Una peregrinación inolvidable en España: subimos a la cuna de la Reconquista

Tres días de oración, penitencia, camaradería y satisfacción

Peter Kwasnewski

21 de agosto de 2025

[Adelante la Fe: Ante la proximidad de la peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad al Santuario de Covadonga del 25 al 27 del próximo mes de julio, les presentamos el testimonio de nuestro gran amigo Peter Kwasnewski, bien conocido de nuestros lectores. Quienes deseen participar en la de este año encontrarán toda la información aquí. Animamos de corazón a inscribirse a todos los que puedan asistir.]

Aquí estoy a la izquierda, con bastantes más años que la mayoría de los peregrinos que me rodean

A fines del mes pasado, desde el 26 al 28 de julio [2025], participé en la quinta peregrinación anual de Nuestra Señora de la Cristiandad, que parte de la antigua ciudad y sede episcopal de Oviedo y concluye en el santuario de Covadonga, el cual conmemora la victoria de Don Pelayo sobre los mahometanos en el año 718 que dio comienzo a la Reconquista de la Península Ibérica, en la que gradualmente los moros fueron expulsados a lo largo de ocho siglos hasta su derrota definitiva en Granada.

La peregrinación fue espectacular. Cómo me alegro de haber participado. Animo a todos los que deseen hacer una peregrinación por el estilo de la de Chartres pero sin el inconveniente de meterse en una marea de 20.000 participantes.

La verdad es que no me resulta fácil escribir sobre una experiencia que desde el primer momento fue tan completa y estimulante en tantos sentidos que uno se sentía exhausto y con agujetas y dolor de pies, como si hubiera participado en una guerra de resistencia; como si hubiera prescindido de los pesos y medidas por los que el hombre de hoy cuenta y calcula beneficios y valores. Uno se siente también en la obligación de escribir pensamientos profundos, cuando en realidad sólo recuerda anécdotas envueltas en un sagrado y significativo silencio. Vivir el momento, sin saber cuándo será la próxima pausa, entablando y desentablando interminables conversaciones sobre lo divino y lo humano, rezando incesantes misterios del Rosario, entonando himnos y cánticos e impulsado en todo momento por las intenciones por las que se asciende a ese pequeño Calvario. Experiencias tan personales que nunca se podrán expresar.

En aquellos tres días recorrimos cosa de un centenar de kilómetros. Como pueden observar, recorrimos algunos de los más hermosos parajes del Principado de Asturias.

Yo viajé con un capítulo de Estados Unidos, y tuve por guía a mi amigo Jeff Inferrera. Aquí nos pueden ver juntos. A pesar de lo que dice la señal de tráfico, ¡no paramos un momento!

La mayoría de las fotos del presente reportaje las tomó un servidor, pero algunas son de los fotógrafos oficiales de la peregrinación, y otras son de Jeff. Si desean ampliarlas, hagan clic en el título (en inglés) del artículo y los llevará a mi página para que puedan explorar las imágenes.

La víspera

La peregrinación de Oviedo a Covadonga siempre tiene lugar el sábado, domingo y lunes más próximos a la festividad de Santiago Apóstol, el santo patrón de las Españas. Este año el 25 de julio cayó en viernes, de modo que esa mañana me dirigí en automóvil desde León, donde había pernoctado, hasta la capital asturiana.

Jeff nos explicó a todos que teníamos que llevar en las mochilas carne y queso para almorzar, ya que los voluntarios sólo distribuirían pan y agua. La primera consigna, pues, consistió en adquirir provisiones para el camino. Recorrí el casco viejo de la ciudad, y descubrí un mercado, y me hizo pensar en lo grato que es vivir cerca del mar:

Compré embutidos y queso, y fui a encontrarme con el P. José Miguel Marqués Campos, con el que ya mantenía correspondencia desde hacía tiempo por internet. El padre Marqués está a cargo de la Misa Tradicional en Oviedo, y fue a recogerme para llevarme a la capilla en que se celebraría la Misa Solemne de la festividad.

