Dentro de un año, Dios mediante, celebraremos el Centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima en 1917.

Recientemente -el 28 de abril- se conmemoró el tricentenario de la muerte de San Luis María Grignion de Montfort: «Animado por un ardoroso carisma profético, este gran apóstol mariano previó –doscientos años antes de las apariciones de Fátima- que, al ser conocida y puesta en práctica la devoción por él enseñada, el Reino de la Madre de Dios estaría implantado en la Tierra. En otros términos, preveía el triunfo del Inmaculado Corazón de María, prometido por Ella en 1917».[1]

«¡Ah! ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso -dice un santo varón en nuestros días, ferviente enamorado de María-, cuándo llegará ese tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús?… Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: ¡Señor, para que venga tu reino, venga el reino de María![2]»

Entre los fatimistas, se repite frecuentemente la expresión el Triunfo del Inmaculado Corazón de María, manifestado por Nuestra Señora del Rosario en Fátima, pero ¿qué significancia adquiere la profecía mariana del Triunfo del Corazón Inmaculado de María?

La devoción al Corazón Inmaculado de María es querida por Dios mismo: «Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Corazón Inmaculado»[3]; «Si se hace lo que yo voy a decirles, las almas se salvarán y habrá paz».[4] «Si se cumplen mis pedidos Rusia se convertirá y habrá paz», «al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá. Y será dado al mundo un tiempo de paz».[5]

El Triunfo del Corazón Inmaculado de María se verifica por etapas. La preparación de la humanidad en una etapa remota: Dios deseó durante toda la eternidad el Triunfo del Inmaculado Corazón.

Ella no triunfará sin nuestra ayuda, porque Dios, en Su plan de paz y salvación para los hombres, se digna utilizar instrumentos humanos para efectuar Su voluntad. El Inmaculado Corazón triunfará a través de la Consagración de Rusia, la devoción de los Cinco Primeros Sábados, y el rezo cotidiano del Santo Rosario, es decir, en la medida que cooperemos en el cumplimiento de ese Plan.

«Pues bien, el Triunfo del Inmaculado Corazón se realizará por medio de la conversión de los corazones individuales. Y esto significa una conversión a Cristo, a Su ley, a Su doctrina, a la práctica de la misma, amando a Jesús y a María a través de nuestras intenciones, de todas nuestras palabras, gestos, actos, omisiones (esto es, evitando el pecado en los pensamientos, deseos, palabras y obras)».

El Triunfo del Inmaculado Corazón de María es el reunir los corazones humanos, abandonados a Jesús y consagrados a María, los corazones que entran a formar parte de la familia mariana, un remanente mariano, (y sobre ese fondo escuchemos a Isaías que dice: «Un resto volverá, un resto de Jacob se volverá hacia el Dios Fuerte, porque aunque fuera tu pueblo oh Israel, como la arena del mar, sólo un resto volverá, su destrucción está decidida, para que quede bien clara la justicia, pues el Señor Yahvé de los Ejércitos, llevará a cabo en todo el país, el exterminio que ha resuelto hacer»,[6] una armada mariana dispuesta a todo para que pueda venir el Reino del Sagrado Corazón de Jesús, el Reino de la Eucaristía, la Era de Paz profetizada en Fátima, la verdadera nueva primavera de la Iglesia.

María es la Reina del cielo y de la tierra por gracia, como Cristo es Rey por naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior de los hombres, según estas palabras: Dentro de ustedes está el reinado de Dios (Lc 17,21), del mismo modo el reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma. Ella es glorificada, sobre todo, en las almas, juntamente con su Hijo, más que en todas las creaturas visibles, de modo que podemos llamarla, con los santos, Reina de los corazones,[7]  y por lo tanto el reinado de María es sobre todo interior.

El dominio universal de María se ejerce de modo muy especial en lo íntimo de las almas a quienes Ella debe santificar; y cuando este dominio se acepta libremente, como lo es en las almas de los justos, entonces, María es Reina de los corazones. Es, pues, claro, en qué sentido toma Montfort la palabra corazón, que sin excluir el sentimiento o el amor, asume a esta palabra el significado varonil que el Espíritu Santo le da tantas veces en la Sagrada Escritura; que también la Iglesia le da en las oraciones litúrgicas: la palabra corazón indica siempre lo que hay de más íntimo en nosotros, y el Reino de Dios en los corazones es sinónimo de perfecta santidad.[8]

Hace cinco centurias con la rebelión de Martín Lutero a la Verdadera Fe, durante la denominada Reforma, cinco millones de católicos se hicieron protestantes, especialmente en Alemania, Suiza, Inglaterra y en los países escandinavos como Noruega, Suecia y Finlandia.

