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¿Amoris Laetitia es “no magisterial”? No tan rápido…

{NB: Pertinente a esta pregunta es el histórico discurso del papa Francisco sobre la “descentralización” que pronunció el 17 de octubre del año pasado. Durante este discurso, que dirigió a los padres sinodales, el papa Francisco dejó claro que al final del proceso sinodal, tenía la intención de pronunciarse con autoridad: “el proceso sinodal culmina en la escucha del Obispo de Roma, que es llamado a pronunciarse como “pastor y maestro de todos los cristianos”, no basado en sus convicciones personales, sino como testigo supremo de “totius fides Ecclesiae” (toda la fe de la Iglesia), del garante de la obediencia y la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, el Evangelio de Cristo y de la tradición de la Iglesia”. NADA en Amoris Laetitia retracta o revierte esta declaración de intenciones. Ahora bien, el hecho de que el papa Francisco pretenda pronunciarse con autoridad sobre los asuntos a discusión tomados por el Sínodo no hace por sí mismo a su pronunciamiento “magisterial” de forma automática; pero tampoco se puede descartar a la ligera.}

***


La siguiente pieza fue escrita exclusivamente para Rorate por un sabio – y muy informado – santo sacerdote que se sintió obligado a hablar:

Por el padre Ignotus

El contenido de Amoris Laetitia -y su aprobación- a través de omisiones y lenguaje codificado sobre el sacramento para los divorciados y vueltos a casar, supongo, no fue una sorpresa para ninguno de nosotros. Durante los últimos tres años, el papa Francisco ha anunciado en varias ocasiones su determinación de encontrar una manera para este cambio radical, por lo que todos nos condicionamos a esperar el sonido de la explosión cuando finalmente llegara.

Tampoco llegaron como una sorpresa la mayoría de las reacciones críticas. Escritores como aquellos cuyos posts aparecieron inmediatamente en Rorate (de Mattei, Socci, Confitebor) denunciaron la falsa doctrina modernista/distinción pastoral en el documento como la estafa que es.

Lo que causó sorpresa, sin embargo, fue el comentario del cardenal Raymond Burke en Amoris Laetitia que apareció en el National Catholic Register. Teniendo en cuenta el lenguaje fuerte que el buen y apreciado cardenal había utilizado anteriormente para advertir sobre un cambio en la enseñanza y práctica de la iglesia en los sacramentos para los divorciados y vueltos a casar, todos esperábamos que saliera en contra el documento como un Leo rugiens.

En lugar de ello, la reacción pública del cardenal resultó ser algo completamente distinto.

La Exhortación Apostólica, dijo, “no es un acto de magisterial”, es más bien “una reflexión del Santo Padre” sobre el trabajo del Sínodo. El tema que el cardenal desarrolló con cierta extensión y la conclusión a la que pretende que los lectores lleguen era que el documento “no cuenta” como enseñanza real (magisterio) que impondría la obligación de asentimiento a los católicos.

Rorate inmediatamente apoyó con tres breves pero perceptivas observaciones tituladas Tres Notas Minúsculas sobre Amoris Laetitia, señalando que tal afirmación es lógicamente indefendible y que “diciendo que Amoris Laetitia no es un gran problema, y que no es magisterialmente relevante simplemente no es verdad“.

A estos puntos, me gustaría añadir lo siguiente:

1.- Por lo menos, el formato de Amoris Laetitia es el de una “Exhortación pontificia”, en la cual:

“…El Sumo Pontífice explica la doctrina católica, da instrucciones, o en la que, como padre, maestro y doctor, exhorta, amonesta, condena y expresa felicitaciones, benevolencia, etcétera. Al final se añade la cláusula de ‘Datum Romae apud S. Petrum’ junto con la fecha”. (Cicognani, Derecho Canónico, p.84)

Obviamente, esto es exactamente lo que Amoris Laetitia pretende hacer -explicar la doctrina, instruir, exhortar, reprender- y que incluso incluye una fórmula final de cierre. Es un documento oficial, emitido por la Santa Sede, y, obviamente, con la intención de enseñar. No tiene ningún sentido que el cardenal Burke diga que “no es magisterial”, o simplemente “personal”.

2.- El comentario del cardenal, por desgracia, también difumina las distinciones tradicionales aplicadas a la expresión “magisterio”.

En general, “magisterio” significa simplemente “la función de instruir a otros”. Cuando se trata de la Iglesia, su magisterio de enseñanza (= docens) está dirigido a impartir el conocimiento de la sana doctrina y la moral a todos los fieles.

Ahora, en la mente de la mayoría de los católicos, la palabra magisterio se vincula automáticamente a la palabra infalible, en algo como: “El magisterio del Papa es infalible cuando emite una definición ex cathedra sobre la fe o la moral”. Sin embargo, la percepción popular es que si una enseñanza papal no cumple con el estándar ex cathedra, no hay obligación de creerla o someterse a la enseñanza.

Pero esta idea es totalmente falsa, al menos según los teólogos anteriores al Vaticano II, ya que además de magisterio infalible, un católico también está sujeto a lo que se llama “magisterio auténtico”. Esta es la forma en que el Papa usualmente enseña la doctrina católica y los principios morales.

Se explica de esta manera: Un Papa tiene el “poder y el oficio de enseñar la doctrina” y como católicos, tenemos “la obligación y el derecho a recibir instrucción”. La enseñanza de un Papa es auténtica en el sentido estricto, “debido a la autoridad de la delegación de Dios que utiliza el maestro”. Deberíamos, por lo tanto, “estar obligados a darle asentimiento del intelecto”, porque su autoridad de enseñanza se basa en “una misión recibida de Dios, al que se adjunta la ayuda divina”. (Salaverri, De Ecclesia 1503ff Su énfasis)

Así por esta norma, difícilmente se podría descartar Amoris Laetitia como “no magisterial” o negarnos “a darle asentimiento del intelecto”.

3.- Y de hecho, el mismo papa Francisco ha dicho que sus declaraciones públicas, incluidas sus exhortaciones apostólicas, son “magisteriales”. En enero de 2015, dijo:

“Alguien me dijo una vez: ‘Por supuesto, por supuesto. El discernimiento es tan bueno para nosotros, pero necesitamos las cosas mucho más claras’. Y respondí: Mira, he escrito una encíclica – es cierto, que era a cuatro manos [con Benedicto XVI] – y una exhortación apostólica. Estoy constantemente haciendo declaraciones, dando homilías. Eso es magisterio. Eso es lo que pienso, no lo que los medios dicen que pienso. Échale un vistazo; es muy claro”.

Así que, cualesquiera otros temas espinosos que la exhortación apostólica Amoris Laetitia puede elevar, al menos una cosa está clara: La intención era de hecho que fuera por lo menos auténtico magisterio papal, al que los católicos normalmente estaríamos obligados a dar asentimiento del intelecto.

Un “documento catastrófico” de hecho.

[Traducción de Rocío Salas.  Artículo Original]




RORATE CÆLI
RORATE CÆLIhttp://rorate-caeli.blogspot.com/
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