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Participación Activa: ‘Actuosa’ y subvirtiendo la Ley de la Oración

Permítanos considerar un intrigante dilema que ha ocupado las mentes de todos los participantes en el Movimiento Liturgico desde su principio: el novedoso principio de la participación activa (participatio actuosa) con el que la Constitución sobre la Liturgia del Vaticano II ha promovido como “el objetivo a lograr, antes de cualquier otra cosa”. Todo empezó con la acusación de Dom Lambert Beauduin de que los fieles eran “espectadores tontos y ociosos” quienes necesitaban ser despertados de su letargo y hacerlos participar activamente en la liturgia. Esa fue la primera falsa suposición en la que el requerimiento de participación activa estaba fundado. Sin embargo, los católicos hemos, por siglos, ya participado completamente en la Misa con un gran beneficio espiritual a través de la oración silenciosa y la meditación en el Santo Sacrificio. Fue un método que produjo incontables santos y grandes frutos en muchas vocaciones al sacerdocio.  

Todo eso cambió cuando una nueva “virtud”—participación activa—fue promovida e insertada en todo. Las prioridades del Movimiento Litúrgico eran despejar las cubiertas de todos los elementos que impidieran la participación activa de la asamblea, de forma que no diesen respiro a la vida devocional de los fieles para no  obstruir su objetivo.   

Pero esas devociones aprobadas eran también un elemento indispensable de la espiritualidad católica y no podían ser eliminadas o debilitadas sin negar al laicado su libertad natural de practicarlas silenciosamente durante la Misa.

La segunda falsa suposición es que la expresión actuosa (activa) venía del Papa San Pio X.  Pero… ¿dónde está el documento que la contiene? Dejados todos los datos apócrifos y reclamos imaginarios de lado,  si examinamos los principales documentos litúrgicos emitidos por San Pio X, anteriores a su pontificado—y todos están incluídos en mi libro—un hecho se impone por sí solo: la participación activa del laicado nunca fue parte de su léxico.  Esto no sorprende, ya que el Papa seguía las prescripciones del Concilio de Trento, que tampoco la mencionan y tampoco ningún otro Papa antes de él.

Cuando San Pio X emitió en 1903 su motu proprio sobre música sacra, fue publicado en italiano [1] y Latín [2]. (Incidentalmente, no hay versión oficial en inglés.) El latín es sencillo: el Papa menciona que los fieles adquieren el espiritu Cristiano de su fuente primaria “quae est participatio divinorum mysteriorum” (la cual es su participación en los Misterios Divinos). Hasta ahora, tan tradicional. Pero la versión italiana dice que puede ser alcanzada solamente por su “partecipazione attiva” (participación activa), enfatizando que es “indispensabile” (indispensable).

Como el documento en latín es la única versión que tiene el estatus autoritativo para transmitir con certeza lo que el Papa quería decir, podemos ver que San Pio X a propósito no usó ningún equivalente para attiva,  por ejemplo la expresión  actuosa, que es comúnmente atribuida a él. La razón para esta omisión es obvia, pero solo para quienes conocen el significado de actuosa.

¿Qué significa realmente actuosa?

La primera cosa que nos golpea es la inhabilidad de los liturgistas de ponerse de acuerdo en lo que significa actuosa en el contexto de la participación de los laicos en la liturgia.  Aún en el siglo XXI la búsqueda continua y el verdadero significado de la palabra ha eludido su comprensión. Podemos concluir, por lo tanto, que los que han promulgado la reforma, en el sentido más literal de la palabra, no saben de lo que están hablando. Eso, de todas formas, no los ha detenido en ponerle su propia interpretación.

Para encontrar el verdadero significado de actuosa, el único método fiable para acabar con la disputa es verificar su etimología.  Eso nos mostrará cómo hemos llegado a su uso presente, que es el mejor indicador de lo que significa hoy en día. Como era de esperar, el término latino no ha cambiado su uso desde su antiguedad clásica. Significó lo mismo para Séneca que para Cicerón, tal como lo fue para San Agustin y otros. Etimológicamente, actuosa abarca toda forma de actividad de la clase más energética, incluyendo especificamente el baile y presentaciones teatrales. Además, siempre ha sido usada en contraste directo de su antónimo otiosus, el cual indica un estado conductivo a la contemplación—el cual es la forma apropiada de la participación laica en la liturgia.

Progresistas 1, Conservadores 0

Esto nos lleva a una curiosa anomalía que puede ser observada entre los líderes más “conservadores” (pero definitivamente no tradicionales) de la Iglesia moderna, quienes rechazan ejecuciones vodevilescas en la liturgia como un ejemplo de la verdadera participatio actuosa. Pero, por el contrario, ese es el resultado lógico consistente con el significado de actuosa. Lo verdaderamente absurdo yace en objetar dichas pantomimas mientras se alienta el llamado del Vaticano II para una liturgia “inculturada” basada en la participatio actuosa.

¡Qué irónico, entonces, que aquellos que han introducido en la liturgia elementos del mundo del entretenimiento tales como payasos, chistes, marionetas y chicas bailarinas retozando alrededor del santuario están alineados con el verdadero significado de participatio actuosa, mientras que aquellos que critican esas actividades como “abusos” lo han malentendido y por lo tanto están equivocados!

Sin embargo, los líderes liturgicos más conservadores y sus seguidores están tratando de cuadrar el círculo epistemiológico manteniendo que actuosa quiere decir “actual” más que activa, mientras que otros alegan que significa “sincera, desde el corazón”.  Es obvio que tratan de reconciliar su falso reclamo con la evidencia semántica que lo contradice.  Se vea como se vea, el auténtico significado de actuosa siempre indicará vigorosa actividad constante y no admite ninguna otra interpretación. 

