«Con un beso me traicionas»

Como es de público conocimiento, el Papa Francisco ha nombrado Prefecto de la Doctrina de la Fe a Monseñor “Tucho” Fernández, un hombre de iglesia con pensamientos heterodoxos, autor del libro “Sáname con tu boca. El arte de besar”, defensor de la democracia moderna al punto de rezar por ella, y, en su momento, en vez de contrariar la infame novela televisiva “Esperanza Mía” protagonizada por Lali Esposito, se alegró de que la “monja” alocada de la serie apareciese leyendo un libro de su autoría titulado Teología espiritual encarnada.

En la carta de nombramiento, el Papa le dice a Monseñor Fernández: que debe custodiar “la enseñanza que brota de la fe (…) pero no como enemigos que señalan y condenan”. También le ha dicho en dicha misiva que “el Dicasterio que presidirás en otras épocas llegó a utilizar métodos inmorales. Fueron tiempos donde más que promover el saber teológico se perseguían posibles errores doctrinales. Lo que espero de vos es sin duda algo muy diferente”. Ya sabemos que, contra la insistencia de muchos que apoyan una irreal hermenéutica de la continuidad, el ecumenismo moderno tiene su raíz en la Unitatis Redintegratio, la Ut Unum Sint, y demás seguidillas documentales de igual tenor. Fernández no está llamado a “condenar” herejías, está llamado a seguir licuando lo que resta de catolicismo bajo la corriente densa de la llamada sinodalidad. Eso sí, como siempre sucede, no faltó en la Lettera de Francisco la recomendación a que sean «coherentes» con el “rico humus de la enseñanza perenne de la Iglesia”. La famosa “una de cal, una de arena” que San Pio X denunció en su siempre actual Encíclica Pascendi.

Se habla de métodos inmorales de antaño al tiempo que se está haciendo quedar como morales (en los hechos principalmente) a los colectivos LGBT. No solo no dicen nada en contra, sino que dicen a favor, caso del Seminario Arquidiocesano de San Juan (Argentina), Nuestra Señora de Guadalupe, que invitó para días venideros a una jornada sobre diversidad, sosteniendo directamente que “entre esos grupos, el colectivo LGBTQI+ destaca con fuerza porque, si bien la cultura actual lo ha puesto sobre el centro de escena, la Iglesia -en su mayoría- sigue, tanto a través de los pastores como de los fieles, juzgando moralmente sus acciones”. ¡Impensado en otros tiempos y sí ahora, porque, no me cansaré de decirlo, el modernismo no es católico!

