El futuro de la humanidad a la luz de la teología de la historia cristiana

La Santa Pascua nos recuerda que el centro de la historia es Jesucristo, Verbo Encarnado crucificado por nosotros y resucitado para salvar al género humano. Toda la historia gira en torno a Jesucristo y a la Iglesia que nació de su costado traspasado en el Calvario. Dom Guéranger nos recuerda que para el cristiano no existe una historia puramente humana. Dios ha llamado al hombre a un destino sobrenatural, y la historia de la humanidad debe dar testimonio de ello.

Algunos creen que a los cristianos no debe importarles la historia, cuando es al revés: lo que caracteriza a la religión católica es que consiste en una religión histórica. La historia no se niega; se evalúa en su desarrollo a la luz de Jesucristo y la Iglesia. Las revelaciones que tuvo Santa Margarita María Alacoque en Paray-le-Monial y las de la Virgen a los pastorcitos de Fátima contienen alusiones expresas a sucesos históricos y políticos que nos ayudan a entender los misteriosos designios de la Divina Providencia en las vicisitudes de la vida humana. Todo el mundo conoce esos mensajes. Pero hay uno menos conocido: la carta que escribió San Juan Bosco el 14 de mayo de 1873 al emperador Francisco José de Austria, a la sazón soberano de un inmenso imperio multiétnico que abarcaba desde Europa Central a los Balcanes.

Dos años antes, en 1871, la victoria prusiana sobre Francia había llevado a la proclamación del Imperio Alemán, y Guillermo I de Hohenzollern había sido elevado a la dignidad imperial. La caída de Napoleón III tuvo como consecuencia la invasión de los Estados Pontificios y la instauración de la III República Francesa, en tanto que Bismarck, que no se ocupaba de otra cosa que no fuesen los intereses de Alemania, se enfrentó a Austria para debilitarla y humillarla en beneficio del nuevo estado alemán.

En aquel momento el Imperio Austriaco seguía siendo un reflejo del Antiguo Régimen al que la Revolución Francesa había intentado destruir. La influencia económica y social de Alemania contribuyó a transformar la Viena tradicional, epicentro de la expansión de la Fe y capital del Sacro Imperio, en la Viena de las finanzas y el progreso. La economía tradicional, agrícola, rural y pastoral, se transformó en el sistema bancario y financiero moderno. Aparte esto, en la Viena de fin de siglo comenzaron a desarrollarse corrientes positivistas, racionalistas, vitalistas y esotéricas extrañas a la tradición católica.

Con todo, la Divina Providencia quiso intervenir para conducir a Austria de vuelta al buen camino mediante una petición que dirigió San Juan Bosco al Emperador. Veamos el texto de la misiva:

«Esto dice el Señor al Emperador de Austria: ¡Ánimo! Provee para mis siervos fieles y para ti mismo. Mi furor se derrama sobre toda la Tierra porque quieren que mi Ley se olvide, alzan en triunfo a quienes la profanan y oprimen a quienes la observan.

»¿Quieres ser la vara de mi poder? ¿Quieres cumplir los arcanos de mi voluntad y ser benefactor del mundo?

»Apóyate en las potencias del norte, pero no en Prusia. Estrecha relaciones con Rusia sin llegar a firmar una alianza. Asóciate con Francia. Después de Francia, España.

»Tened un mismo espíritu y un mismo actuar. Máximo sigilo con los enemigos de mi Santo Nombre. Mediante la prudencia y la energía seréis invencibles. No creas las mentiras de quienes te digan lo contrario.

»Aborrece a los enemigos del crucifijo. Espera y confía en Mí, que soy quien da victorias a los ejércitos, Salvador de los pueblos y los soberanos.

»Amén. Amén».

Comentando esta carta, el profesor Plínio Corrêa de Oliveira destaca que el santo exhortaba al emperador a ser aliado de la Francia católica y de España, estar en guardia contra Prusia, mantener relaciones con Rusia pero no muy estrechas, no provocar una guerra ni dejarse arrastrar a una y, por último, empuñar el timón de la causa católica en Europa, empezando por Austria.

Por medio de San Juan Bosco, Dios prometió a Francisco José que, si hacía caso de las mencionadas indicaciones, estaría con él y la Casa de Austria alcanzaría su máximo explendor. Desgraciadamente, el Emperador no acogió la exhortación, como tampoco Luis XVI de Francia obedeció en 1680 la petición que le había transmitido Santa Margarita María Alacoque de que entronizase pública y solemnemente al Sagrado Corazón consagrándolo a su reino. Cien años más tarde, estalló la Revolución Francesa, cayó la monarquía y Luis XVI, descendiente de Luis XIV que ocupaba el trono, fue guillotinado el 21 de enero de 1793.

En vista de estos precedentes, ¿cómo no relacionar la amonestación no escuchada de Don Bosco con los graves desastres que al poco tiempo sobrevinieron al Imperio Austro-húngaro? El apartamiento del soberano que padeció la emperatriz Isabel de Baviera, que vivió mucho tiempo alejada de la Corte y terminó asesinada en Suiza por un anarquista italiano; el drama de Mayerling, con el suicidio de su hijo Rodolfo de Habsburgo-Lorena; el trágico atentado de Sarajevo, en el que perdió la vida el heredero Francisco Fernando de Habsburgo-Este; la catástrofe de la monarquía austro-húngara en la Primera Guerra Mundial y, por último, la muerte en el exilio del emperador Carlos I Austria, consumido por la tuberculosis en la isla de Madera.

La carta de Don Bosco a Francisco José se muestra en retrospectiva como una amonestación profética análoga a la de Fátima, donde el 13 de agosto la Virgen le dijo a Sor Lucía: «Vendré para pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la Comunión reparadora en los primeros sábados». Pero el 29 de agosto de 1931 Sor Lucía recibió una comunicación íntima del Señor que afirmaba que sus peticiones no habían sido escuchadas por las altas esferas de la Iglesia: «No han querido acoger mi petición. Se arrepentirán como se arrepintió el rey de Francia, pero ya será tarde. Rusia habrá esparcido sus errores por el mundo y provocado guerras y persecuciones contra la Iglesia. El Santo Padre habrá de sufrir mucho».

Las guerras, persecuciones y sufrimientos tienen su origen en la voluntad desordenada de los hombres, que rechazan los planes de la Divina Providencia. Meditar las palabras de Don Bosco y de Fátima significa ser conscientes del sentido sobrenatural de la historia. Significa recordar que los historiadores y políticos cristianos tienen el deber de no apoyarse en criterios meramente políticos y económicos sino en la teología de la historia cristiana, que es la única que puede garantizar el orden y la verdadera paz al género humano.

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

Del mismo autor

Contradicciones de un jubileo que llega a su fin

Sin duda alguna, entre las claves para interpretar el pontificado del...

Últimos Artículos

El castillo de Beaufort

Pocos eran los que habían oído hablar del castillo...

¿Puede un pagano ser virtuoso?

Breve introducción a una profunda cuestión Estudiando los anales de...

La otra inteligencia artificial

Introducción Hay asuntos y machaques ya conocidos presentados bajo un...