Antes que admitir que la reforma litúrgica fue un error y que el concepto de participación activa es fundamentalmente defectuoso, papas sucesivos y cabezas de la Congregación del Culto Divino alegan que los “abusos” han arruinado los principios en los que originalmente se fundamentaba. En otras palabras, habiendo desatado la carrera de esta liebre salvaje, la Santa Sede trata de pretender que no es responsable de las consecuencias.

La paradoja central

Así que ellos están bien y verdaderamente atascados en un dilema de su propia fabricación: ¿cómo puede hacerse una distinción entre participacion activa y “abusos litúrgicos” cuando la participación activa misma es el medio clave por el que los “abusos liturgicos” son puestos en funcionamiento? Esto puede ser un punto discutible, una mera hipótesis de impráctica importancia, hasta que caemos en la cuenta de que los reformadores han hecho de la participación activa el campo de batalla de otro de los eslóganes del Vaticano II—el sacerdocio común de los fieles—que el mismo Vaticano persigue.  Su razón fundamental era conferir a la congregación el derecho de celebrar partes de la Misa que eran de la competencia de verdaderos ministros activos de la liturgia—solamente los clérigos.  Se sigue que, negando en la práctica la estricta separación que necesariamente existe entre sacerdotes y laicado, la participación activa socava la naturaleza única del sacerdocio ministerial.

Una situación imposible

Dondequiera que se celebra el Novus Ordo el desorden causado por la novedad de la “partipación activa” ha dejado la Iglesia en confusión.  Si todo está  del modo equivocado y al revés  (el sacerdote de frente al pueblo, la congregación celebrando o cantando la Misa, lectores laicos y ministros Eucarísticos, Comunión en la mano, los vasos sagrados tocados por cualquiera, etc),  eso es porque la “participación activa” laica revierte el orden establecido de las cosas, perturbando la ley y lógica tradicionales, en detrimento de la Fe.   

Los mismos papas no pueden resolver el problema porque ellos mismos promueven las premisas básicas de las reformas.  Solo de boca sirven a las enseñanzas de la Iglesia que los dos “sacerdocios”  (ordenados y laicos) no son ni sinónimos ni tienen el mismo origen. Sino que ellos mismos promueven la participación activa en la liturgia, que efectivamente mezcla a los dos y aún eleva el perfil del laico sobre el del clérigo, de acuerdo a los deseos de los reformadores.

Esta situación imposible no puede ser resuelta porque la participación activa es un neologismo. Así que tenemos el absurdo espectáculo de los liturgistas corriendo alrededor para resolver el porqué y el cómo de un término clave artificial que no refleja la esencia de la espiritualidad laica y consecuentemente siempre será incompatible con ella.

Sabemos por uno de los padres progresistas del Vaticano II, Cardenal Danneel de Bélgica, quien estuvo involucrado en la redacción de la Constitución de la Liturgia, que el objetivo de la participación activa era democratizar la liturgia, borrando la distinción entre los roles sacerdotales y laicos:

Desde sus meros principios, el objetivo del Movimiento Litúrgico que se originó en Bélgica en 1909 [con Beauduin], era cerrar la brecha entre la liturgia oficial del sacerdocio y del laicado. El término “participación activa” nació de este movimiento y ha sido parte del uso común desde entonces. [3]

Su uso se ha hecho tan común que ahora difícilmente alguien puede espantarse de la sugestión que el pueblo laico puede ser “empoderado” para ejercer un rol  en la liturgia oficial a través de su participación activa. No muchos se han dado cuenta a tiempo que la expresión “participación activa” fue llevada a cabo por su propia lógica interna de enfocar la atención en el pueblo y darle la sensación inflada de sus propias actividades en la liturgia. Sería usada para justificar la destrucción de cientos de años de liturgia Católica y la creación de una nueva Misa radical, en la cual el “pueblo de Dios” es visto como celebrantes junto con el sacerdote.

El resultado del nuevo énfasis en la participación activa fue que el pueblo en los bancos, quien por centurias había participado en las ceremonias del rito Romano en silencio, era ahora transformado en rival de una guerra litúrgica sobre el derecho de celebrar funciones en la liturgia.

Para restaurar la paz en la Iglesia necesitamos urgentemente regresar a los tiempos de antes de que el Movimiento Litúrgico comenzase a hacerse notar, cuando no había espíritu de contención en la liturgia, cuando cada quién conocía su lugar y el laicado podía gozar su libertad natural, cual pueblo laico, y asistir a la Misa en oración silenciosa, libre para elegir sus propios métodos de participacion espiritual.  

Carol Byrne

Traducido por Enrique Nungaray. Artículo original


[1] The original can be read at Acta Sanctae Sedis, 36, 1903–1904, p. 329 and http://w2.vatican.va/content/pius-x/it/motu_proprio/documents/hf_p-x_motu-proprio_19031122_sollecitudini.html

[2] The original can be read at Acta Sanctae Sedis, 36, 1903–1904, p. 387 and http://w2.vatican.va/content/pius-x/la/motu_proprio/documents/hf_p-x_motu-proprio_19031122_sollecitudini.html

[3] Cardinal Godfried Danneels, quoted in Keith Pecklers SJ, Liturgy in a Postmodern World, Continuum International Publishing Group Ltd, 2006,   p. 7

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