En cuanto llegamos me enseñó muy ufano el elegante misal de 1922 que iba a usar:

Canté el propio, que es una maravilla (¡y sólo se puede cantar en España!). El coro, no muy numeroso, entonó un himno de peregrinación a Santiago durante la Comunión. La letra es bastante curiosa:

Algunas fotos de la Misa:

Después del almuerzo, el P. Marqués y yo realizamos una breve visita a la catedral ovetense (ahora verán las fotos). Por la tarde, pronuncié una conferencia en un hotel del centro de la ciudad, a la que asistieron entre 150 y 200 de los peregrinos. La sala estaba a rebosar. Después, a cenar y a la cama.

Primer día

Teníamos órdenes estrictas de presentarnos en la plaza ante la catedral a las 6:30 de la mañana. Más tarde me enteré de que la ceremonia inaugural no tendría lugar hasta las 8, y me pareció que me habían robado una hora de sueño, aunque a mí me parece que cuando hay que organizar a 1500 peregrinos (cifras de este año) hay que ser muy generosos con el tiempo.


La única torre de la catedral. Delante, los peregrinos.


El capítulo de EE.UU., que llevaba el nombre de la santa india Kateri Tekawitha:


Monseñor Marco Agostini, veterano y respetado ceremoniero pontificio, vino desde el Vaticano para participar de principio a fin en la peregrinación (¡caminaba con una gastada sotana negra, no con sus mejores galas!). Ofició la Misa Solemne el sábado. Aquí estamos en la plaza antes de la ceremonia inaugural:


En el interior de la catedral nos congregamos ante el impresionante retablo. Las catedrales españolas son a cual más grandiosa en cuanto al esplendor de su altar mayor:


La procesión de entrada:


Presidió el arzobispo, ofreciendo a todos una calurosa bienvenida. Tras las tradicionales oraciones por una segura peregrinación, el prelado recorrió el pasillo central aspergiendo con agua bendita a los peregrinos:


Los primeros que tuvieron el privilegio de llevar en andas a Nuestra Señora de Covadonga (hubo numerosos relevos a lo largo de los casi 100 km) fueron seminaristas:


El capítulo estadounidense iba precedido a lo largo del camino por el del Reino Unido, bajo la advocación de Nuestra Señor de Walsingham, patrona de Inglaterra, y delante del italiano, que no paraba de cantar (y desde luego, la mayoría de lo que cantaba no era políticamente correcto).


Empieza la caminata…


Por el camino encontramos caballos:


Una grata pausa:


Bastantes horas más tarde, tras una segunda pausa para el almuerzo, llegamos al campamento, en una extensa pradera de propiedad particular junto a una simpática capilla. Este pequeño templo rural no sólo estaba abierto para rezar…


Bajo sus columnatas exteriores muchos sacerdotes encontraron un lugar donde rezar misas privadas, lo cual me conmovió hondamente:

Aprovecho para hacer un inciso sobre esta costumbre de rezar Misa privada diaria (los sacerdotes que no tienen otras obligaciones pastorales), en vez de concelebrar. Lo primero que hay que entender es que, lejos de ser una corrupción medieval, las misas privadas aparecieron muy pronto en la Cristiandad occidental, como explica el canónigo Gilles Guitard en un estudio magníficamente documentado (aquí y aquí). En Oriente siguió siendo desconocido, pero hay muchas grandes y profundas diferencias entre los ritos orientales y occidentales que no se pueden ni deban achacar a que unos sean erróneos y otros no.

En un trabajo igual de esclarecedor, monseñor Athanasius Schneider explica que la concelebración era ajena a la tradición occidental (con la sola excepción de la que tiene lugar en las ordenaciones de sacerdotes y prelados) hasta que se impuso por la fuerza en la revolución litúrgica.

Quien desee una explicación sencilla de por qué son buenas las misas como las de la foto que acaban de ver, puede leer este artículo; y si quieren saber por qué un obispo no puede prohibir a un sacerdote que rece una misa privada (aunque sea tradicional), lean éste.

En estas peregrinaciones uno lleva lo mínimo imprescindible en la mochila. El resto lo deja en una bolsa y te lo llevan durante la mañana al lugar donde vas a dormir. Las dejan por grupos en el suelo y uno mismo tiene que ir a buscar la suya.


Cuando los peregrinos llegaron al punto de acampada tuvieron una hora más o menos para un bienvenido descanso, y a continuación se celebró una Misa solemne al aire libre, improvisando el presbiterio bajo un toldo. Lo que me gusta comentar de las paradas en la peregrinación a Chartres es ni más ni menos lo que pasa también en Covadonga: salta a la vista que la improvisada capilla tiene más de católico que miles de templos construidos después del Concilio, ¡y no digamos el sacrificio que se ofrece bajo su sombra!


