Combatamos con dureza Halloween

Combatamos con dureza Halloween, siniestra moda yanqui inoculada en España por odio a los santos

La frivolidad de muchas personas les ciega y les impide ver su componente satánico y su odio a todos los santos de la Iglesia Católica

Nada nuevo bajo el sol. Hay algunos momentos al año propicios para machacar sobre ciertos vicios en los que sucumbe gran parte de la sociedad. La prueba de que este artículo sigue siendo necesario es que millones de españoles continúan celebrando cada año Halloween y desgraciadamente se está convirtiendo en una fiesta “sagrada” de la modernidad y en un sutil medio paganizante y demonizante.

A diferencia de la Semana Santa, aquí no salen a la calle nuestros venerados Cristos y Vírgenes sino los demonios. Esto se ve bien claro también en series como Harry Potter o Crepúsculo, que han sido grandes éxitos a nivel mundial, abriendo sutilmente las puertas del reino de las tinieblas a muchos jóvenes.

Vivir sabiamente y santamente a veces no consiste en acumular muchos conocimientos sino en saber discernir entre lo que es saludable y edificante para nuestra alma y lo que es perjudicial y dañino en aras a nuestra eterna salvación. O edificamos sobre la roca que es Cristo o siempre intentaremos en vano construir sobre arena y jamás podremos refugiarnos en nuestro castillo interior.

En esa línea el famoso libro La imitación de Cristo de Tomás de Kempis afirma que saber según que cosas de poco o de nada le sirven al alma e incluso son un gran perjuicio. No se trata de leer mucho, sino de leer bien y de asimilar lo que se lee y sobre esa base de buenas lecturas seguir formándonos rectamente. El Criterio de Jaime Balmes nos enseña que el pensar bien consiste en conocer la verdad, la realidad de Dios y de las criaturas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad ni con la voluntad de Dios?

Este artículo no va dirigido tanto al católico bien formado, que tiene muy claro que Halloween es una fiesta radicalmente incompatible con la doctrina y la moral católica sino a aquel que no le ve ningún tipo de peligro o bien por qué está muy despistado o por qué nunca se lo ha planteado.

Un año más llega el dichoso Halloween y gran parte de la sociedad española participa de este aquelarre espeluznante que llegó a España a finales de los años 80, influenciado por la cultura popular estadounidense, inoculada por la vena del cine y la televisión en los hogares españoles. Desde ese momento muchos centros comerciales, bares y discotecas se apropiaron de esta moda extranjera para organizar fiestas temáticas y decorar escaparates, convirtiéndola en un fenómeno de consumo y de alienación borreguizante.

Esta costumbre también se fue introduciendo en los colegios, incluso en los colegios católicos, en donde disfrazan a los pobres niños con lúgubres atuendos. Muchos padres, por lo general poco formados en las verdades de la fe, creen que es una moda simpática, inocente y divertida. Y todo el mundo pica en el anzuelo. Muchas veces por respeto humano, por no parecer anticuado ante los padres de otros niños…

Todos los padres o casi todos, como corderitos amaestrados, disfrazan a sus hijos de esqueletos o de monstruos. Aunque podrán argumentar que lo normal es, que en teoría, en una fiesta escolar no vaya a pasar nada grave, no hay que tentar a Dios. La historia nos enseña que hay multitud de casos bien documentados de grandes desgracias, muchas de ellas trágicas, relacionadas con esta macabra celebración, especialmente en turbios garitos nocturnos o en ambientes sectarios y ocultistas. Y en cualquier caso la influencia negativa en el alma de los niños y padres y la degradación de la sociedad católica es evidente.

Comprender el peligro y la inconveniencia de celebrar Halloween depende en definitiva de la fe, de creer que el demonio existe y busca nuestra eterna perdición y que la Iglesia prohíbe con rotundidad todo lo que atenta contra el mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas.

Para concluir les dejo con algunas de las principales razones por las que un católico no debe celebrar Halloween:

Su componente ocultista y pagano: Muchos exorcistas advierten que la fiesta tiene raíces en el antiguo Samhain celta y que ciertos grupos esotéricos o satánicos la utilizan con un sentido ritual.

Apertura a la acción demoníaca: Blanquear símbolos de violencia, muerte, terror o invocaciones puede debilitar la fe, trivializar el mal o abrir puertas a prácticas contrarias a la doctrina católica (como la magia o la superstición) y a la acción del mismo demonio.

El antídoto ideal: En la Iglesia Católica celebramos la Solemnidad de Todos los Santos el 1 de noviembre y la Conmemoración de los Fieles Difuntos el 2 de noviembre.

Por Javier Navascués

PD Como es tradición en estas fechas, suelo recordar la vibrante predicación del P. Gonzalo Raymundo EP, santo varón que en gloria esté, fulminando esta fiesta del averno.

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