Lobo cordero

En 1997 se emitió la película “Pactar con el diablo” protagonizada, entre otros, por Al Pacino que “encarnó” al Maligno ubicado en la cima de los poderes del mundo. Ese film, con algunas escenas moralmente censurables, concluye en un “soberbio” (nunca mejor dicho) discurso de Satanás que, escuchado atentamente, impacta por su absoluta actualidad en la llamada sociedad “posmoderna” nacida desde la segunda mitad del siglo XX. El diablo, embriagado de “triunfo” sobre la humanidad actual, proclama con estridente orgullo que el siglo XX es del todo suyo, y que nadie en su sano juicio podría atreverse a negarlo. Un análisis a esa soflama infernal nos puede ser de gran provecho:

El diablo se define a si mismo como un “humanista”: el último humanista, por ser un “devoto del hombre” al que, desde que empezó la creación, ha querido satisfacer en todos sus gustos sensibles (placeres materiales) y suprasensibles (vanidad y autosuficiencia).

– A la vez el Maligno quiere “liberar” al ser humano de todo sentimiento de culpabilidad moral. La verdadera “revolución”, dice ufano, es “no tener que pedir perdón”.

– Exalta finalmente el egoísmo radical como único camino. Cuando es preguntado sobre “¿Y el amor?”….responde con un contundente: “eso: denegado”.  El único “amor” válido es hacia uno mismo, y de ahí deriva tanto el impulso hedonista (al prescindir del prójimo) como el autosuficiente (al prescindir de Dios).

Pues fijémonos bien hasta que punto el diablo ha conseguido sus objetivos, sobre todo en las sociedades occidentales materialistas sumidas en el paganismo y en la ética de “consenso”:

* Hoy el placer corporal se ha convertido en un ídolo absoluto. Y ese ídolo se ha convertido en la meta a alcanzar desde un planteamiento de vida como “autocrecimiento permanente” que excluye todo sacrificio o compromiso definitivo de amor hacia el prójimo (hacia alguien que no sea “uno mismo”) y solo admite compromisos parciales y siempre abiertos a la ruptura unilateral.

* Hoy la drogadicción de la conciencia ha adquirido tal nivel de soberbia que no sólo desaparece el “sentido de pecado en si mismo” sino que además se elimina todo remordimiento de conciencia moral, de manera que se llega a la conclusión de que “todo el mundo es bueno” (buenismo en estado puro) y que todos los males son estructurales y nunca personales. El ser humano de hoy cree firmemente que “no tiene pecado alguno” y si lo tuviera jamás sería por su culpa.

En ambos frentes la victoria de Satanás es profunda: no es completa porque, como bien contesta en la película el supuesto “hijo” de Satán: “al final, perdemos, como recuerda la Biblia”.

La tragedia de hoy es que, mientras llega ese final (triunfo del Inmaculado Corazón de María, dicho con palabras más hermosas), el diablo puede estar logrando su pírrica victoria (a la vez terrible) de apartar de Dios para siempre a las almas que caigan en esa doble tentación del egoísmo y la autosuficiencia. En definitiva: Satanás como “Humanista” es mucho más letal para el hombre que como “solo diabólico”: ¡Huyamos del Humanismo sin Dios!!!

Por todo ello: recuperemos y afiancemos, en nuestras vidas, la llamada de Cristo a la Caridad Fraterna y Compromiso de Amor (Mateo 25) y, a la vez, la invitación del Redentor a reconocer nuestros pecados y pedir perdón por ellos a Dios en el Sacramento Precioso de la Confesión, pues sin Caridad y sin Humildad será imposible la Salvación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".