La delicadeza con que se distribuyó la Comunión a tantísimos peregrinos fue ejemplar. Los sacerdotes que la administraban iban siempre acompañados de dos asistentes: un laico que portaba un paraguas blanco sobre el copón (lo cual además ayudaba a ver dónde había un sacerdote dando de comulgar, y fue también de gran ayuda con tan gran cantidad de gente en aquel campo), y un acólito con guantes que llevaba la bandeja de comulgar:

Prueba de que querer es poder. El trato informal y sacrílego de que es objeto el Santísimo Sacramento en las jornadas mundiales de la juventud es algo que podrían evitar si quisieran… y si creyeran.

Huelga decir que las confesiones eran continuas:


Después de consumir el Pan del Cielo, ¡el estómago ya empezaba a protestar! Este era el pan natural de todos los días. Desayunábamos pan con mermelada y café. La cena consistía en una barra de pan y un plato de sopa. Y el almuerzo… pues pan con lo que fuera que llevaras en la mochila. Esta era una estampa habitual:

Segundo día

El día amaneció fresco y con neblina, lo cual se agradeció mucho. Todo el fin de semana hizo muy buen tiempo: fresco en general, con mucha brisa de las montañas y apenas un poco de lluvia el último día.


La belleza de los campos nutría el alma contemplativa.


En esta foto tomada de espaldas se aprecia la interminable sucesión de peregrinos hasta donde se pierde la vista:


Los cordiales lugareños nos saludaban con la mano desde la puerta o desde su ventana:

Desde luego era mucho más entretenido para ellos ver algo así en sus solitarias aldeas donde nunca pasa nada.

Las banderas, estandartes y cruces elevan el espíritu.


Las horas pasaban volando gracias a dos cosas: 1) la constante conversación con quienquiera que estuviese a tu lado en el momento; no sólo tuve oportunidad de hablar con compatriotas míos, sino por lo que recuerdo con gente de los Países Bajos, Suecia, Inglaterra, Escocia, Polonia y México. Y 2) los continuos rosarios y canciones. El que tuvo la idea de traer el Avemaría de la peregrinación de Chartres fue un genio. Es una marcha ideal:

Como suele suceder con las tradiciones orales que la mayoría de la gente se sabe sin haber visto nunca la partitura, se dan muchas variantes en la melodía. En concreto en benedicta Tu de una quinta (re a sol), una cuarta (do a sol) y una tercera menor (si bemol a sol). Yo encuentro más musicalidad en la cuarta, comenzando por el tecum.

La Santina nos acompañó todo el camino:


Por el camino pasamos una vez más junto a una vieja capilla rural. En Europa no puedes andar mucho sin tropezarte con algún monumento objeto de devoción. La frescura del recinto invitaba a unos momentos de sosiego.


Avanzando hacia el campamento:


Un ancho y lento riachuelo junto al lugar de acampada nos dio a todos la oportunidad de darnos un baño (en grupos separados por sexos a algo menos de un kilómetro de distancia; ¡todo estaba previsto hasta el último detalle!). El agua fría tuvo un efecto poco menos que milagroso en mis cansados pies:

Y bajo los humildes tabernáculos del desierto, se reanudó el sereno murmullo del Sacrificio eterno en los labios de los de Cristo, elevando el clamor de la humanidad e invocando la misericordia divina…


La Misa solemne fue oficiada por monseñor Agostini, ceremoniero del Vaticano. Aquí lo vemos leyendo la Epístola en silencio mientras la canta el subdiácono:


Al momento de la Consagración, jóvenes varones que portaban banderas de todas las regiones de España –en la imagen vemos las de Asturias, Castilla y León, Navarra, Aragón, Valencia, Cataluña y Galicia– se acercaron y se arrodillaron formando una guardia de honor:

Tercer día

A estas alturas me parece que habría que decir que entre los que habíamos llegado hasta aquí predominaban dos sensaciones: 1) Gratitud a Dios por haber llegado hasta este punto, y 2) ¿Cuánto falta para llegar? Al mismo tiempo, descubrí al igual que la mayoría que para el tercer día uno ya ha amoldado su paso y marcha con más facilidad que en la primera jornada.

