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Del primer milagro que hizo Cristo en las bodas de Caná

PUNTO PRIMERO. Considera la piedad de la San­tísima Virgen María que, faltando el vino, sin ser rogada, rogó a su Hijo que remediase aquella fal­ta, y aprende dos cosas: la primera sea, que a su imitación no vendas cara la piedad para con tus prójimos, sino que en conociendo su necesidad procures remediarla sin esperar, ruegos ni instancias de los que la padecieren: la segunda es una grande confianza en la piedad de la Beatísima Virgen María, que te concederá cuanto le pidieres, porque si intercedió no siendo rogada, ¿cuanto más intercederá cuando la rogaren? Porque es tanta su benignidad, que se dá por bien servida de que la pidan, y por ofendida de que no la rueguen. ¡Oh Virgen Santísima! y qué diferente sois de los hombres de este siglo, los cuales se dan por ofendidos de que los pidan; a vuestros pies me postro y os suplico que habléis una palabra por este miserable pecador: pedid a Dios que convierta mi alma de agua en vino, y de tibia en fervorosa: en viendo allí la falta rogasteis por ella: mirad, señora, cuántas faltas hay en mí, y pedid por todas a Dios, etc.

Punto II. Considera la respuesta tan resuelta, y al parecer severa y de desvío, que dio Cristo a su Santísima Madre, la cual perseveró en su in­tento hasta que consiguió lo que pedía, y aprende tu a sufrir sequedades y desvíos de la mano de Dios, si te los diere en la oración y fuera de ella, y a perseverar en tu intento, que el Señor quiere probar tu constancia y la confianza que tienes en su bondad; y si supieres sufrir y perseverar en la oración verás tu gozo cumplido: pídele y suplícale a nuestro Señor que te dé esfuerzo y conformidad con su santa voluntad, que perseverando y orando alcanzarás lo que pidieres.

Punto III. Entra con la consideración en la sala adonde: se celebran aquellas bodas, y mira a Cristo sentado a la mesa y a la Santísima Virgen, y a los discípulos por su orden, y a todos los convidados: contempla la modestia, la templanza, la autoridad que guardan, la paz y concordia: oye las palabras que dicen, todas santas y de las cosas celestiales, sin contiendas, porfías ni murmuraciones; y aprende el porte que debes guardar en la mesa y en los convites, que si faltó el vino fue misteriosamente, para enseñarnos que a la presencia de Cristo se disminuyen y acaban los gustos sensuales, significados en el vino material que embriaga: y sigue a Cristo adonde quiera que fuere, no te apartes de su lado, tráele siempre contigo en tu corazón, y a su presencia sentirás grande paz, y alcanzarás Victoria de la continua guerra que mueve Satanás por medio de nuestros apetitos: vuélvete a él y pídele que no te deje y que te traiga siempre consigo.

Punto IV. Considera las palabras que dijo nuestra Señora a los que servían: Haced todo lo que os dijere; y por este medio obró Cristo, Señor nuestro, el milagro, y convirtió el agua en vino; tómalas como dichas a ti de su sagrada boca: mira a la Reina de los Ángeles ante tus ojos, y que tiene los suyos puestos en ti y que te dice: Haz todo lo que te dijere mi Hijo, y medita despacio cuánto te importa obedecer a esta Señora; que si los ministros de aquellas bodas no hubieran tomado su consejo; no hubiera Cristo convertido el agua en vino, y que si tú no le tomas no alcanzarás lo que deseas: lleva la vista a toda tu vida pasada, y mira cuántas cosas te ha mandado que no has hecho de cuántos de sus consejos has despreciado, cuántas veces te has hecho sordo a sus voces, y llora lo pasado, y enmiéndate en lo porvenir: muchas mercedes has perdido de Dios por no haber hecho lo que te ha mandado; ríndete ahora del todo a su voluntad, y di: Señor, hablad, que vuestro siervo oye: decidme qué queréis que haga, que aquí me ofrezco a cumplir en todo y por todo cuanto me mandareis, quisiereis y ordenareis, y fuere de vuestra santa voluntad.

Padre Alonso de Andrade, S.J




Meditación
Meditación
Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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