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“Pablito”

Estimado sì sì no no,

ayer a última hora de la tarde me llega una llamada al teléfono móvil: “Hola, soy Pablito, ¿me puedes escuchar un momento?”. Escarbo en la memoria para saber, para recordar quién es… Eso es, me viene: es un muchacho de 16 años, muy vivo, que he visto 3 ó 4 veces y le he oído tocar el órgano en su parroquia, no lejos de la mía. Le respondo: “Sí, te escucho cuanto quieras. Dime…”.

Pablito se presenta: “He leído esta mañana un escrito tuyo. Hablas de Jesús de manera encantadora. Querría hablar de Él contigo. Aquí no hay nadie que me hable de él. Tu artículo venía ilustrado con un rostro bellísimo de Jesús Crucificado. Me he conmovido, se me ha calentado el corazón porque soy un muchacho caluroso. No te digo lo que te he escrito en la carta que te he mandado, será para ti una sorpresa, quizá te guste”.

Silencio. Vuelve a hablar: “Estoy un poco desanimado porque discuto a menudo con gente de mi edad y también con señoras que pueden ser mis abuelas. Por otro lado, es imposible no discutir. Muchos de mis coetáneos dicen un diccionario entero de palabrotas, dicen palabras obscenas, peor todavía, ¡blasfeman sin parar! Estoy furioso porque no pueden ofender así a nuestro Dios ni siquiera a Jesús y a la Virgen. Sí, no puedo soportarlo y cuando los oigo, los reprendo ásperamente… En cuanto a las señoras abuelas, estoy todavía más furioso, porque hablan en la iglesia, incluso durante la S. Misa, no digamos antes o después de la S. Misa, cuando hacen el corrillo. Que Jesús esté en el Sagrario no les importa y quizá ni siquiera lo saben. Está el Crucifijo sobre el altar, la Eucaristía es Jesús inmolado… y esos blasfeman, las mujeres hablan de tonterías. ¿Cómo puedo callarme? ¿Debo hablar con fuerza y defender a Jesús?”.

“Pablito – le digo – si te expresas así, es porque amas a Jesús, quieres ser su amigo, su testigo, quieres honrarlo. Hoy es muy olvidado, ofendido, ultrajado por la mayoría. Entonces, ¿sabes qué te digo? Conoce cada vez más a Jesús, crece en el amor por Él, sé siempre limpio, puro, generoso por Él. Sé diferente de tus compañeros, sé tú mismo, ten el estilo de Jesús. Intenta reprenderles con buenas maneras, y si luego no te escuchan, déjalos en su caldo, no te juntes con compañeros así a costa de estar solo, ¡solo con Jesús solo!”.

“Pero ¿por qué tanto odio contra Dios hasta insultarLe, por qué tantas burlas contra el mismo Jesús que ha muerto por nosotros en la cruz?”. “Porque el hombre, sobre todo hoy, piensa que es libre sin Dios, sin Jesucristo, quiere hacer las cosas solo a costa de acabar en el abismo. Nosotros, sus amigos, debemos tener el valor de quien combate la buena batalla, de ir contracorriente. Es fácil ir en bici, siguiendo el viento… difícil pero bellísimo ir en bici con el viento en contra… y alcanzar la cima. ¿Te parece bien?”.

Me responde Pablito: “Me parece bien, lo comparto. Pero yo soy muy joven, tengo que aprender muchas cosas sobre la vida, sobre Jesús, que es el sentido de la vida. Tú sabes muchas cosas sobre Él. Tú amas a la juventud. Más adelante vendré a verte, te llamaré por la noche al teléfono móvil para hacerte preguntas sobre Él, sobre mi vida cristiana, sobre la Fe. ¿Aceptas? ¡No sé con quién hacerlo! No hay nadie que escuche de verdad a los jóvenes en las cosas que necesitamos”.

“Claro que acepto, Pablito. Ven, llámame cuando quieras. Apártate de tus malos compañeros, búscate algún muchacho bueno y amable como amigo, que sea amigo de Jesús. Ora, pide a la Virgen que guarde tu fe, tu rectitud, tu oración. ¿Entendido?”.

“Sí, entendido, de acuerdo. Hasta pronto. Pero tengo en la mente aquellas feas blasfemias que he escuchado, que escucho. Me estaré solo. Entre tanto, por esto, como reparación, me despido de ti así: Alabado sea Jesucristo, sí, alabado sea Jesucristo”.

Tengo otro amigo en Cristo. Muchos tienen que aprender de Pablito, 16 años, 3º año de Instituto Técnico, muchos “don” y mons.”, quizá alguno también más arriba en “el de Sta. Marta”. “Alabado sea Jesucristo”, estimado sì sì no no.

Candidus

(Traducido por Marianus el eremita)

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