Se dormía poco…

Empezábamos el día antes de amanecer con una Misa solemne porque el arzobispo –sí, el mismo que nos dio una cordial bienvenida y nos aspergió con agua bendita– no permite que los peregrinos asistan a la Misa Tradicional en la basílica de Covadonga, alegando lo que dice Traditionis custodes. Por esa razón, todas las misas se celebran fuera de los templos a lo largo del camino, desde Oviedo hasta Covadonga.

A mi modo de ver, esto aporta a la peregrinación cierto aire que podríamos llamar de rebeldes por el bien común, como los vandeanos que se enfrentaban a los revolucionarios de París. Nos guste o no, las peregrinaciones tradicionalistas, la más representativa de las cuales es la París-Chartres, son actos contrarrevolucionarios: son un testimonio resonante de la vitalidad y fecundidad del catolicismo de siempre frente al invento postconciliar, el nuevo pentecostés, la nueva primavera, el nuevo paradigma y tanta palabrería semejante. Preferimos ser parias que vivan de los tesoros del Cielo a que se nos felicite por obedecer las normas mientras observamos a nuestro alrededor iglesias vacías y diócesis que se mueren.

Estoy convencido de que llegará un día en que se agradecerá a los tradicionalistas haber perseverado obstinadamente. Se los elogiará por haber mantenido celosamente la Tradición durante un doloroso ataque de amnesia espiritual por parte de las autoridades de la Iglesia.


Prueba de lo acabo de decir es que justo antes de despuntar el día, a pesar de las agujetas y la falta de sueño, decenas de sacerdotes recitaban fielmente ante el altar en voz baja Te igitur, clementissime Pater… Nada ni nadie podía disuadirles de correr a Padre implorando por el Hijo, por ellos mismos y por todos los hijos de Adán.


Estos sacerdotes están revestidos de rojo porque la Misa del día correspondía a los santos Nazario, Celso y Víctor I, mártires, e Inocencio I, confesor. Otro de tantos grupos de santos poco conocidos que menudean en el calendario tridentino. Pero en las misas públicas usaron casullas doradas porque se rezó una Misa votiva con privilegio a Nuestra Señora de Covadonga, antes de que los peregrinos emprendieran su marcha hacia el santuario.


Me encanta la siguiente foto. Al elevarse el cáliz se superpone a la imagen de la Virgen de Covadonga. Ciertamente Nuestra Señora es un cáliz, una vaso inmaculado que contiene a Jesucristo y lo pone a disposición de la humanidad. Es el trono de la sabiduría que nos lo presenta.


A la hora del Último Evangelio ya había plena luz del día.


Carretera y manta una vez más, en esta ocasión detrás de patriotas del Reino Unido:


El camino nunca termina…


Más caballos:

El puente de Cangas de Onís, primera capital del reino astur antes de que Don Pelayo la trasladase a Oviedo a fines del siglo VIII:


Fue grato atravesar una localidad de cierta importancia, porque muchos nos miraban y sonreían. Resultó una buena forma de dar testimonio público: no nos plantábamos ante la gente discutiendo ni dando voces; nos limitábamos a pasar en nuestra peregrinación, con el Rosario en la mano y banderas desplegadas, en ruta hacia Covadonga. Tenía la sensación de que la mayoría lo veía con agrado.

Me habían prevenido de que el último trecho cuesta arriba hasta la basílica sería una verdadera paliza; pero, francamente, no me pareció peor que el resto del camino. Si acaso, saber que se estaba tan cerca ya espoleaba e infundía fuerzas.

¡La primera vista de la basílica me pareció impresionante!


Explicaré brevemente la historia del santuario. La fama del lugar procede de que Don Pelayo, en gran inferioridad numérica ante los moros, se refugió en una cueva y rezó para saber qué hacer. La Virgen María se le apareció y lo animó a presentar denodadamente batalla, pues Dios combatiría con él y por él. Don Pelayo se enfrentó a las muy superiores huestes musulmanas y las derrotó estrepitosamente, dando inicio con ello a la Reconquista. La Santa Cueva está en las proximidades de la basílica:


Para rendir un digno homenaje a la Virgen de Covadonga y conmemorar la victoria de Don Pelayo, entre 1877 y 1901 se erigió una impresionante basílica neorrománica:


La ubicación es espectacular:


