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No pueden ser creyentes quienes recomiendan esto

Los veo prepararse para acercarse a comulgar. Ponen una mirada piadosa y obediente, obediente a quienes les indican un día sí y otro también cómo deben hacerlo.

¿Son recomendaciones espirituales las que les dirige el sacerdote justo antes de que se acerquen a comulgar?

No.

Son recomendaciones, pretextan, sanitarias. 

Y los fieles obedecen.

Veo cómo sacan de sus bolsos o bolsillos frascos de gel hidroalcohólico.

Veo cómo se empapan las manos con ese gel.

Veo cómo se acercan al sacerdote frotándose las manos y extendiéndolo bien sobre ellas.

Veo cómo, llegados ante el sacerdote, extienden una mano apoyada en la otra – las instrucciones que han recibido para hacer esto son así de precisas – y veo cómo el Cuerpo de Cristo cae blandamente desde la mano del sacerdote, que sonríe con satisfacción al ver con qué fidelidad se están ejecutando sus instrucciones, sobre la mano con gel hidroalcohólico maloliente que aún está recién vertido sobre ella, del comulgante.

El sacerdote ya no anuncia a cada uno que le entrega el  Cuerpo de Cristo. Ya lo dijo antes para todos. Un cambio que explica muchas cosas.

Ahora, el Cuerpo de Cristo es para todos, se acerquen como se acerquen a recibirlo, mientras cada uno cumpla con la condición esencial e indispensable para que les sea entregado.

¿Estar en estado de gracia?

No.

Extender la mano para recibirlo en la que se vea cómo brilla el asqueroso gel hidroalcohólico.

El Cuerpo de Cristo también queda, como la mano del comulgante y en la mano de éste, impregnado de ese gel.

Ante tal falta de respeto a Nuestro Señor Jesucristo, ¿podremos estar seguros de que quienes recomiendan esta práctica creen con fe auténtica que Nuestro Señor está verdaderamente en lo que entregan?

Ángel Moraleda García de los Huertos

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