Ante esa nueva rebelión, la respuesta del Cielo no se hizo esperar, en el mismo siglo XVI, en Guadalupe (México), María Santísima se apareció del 9 al 12 de diciembre de 1531, al indígena Juan Diego, quién previamente se había convertido a la Verdadera Fe. Por su intermediación le fue regalado a los mejicanos una imagen mariana que no había sido hecha por mano humana. Esta gracia fue para aquellos que habían sido hasta entonces paganos, la imagen fue así, una prédica convincente y clara sobre Nuestra Señora y la Fe Católica, la que conllevó al bautismo a cerca de 8 millones de nativos entre 1531 y 1540. Un milagro eclesial a nivel global, que en Europa no ha sido estimado. Además, a través de las manifestaciones marianas y la imagen, nació la nueva y unida nación, partiendo de dos pueblos enemigos.

La Iglesia del Tercer Milenio está plagada de los mismos problemas que aquejaron a la Iglesia de los primeros años: 1. tibieza, 2. ataques calumniosos, 3. falsas doctrinas, y 4. complacencia.

Y como en los tiempos en que fue escrito el Apocalipsis, hay cuatro clases de gente:

  1. Los superficialmente buenos –en tiempos de crisis se vuelven malos, como Judas;
  2. Los realmente buenos –en tiempos de crisis se vuelven más buenos, como los mártires en el Apocalipsis.
  3. Los realmente malos -.en tiempos de crisis se vuelven aún peores, como lo hicieron los malos cuando fueron visitados por las plagas en el Apocalipsis.
  4. Los superficialmente malos, -en tiempos de crisis se vuelven buenos, como el Buen Ladrón en el Calvario.

El célebre obispo Rudolf Graber, de Regensburg, Alemania, señala asimismo que ante el Mensaje de Fátima hay distintas reacciones:

1º) Quienes sólo estaban interesadas en lo que era sensacionalista con respecto al mensaje de Fátima. Cuando esto no ocurrió (que en 1960 se suponía que el mensaje sería revelado), perdieron interés.

2º) Aquellos que han rechazado el Mensaje de Fátima, lo que ya fue caracterizado por Nuestro Señor con en el Evangelio de San Mateo 24, 37.

3º) Quienes desdeñan las visitas de la Señora: «Es solamente una revelación privada».

4º) Los que afirman que solamente Cristo debe mantenerse en una posición de primer plano: «No necesitamos ninguna mujer intermediaria. Vamos directamente a Cristo», y

5º) los hiper-liturgistas quienes no consideran que la piedad objetiva manifestada en la Liturgia, también requiere una piedad subjetiva en unión con ella.

Por eso es vital, tomar conciencia clara de cuándo y cómo ese Triunfo se cumplirá totalmente:

La primera etapa es simplemente que «El Santo Padre Me consagrará a Rusia». La segunda etapa es que «Rusia se convertirá». Entonces, y sólo entonces, tendrá lugar el Triunfo del Inmaculado Corazón. La tercera etapa del Triunfo es la conversión de todo el mundo a Jesucristo. «Dios concederá al mundo algún tiempo de paz».[9]

Que el ejemplo de San Luis María de Montfort, quién enfrentó grandes obstáculos para difundir la Verdadera Devoción a María, nos anime a continuar consagrados a la Señora de Fátima para adelantar el advenimiento del Triunfo de su Inmaculado Corazón.

Germán Mazuelo-Leytón

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[1] CLÁ DÍAZ, Mons. JUAN S., Fátima, ¡Mi Inmaculado Corazón triunfará!

[2] MONTFORT, SAN LUIS MARIA GRIGNION DE, Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, nº 217.

[3] Nuestra Señora el 13 de junio de 1917 (Segunda aparición).

[4] Nuestra Señora el 13 de julio de 1917 (Tercera aparición).

[5] Ibid.

[6] ISAIAS, 10

[7] MONTFORT, SAN LUIS MARIA GRIGNION DE, Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, nº 38.

[8] Cf.: POLVERELLI, A, Realeza de María.

[9] http://www.fatima.org/span/crusader/cr89/cr89pg10.pdf

Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines