencia.

Es evidente que los que de verdad son cismáticos interiormente, en relación a Jesucristo, utilizan la calumnia con el propósito de silenciar la voz de la verdad, proyectando absurdamente su propio estado de cisma interior en aquellos eclesiásticos que, indiferentes al halago o el vapuleo, defienden las verdades divinas.

De hecho, tal como dicen las escrituras, la palabra de la Verdad Divina no está encadenada. Incluso si un número de oficiales con altos cargos en la Iglesia de hoy oscurecen la verdad de la doctrina sobre el matrimonio y su disciplina inmutable, esta doctrina y disciplina se mantendrán siempre inalterables en la Iglesia dado que la Iglesia no es una fundación humana, sino divina.”

Al comienzo de la entrevista, el Obispo Schneider explicó la naturaleza de las creencias cismáticas impuestas en la Iglesia a través de ciertos eclesiásticos:

“Antes que nada, mi cuestionamiento de Amoris Laetitia concierne el asunto concreto de admitir a los divorciados vueltos a casar a la sagrada comunión. De hecho, durante los últimos dos sínodos sobre la familia, y luego de la publicación de Amoris Laetitia hubo, y continúa habiendo, una ardua y tempestuosa lucha sobre este asunto concreto.

Todos estos eclesiásticos quieren otro evangelio, es decir un evangelio con derecho al divorcio, un evangelio de libertad sexual — en resumen, un evangelio sin el sexto mandamiento de Dios. Estos eclesiásticos utilizan todo tipo de medios malvados, es decir trampas, decepción, retórica y dialéctica maestras, e inclusive la táctica de la intimidación y la violencia moral, para conseguir su objetivo de admitir a los divorciados vueltos a casar a la sagrada comunión, sin la condición tradicional de vivir en perfecta continencia, condición requerida por la ley divina.

Una vez alcanzado el objetivo, si bien limitado a los llamados casos excepcionales de discernimiento, queda abierta la puerta para introducir el evangelio del divorcio, el evangelio sin el sexto mandamiento. Y este ya no será el Evangelio de Jesucristo, sino un anti-evangelio, un evangelio según el mundo, aunque a dicho evangelio lo embellezcan con palabras tales como “misericordia”, “solicitud maternal”, o “acompañamiento”.

En este contexto, debemos recordar una exhortación apostólica de San Pablo que dijo, “Pero, aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema.” (Gálatas 1:8).”

En respuesta a la pregunta si había sucedido algo así antes en la Iglesia, el obispo Schneider respondió:

“En cuanto a la doctrina y la práctica relacionada con el sacramento del matrimonio y la inmutable validez de la ley moral, estamos siendo testigos en nuestro tiempo de una ambigüedad de tal alcance, comparable solo con la confusión general de la crisis arriana del siglo VI.”

Ante la pregunta de qué podría suceder si la dubia presentada permaneciera sin respuesta por parte del papa Francisco, el Obispo Schneider respondió:

“La principal responsabilidad del Papa está establecida por Nuestro Señor de forma divina, y consiste en confirmar a los hermanos en la fe. El confirmar en la fe significa disipar dudas y traer claridad. Solo el servicio de clarificar la fe genera unidad en la Iglesia y es la primera e ineludible responsabilidad del Papa.

Si en las actuales circunstancias el Papa no cumple su tarea, los obispos deberán predicar indefectiblemente el evangelio inmutable sobre la doctrina divina de la moralidad y la disciplina perenne del matrimonio. Incluso procediendo fraternalmente de estar manera para ayudar al Papa, porque el Papa no es un dictador. Y de hecho, Jesucristo dijo, “Los jefes de los pueblos, como sabéis, les hacen sentir su dominación, y los grandes sus poder. No será así entre vosotros, sino al contrario: entre vosotros el que quiera ser grande se hará el servidor vuestro, y el que quiera ser el primero de vosotros ha de hacerse vuestro esclavo.” (Mateo 20:25-27).

Más aún, toda la Iglesia debe rezar por el Papa, para que encuentre la sabiduría y el coraje para cumplir con su responsabilidad primaria. Cuando San Pedro, el primer Papa, fue encarcelado, toda la Iglesia rezó sin cesar por él y Dios lo liberó de sus cadenas.”

Al comienzo de su entrevista, el obispo Schneider señaló que el papa Francisco ha dejado claro que Amoris Laetitia no es parte del Magisterio:

“El valor magisterial de la exhortación apostólica Amoris Laetitia está determinado por la intención de su autor, el papa Francisco, quien expresó con afirmaciones claras, por ejemplo la que cito a continuación: “quiero reafirmar que no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales.” (AL 3). Estas son las palabras del Papa.

Según el Vaticano II, la función propia de un acto magisterial consiste en, cito: “Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, la sirve en cuanto que por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca lo que propone que se debe creer como divinamente revelado.”(Dei Verbum, 10).

Con sus palabras, el papa Francisco ha dejado en claro que no tenía la intención de postular su propia enseñanza magisterial.  Según el papa Francisco, el objetivo de Amoris Laetitia era crear una situación para discusiones doctrinales, morales y pastorales, y que estas discusiones no necesitan resolverse con el Magisterio.”

Comentario

El cisma es un pecado mortal contra la fe de la Iglesia que el Catecismo de la Iglesia Católica describe como quebrando el primero de los diez mandamientos, “Adorarás al Señor tu Dios y solo a él servirás.” Estamos obligados a nutrir y proteger, con prudencia y vigilancia, la fe heredada de los apóstoles y el regalo individual de la fe entregado a nosotros por gracia de Dios. Debemos hacer todo lo que esté en nuestro alcance, con asistencia del Espíritu Santo, para rechazar todo cuando se oponga a la fe.

Tal como advierte el obispo Schneider, un número indeterminado de eclesiásticos vive en un estado de cisma interior contra la verdad divina de Jesucristo, y están utilizando medios malvados para esconder la realidad de su cisma, incluyendo la táctica de la intimidación y la violencia moral. Para justificar su cisma, estos eclesiásticos también intentan proyectar la acusación del cisma contra el clero, como los cuatro cardenales que con prudencia y seriedad buscan proteger la fe. Los insultos personales y ataques dirigidos a los cardenales que presentaron la dubia indican la verdad sobre quiénes son los verdaderos cismáticos, dado que el cisma es un pecado contra la caridad.

Como comenta Santo Tomás de Aquino, “el cisma se opone a la unidad de la caridad eclesial.”

(Traducido por Marilina Manteiga. Fuente: EWTN GB. y OnePeterFive).