7º mandamiento:

“No hurtarás”.

1Este mandamiento nos manda ser honrados en todas las actividades económicas. Debemos cumplir totalmente nuestro horario de trabajo. Debemos pagar salarios justos. Debemos pagar prontamente todas nuestras deudas. Nunca debemos apropiarnos de lo ajeno, a menos que nos lo haya permitido aquel a quien legítimamente le corresponda.

“Ni a los ladrones les gusta que les roben.”

No debemos ser codiciosos ni desear constantemente más. Debemos sentir gratitud por lo que tenemos y dar lo que nos sobra a los necesitados. No debemos cobrar interés por los préstamos. No debemos incurrir en deudas con tarjetas de crédito. Debemos ayudar económicamente a la Iglesia y a los pobres. No se deben vender ni adquirir bienes robados.

La codicia es un pecado muy feo. Jesús dijo:

“No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban. Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.” Mat. 6,19-21

8º mandamiento:

“No darás falso testimonio contra tu prójimo”.

2Este mandamiento nos manda decir siempre la verdad. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la VERDAD y la vida”. Queremos ser como Él. No queremos ser como el diablo, que es padre de toda mentira y dice: “Yo soy la trampa, la mentira y la muerte”.

Es importantísimo no mentir jamás a Dios, al sacerdote ni a nuestros padres. Otras mentiras son graves, pero estas son más graves todavía en razón de las personas a las que se miente. Muchas veces, cuando los niños mienten a sus padres diciéndoles que van a tal o cual sitio les pasan muchas cosas malas. Conozco personalmente a 4 chicas que fueron violadas después de haber mentido a sus padres en cuanto a dónde iban, o salido sin que éstos lo supieran. Se podría decir que cuando mentimos a nuestros superiores Dios nos retira su escudo protector y nos puede pasar algo malo.

“Ni a los mentirosos les gusta que les mientan.”

Cuando mentimos, ya ni sabemos quiénes somos. Tampoco se fían más de nosotros. Podemos convertirnos en mentirosos crónicos. Y hasta puede que llegue un momento en que nos creamos nuestras propias mentiras.

No debemos ser hipócritas que digan una cosa y hagan otra. Dios ve todo lo que hacemos a puerta cerrada. Los sacerdotes y los padres siempre predican con el ejemplo que dan a sus fieles y sus hijos.

Dios nos ha dado la lengua para rezar, transmitir el Evangelio y dar buenos consejos, no para decir mentiras. Tendremos que darle cuenta de toda palabra que hayamos dicho, sea verdad o mentira. Está muy feo ser chismoso. Acusar falsamente a los demás y difundir rumores de los que no estamos seguros son pecados muy graves. Mejor es ser muy callado y contemplativo que estar siempre chismorreando.

Padre Peter Carota

[Traducido por J.E.F]