El día 9 de marzo publiqué un artículo que titulé “De cómo hombres que se dicen de Iglesia le abren la puerta a Sodoma”, y allí expuse unas declaraciones de Monseñor Fernández y algunos comentarios míos: “Entre las orientaciones que da el actual Papa a toda la Iglesia, cada comunidad debe tener las puertas bien abiertas para que entren todos. Y todos significa todos: gays, transexuales, personas llenas de dudas de fe, parejas en segunda unión, personas que no están convencidas de todo lo que la Iglesia dice, incluso ex presidiarios que quizás hayan matado a alguien, adictos. La Iglesia no quiere ser una secta y por lo tanto tiene que tener un lugar para todos. Si alguien está en contra de algunas orientaciones o normas diocesanas o de una parte de la enseñanza de la Iglesia no será catequista o dirigente, pero eso no significa que se le cierren las puertas. A todos en este barrio debe llegar ese rostro amable de una Iglesia en salida que acoge, no juzga, no condena, no excluye. No podemos olvidar algo que repiten varias veces los Hechos de los Apóstoles: que si bien los apóstoles eran perseguidos por algunas autoridades, por otra parte “gozaban de la simpatía de todo el pueblo” (Hch 2, 47; 4, 21.33; 5, 13). Cuando hablamos de una Iglesia sinodal estamos diciendo eso: una Iglesia donde todos pueden ser parte, e incluso colaborar a su manera e incluso opinar. Esa riqueza multiforme que incluya a todo este barrio”. Lo ven… Para toda clase de ‘transformación’, de ‘orientación´, apertura total. Ahí todos tienen cabida, nadie estará desgajado, o fuera o siguiendo un camino pronto a desaparecer. Para ellos sí se permite estar “contra alguna enseñanza de la Iglesia”, y solo se le dice que en todo caso “no será catequista o dirigente, pero eso no significa que se le cierren las puertas”. El único apaleado será el amante de la Tradición Católica, él es, según el modernista, el único que irá por un camino de perdición. Para todo lo moderno aparece el discurso acaramelado de “ese rostro amable de una Iglesia en salida que acoge, no juzga, no condena, no excluye”, y para la Tradición sí está el rostro duro de unos modernistas que no acogen, juzgan y excluyen usando su letal arma de la falsa obediencia. Estos modernistas, populistas e incluso filo tercer mundistas, malinterpretando a San Pablo buscan el quedar como “simpáticos con todo el pueblo”. No aman la verdad, aman las simpatías populares. Lo que no dicen es que los Apóstoles, verdaderos católicos, recibían la simpatía del pueblo católico. No rifaban la fe en pos de simpatías baratas. No repartían choripanes ni hacían elogios de alguna Lali Esposito de turno. Toda el moderno desequilibrio social tiene acogida e, incluso, según Fernández, pueden “opinar”, y a todo eso se lo llama, ¡fíjense ustedes!, “riqueza multiforme”. Mamita mía. Nótese que no hay un solo renglón destinado al pedido de perdón de aquellos que optan por la contranatura. Nótese que directamente no se habla de contranatura. Nótese, sencillamente, que en pos de ir por sus simpatías populares le dan una y otra vez la espalda a la verdad (…) ¿Qué enseña San Agustín y Santo Tomás de Aquino sobre lo que algunos hombres de iglesia en la actualidad quieren oír “opiniones” en camino sinodal para seguir acumulando su “multiforme riqueza” (¿?)? Y citando a San Agustín enseñó el Doctor Angélico: “confiesa abiertamente que entre todos los pecados de lujuria ‘el más grave es el vicio contra la naturaleza” (2-2 q. 154 a. 12). Y continua Santo Tomás: “como en el vicio contra la naturaleza el hombre traspasa las leyes naturales del uso de los actos venéreos, en esa materia dicho pecado es gravísimo” (2-2 q. 154 a. 12). Y esto otro: “El orden de la recta razón procede del hombre, más el orden de la naturaleza procede del mismo Dios. Por consiguiente, en los pecados de la naturaleza que violan el orden natural, se comete injuria contra Dios ordenador de la naturaleza. Los delitos cometidos contra la naturaleza –escribe San Agustín- siempre y en todas partes son detestables (…). Aunque todos los hombres obrasen ese mal seguiría pesando el mismo reato impuesto por la ley divina, que no hizo a los hombres para que así obrasen desordenadamente. Con tal pecado se viola la familiaridad que debemos poseer con Dios, ya que se mancha la naturaleza por Él creada” (2-2 q. 154 a. 12). Cuando comparas lo dicho por tales santos y doctores con lo que hoy te enseña el modernismo, surge de manera sencilla e inevitable para todo aquél que no ponga voluntariamente obstáculos en su espíritu en orden a VER LA VERDAD, dónde realmente está lo católico, quiénes están en unidad con la Iglesia bimilineria y quienes se van apartando de ella.”

Ahí tienen ustedes quién será el “Guardián de la Fe”. Contra lo que siempre hizo la Santa Iglesia para prevenir de los lobos, ya no se quiere condenar el error. Eso sí, como es archisabido, los condenados ahora son aquellos que quieren seguir la Tradición Católica en su totalidad, por ejemplo, Monseñor Lefebvre y su FSSPX. Es ya más que hora de ejercitar un profundo sinceramiento y preguntarse: ¿Dónde está lo católico? ¿En los que se ven excluidos y condenados, o en los que son elevados a altos cargos y cuyos pasos los exponen sin mayores complicaciones? Basta de torpes malabarismos y de lecturas deformantes de la realidad. Me temo, y va dicho con mucha tristeza, que esto solo será para muchos simplemente un nuevo motivo para mirar para otro lado, para continuar refugiados en el silencio, la falsa obediencia y la falsa prudencia. Mientras… La Santa Iglesia Católica sigue siendo roída por quienes, amantes del modernismo, pretenden dejarla vacía.

¡Qué paradójico! ¡Qué figurativo! También hoy se lo traiciona a Cristo con un beso, ósculo dado desde el Dicasterio mismo en donde la fe debería ser custodiada!

Tomás I. González Pondal
Tomás I. González Pondal
nació en 1979 en Capital Federal. Es abogado y se dedica a la escritura. Casi por once años dictó clases de Lógica en el Instituto San Luis Rey (Provincia de San Luis). Ha escrito más de un centenar de artículos sobre diversos temas, en diarios jurídicos y no jurídicos, como La Ley, El Derecho, Errepar, Actualidad Jurídica, Rubinzal-Culzoni, La Capital, Los Andes, Diario Uno, Todo un País. Durante algunos años fue articulista del periódico La Nueva Provincia (Bahía Blanca). Actualmente, cada tanto, aparece alguno de sus artículos en el matutino La Prensa. Algunos de sus libros son: En Defensa de los indefensos. La Adivinación: ¿Qué oculta el ocultismo? Vivir de ilusiones. Filosofía en el café. Conociendo a El Principito. La Nostalgia. Regresar al pasado. Tierras de Fantasías. La Sombra del Colibrí. Irónicas. Suma Elemental Contra Abortistas. Sobre la Moda en el Vestir. No existe el Hombre Jamón.

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