Rebosantes de alegría y contentos de haber llegado, los peregrinos se arremolinan en la explanada:


No todos cabían en el templo, pero me las arreglé para entrar y encontrar asiento. La ceremonia de clausura, ya que (por desgracia) no se podía decir Misa, consistió en una grandiosa bendición eucarística. Primero, un sermón sobre Nuestra Señora, seguido de una consagración mariana; exposición del Santísimo con el canto del Pange lingua alternado entre canto y polifonía; luego se cantó la Letanía Lauretana, un Te Deum en acción de gracias, alternando también entre canto y polifonía; Tantum ergo con bendición (tanto al interior como en el exterior del templo para los peregrinos que no habían podido entrar), y se terminó con un estimulante himno en español.


Seguidamente, todos salieron a la explanada para hacerse una foto. ¡No se podía conseguir que entraran todos! Aquí tienen una buena muestra, conmigo en el extremo izquierdo de la foto:


Otra imagen de la hermosa fachada:


¡Gracias, Señor, por esta peregrinación! Gracias, Madre nuestra de Covadonga, por velar por tus hijos cansados y sedientos. Y gracias, Don Pelayo, por hacer caso a Nuestra Señora y dar comienzo a la Reconquista. Necesitamos otro monarca como Vuestra Majestad… «el regreso del Rey».

¿Están escuchando a los jóvenes?

¿Por qué participamos en peregrinaciones? ¿Y por qué la mayoría de las peregrinaciones actuales son tradicionalistas?

No se me ocurre mejor respuesta a estas preguntas que la de Rod Dreher, que hace poco escribió un artículo para The Free Press sobre la importancia de la peregrinación a Chartres (y otras por el estilo, como la de Covadonga). Dijo lo siguiente:

Este silencioso reavivamiento católico entre los jóvenes obedece a razones muy diversas, pero todas se pueden resumir en la búsqueda de un sentido en la vida, estabilidad e identidad. Estos conversos (o hijos pródigos regresados, en el caso de los que han redescubierto la fe) sienten atracción por formas antiguas de cristianismo porque se trata de tradiciones con más arraigo y más exigentes que el flojo modelo terapéutico de cristianismo hoy en boga. La liturgia y la belleza les sirven también para entender los principios teológicos (…) Son cosas que han resistido el paso del tiempo (…)

Se puede entender, por tanto, la peregrinación a Chartres como una protesta general de los jóvenes contra la anarquía espiritual, un medio físico y espiritual de recuperar el ideal del peregrino en oposición a los viajes turísticos (…) Se piensa que los jóvenes son progresistas por naturaleza, y no quieren lo que la generación anterior tiró a la basura; lo normal sería querer liberarse del peso muerto del pasado católico. «Son, creo, jóvenes católicos fervorosos a los que no les va lo que les proponen los obispos», dice John Pepino.

El catolicismo tradicional brinda a los jóvenes una oportunidad de recuperar lo que les ha robado la modernidad. «Muchos afirman que las homilías tradicionalistas son más profundas, con menos anécdotas y aspavientos que en otras misas –explica por su parte María Katrina Cortez–. Muchos adultos jóvenes están hartos del mundo moderno y encuentran en esos lugares descanso, arraigo, orden y misericordia».

En noviembre de 2024 publiqué en mi blog un artículo en el que cité la regla de San Benito, que afirma y reitera que hay que prestar atención a los jóvenes novicios, porque muchas veces Dios les revela lo mejor a ellos.

Esta peregrinación me ha infundido mucha esperanza y alegría. Antes había pasado ya ocho días en España, y en algún momento durante esos días, escribí a un amigo:

España es un país precioso, pero siento más de lo habitual la tristeza de andar entre las ruinas de lo que fue una gran civilización de la que están totalmente desconectados su actuales herederos (y, por tanto, son indignos de ella; de hecho, en muchos casos son abiertamente antagonistas a ella). Me hizo reflexionar una vez más sobre la extraña situación que atraviesan los EE.UU.: un país tan joven, con relativamente poca historia que valga, y bastante vacío de contenido. Esto contribuye a que sea más fácil ver la Tradición católica como una grandiosa manifestación de sentido. Como si oyeran ese mensaje por primera vez.

