«Recuperar» la sacristía como lugar sagrado

Dedico este artículo a los muchos católicos que desconocen realmente lo que es una sacristía y el significado profundo que tiene dicho espacio. Estoy seguro de que la lectura de estas líneas servirá para que afirmemos mejor, los sacerdotes, el sentido sacro del lugar y para que los laicos asuman que dicho espacio no está hecho para tertulia ni consulta, sino que el buen uso del mismo redundará en el efecto “ex opere operandis” de la celebración litúrgica que sea y de forma especial de la Santa Misa.

¿Qué es la sacristía? El lugar cercano al presbiterio donde se guardan los objetos de culto y, sobre todo, donde el sacerdote se prepara espiritualmente para la celebración de la Santa Misa. Normalmente es un espacio no muy grande y separado por puerta del acceso al altar.

¿Quiénes están en la sacristía? Solamente el sacerdote junto a los acólitos que vayan a participar en la Misa.

¿Qué se hace en la sacristía? ORAR. Lo he escrito en mayúscula para que no se olvide. Sí, orar para prepararse bien a la celebración. Y todavía voy a ser más concreto compartiendo las oraciones recomendadas desde la tradición católica y muy aconsejadas por el Papa Pío XII que además otorgaba indulgencia a los ministros ordenados que las rezasen. Entonces el sacerdote recitará lo siguiente en estos momentos:

  • Al lavarse las manos: “Da Señor el poder a mis manos para ser lavadas de toda mancha, de modo que pueda servirte sin corrupción en mi mente y en mi cuerpo”
  • Al ponerse el amito sobre la cabeza: “Señor, impón sobre mi cabeza el yelmo de la salud para rechazar las asechanzas diabólicas”
  • Al revestirse el Alba: “Blanquea Señor y limpia mi corazón para que purificado por la sangre del cordero disfrute de los gozos eternos”
  • Al ajustarse el cíngulo: “Cíñeme Señor con el cíngulo de la pureza y extingue en mí el fuego de la sensualidad, para que permanezca siempre en mi la virtud de la continencia y de la castidad”
  • Al imponerse el manípulo: “Merezca Señor llevar el manípulo del llanto y el dolor con la alegría de recibir la recompensa de mi trabajo”
  • Al revestirse la estola: “Devuélveme Señor la insignia de la inmortalidad que perdí en la prevaricación de los primeros padres y aunque indigno de acercarme a tu sagrado misterio haz que merezca el gozo eterno”
  • Y al revestirse la casulla: “Mi yugo es suave y mi carga ligera; haz que la lleve de tal modo que me haga digno de conseguir tu gracia”

Esas oraciones las recita el sacerdote despacio mientras se va revistiendo con los ornamentos litúrgicos. Una vez revestido se santigua con agua bendita y, todavía dentro de la sacristía, rezará en voz baja:

“Yo quiero celebrar el Santo Sacrificio de la Misa y hacer el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo según el rito de la Santa Iglesia Romana, para alabanza de Dios omnipotente y de toda la Iglesia triunfante, para mi beneficio y de toda la Iglesia militante, por todos los que se encomendaron a mis oraciones en general y en particular por la feliz situación de la Santa Iglesia Romana. El Señor omnipotente y misericordioso nos conceda la alegría con la paz, la enmienda en la vida, tiempo de verdadera penitencia, la gracia y el consuelo del Espíritu Santo y la perseverancia en las buenas obras. Amén”

De esta manera, y ya muy bien dispuesto para caminar hacia el altar, el sacerdote debe seguir orando hasta que suba al mismo, y en esa oración puede incluir comunión espiritual, repetir la oración anterior, y rogar a Dios que le conceda vivir esa Misa como si fuera la primera, la última y la única de su vida.

Pues dicho esto es conveniente llamar la atención sobre ciertos defectos y errores que suceden con frecuencia (seguramente por ignorancia y/o formación escasa):

  • Tener la sacristía desordenada y descuidada, como si fuera un trastero. Eso no ayuda para nada a crear ambiente de oración
  • Usar la sacristía como extensión de otros lugares parroquiales (caritas, archivo, sala de catequesis…); todo tiene su lugar y la sacristía ha de tener el suyo
  • Sacristía como espacio de charla o tertulia. No se daña la cercanía pastoral del sacerdote si sabe decir, con delicada caridad, que puede recibir a los fieles en su despacho u otro lugar donde se encuentren todos bien
  • No respetar ese margen de tiempo que todo sacerdote precisa para prepararse a la Santa Misa. Quizás solo unos minutos, sí,  pero unos minutos de completo silencio y sin interrupciones
  • “Asaltar” al sacerdote cuando va hacia el altar o cuando regresa del mismo. Lo segundo suele ser más frecuente: el sacerdote al acabar la Misa todavía ha de volver a la sacristía a desvestirse de los ornamentos litúrgicos y hacer una última y breve oración al crucifijo que debe haber en la misma. Y en ese camino de vuelta no debe ser distraído por nadie. Una vez salga de la sacristía ya estará disponible para quien lo precise.

No es tan complicado asumir este mensaje: hay que recuperar el espacio sagrado que debe ser toda sacristía. Y aún añado una frase popular, ciertamente tradicional, y pido disculpa por no conocer su autoría pero su “dardo” es cuando menos interesante:

“Muéstrame la sacristía y te diré como vive el cura su sacerdocio”

Padre Ildefonso de Asís
Padre Ildefonso de Asís
Sacerdote tradicional sin complejos y con olor a pastor

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