Me respondió:

No me cabe duda. Haber conseguido descubrir el propio legado espiritual y civilizatorio proporciona una alegría incontenible, pero supone también vivir a partir de ese momento con el dolor de ser un extraño en este mundo moderno al observar tantas enfermedades en ciegos que no las ven.

Sin embargo, mientras acompañaba a 1500 peregrinos devotos y fervientes, en su mayoría españoles, me di cuenta de que las ascuas de la Fe siguen encendidas en esta parte de Europa. La Cristiandad no ha muerto; simplemente dormita.

Despertemos ya

Siguiendo los pasos de su hermana mayor la peregrinación a Chartres, esta de España está dedicada a Nuestra Señor de la Cristiandad. ¿De dónde procede tal advocación?

La cristiandad no es otra cosa que el cristianismo vivido en plenitud, y que por tanto irradia en todos los aspectos de la vida, la cultura y la política incluidas. No hay cristiandad seria que no pueda o no quiera, si se le da la oportunidad, florecer y dar fruto cristiano.

No desear la restauración de la cristiandad equivaldría a no querer que Cristo se manifieste plenamente en su creación. Es evidente que la principal obligación personal del cristiano es buscar la santidad, pero es inevitable que al buscarla beneficie a otros. Y cuando son muchos los que la buscan, los efectos beneficiosos ya no son sólo personales sino sociales.

La restauración de cristianismo se dará ante todo de dos maneras: ante el altar mayor o en el lecho nupcial. Si queremos que renazca la civilización católica, hagamos una o más de las siguientes cosas (algunas son incompatibles, pero todas son indispensables):

1. Casarse y tener una familia numerosa. Escolarizar a los hijos en casa, con poca tecnología. Vivir si se puede en una casa con jardín o en el campo teniendo ganado. Cultivar las artes (poesía, canto, baile, etc.).

2. Ordenarse sacerdote y oficiar el Rito tradicional. Participar activamente como un entusiasta soldado de infantería en la reconquista de la Iglesia en nombre de la Tradición.

3. Ingresar en una orden monástica cuya vida se centre en ofrecer alabanzas y peticiones a Dios en el Santo Sacrificio de la Misa y el Oficio Divino.

Si muchos católicos hacen estas cosas, empezará a regresar la Cristiandad por aquí y por allá. Primero en grupos pequeños, como flores tempranas de primavera que se abren paso a través de la nieve que con el tiempo irán aumentando en extensión, como la Reconquista española.

Conclusión

La peregrinación a Covadonga me pareció ciertamente una prueba de resistencia y fortaleza. Pasado un par de horas, cada paso se hacía más difícil. Hubo momentos en que estuve tentado a abandonar, sobre todo cuando se multiplicaban las cuestas empinadas.

Pero al estar con los compañeros de peregrinación cantando, rezando el Rosario y sosteniendo largas conversaciones el tiempo pasaba sin darse cuenta. Seguías adelante con todos, con el paso constante y tenaz de una mula arando el campo. Tenía frecuentemente presentes las tres intenciones por las que hice la peregrinación.

Recomiendo encarecidamente esta peregrinación. Si lo que busca el lector es paseos agradables, pasarlo cómodamente, descansar bien por la noche, buena comida y bebida, en un palabra todas las comodidades que suele esperar la gente, esto no es lo suyo. Pero si lo que quiere es ofrecer una caminata ardua y dolorosa, una experiencia de convivencia llena de desafíos, una vivencia más profunda de la universalidad de la Iglesia y un vigorizante testimonio de entusiasmo juvenil por la Tradición, no deje de participar en esta peregrinación en el país de Santiago y de Don Pelayo.

¡Gracias por su atención, y que Dios los bendiga!

Peter Kwasniewski
Peter Kwasniewskihttps://www.peterkwasniewski.com
El Dr. Peter Kwasniewski es teólogo tomista, especialista en liturgia y compositor de música coral, titulado por el Thomas Aquinas College de California y por la Catholic University of America de Washington, D.C. Ha impartrido clases en el International Theological Institute de Austria, los cursos de la Universidad Franciscana de Steubenville en Austria y el Wyoming Catholic College, en cuya fundación participó en 2006. Escribe habitualmente para New Liturgical Movement, OnePeterFive, Rorate Caeli y LifeSite News, y ha publicado ocho libros, el último de ellos, John Henry Newman on Worship, Reverence, and Ritual (Os Justi, 2019).

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