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Editorial FSSPX: La prelatura personal sobrevivirá a los sucesivos pontífices

Una editorial especial por Côme de Prévigny

¿Debe aceptarse la prelatura personal presentada por Roma a la Fraternidad de San Pío X? Algunos presentan su opinión negativa, basada en las circunstancias, pero esa es una pregunta mal formulada. Lo que se debe preguntar es esto: ¿Se puede rechazar un reconocimiento canónico cuando no se asocia esta concesión a ninguna condición inaceptable? El arzobispo Lefebvre nunca rechazó una estructura canónica por sí mismo cuando estaba vivo. Él rechazó solamente las demandas que condicionaban la estructura que él había buscado y obtenido originalmente, y que le fue quitada injustamente.

El nunca quiso romper, por su propia voluntad, el enlace canónico que lo vinculaba oficialmente con Roma, e incluso a esta Roma infestada de modernistas. Muy por el contrario, lo rechazó: desafió la publicación de la ruptura de este vínculo, y apeló las decisiones de las autoridades eclesiásticas. En consecuencia, el arzobispo Lefebvre nunca se enfrentó a la situación en la que nos encontramos: a la Fraternidad se le ofrece una estructura canónica incondicional. Por cierto, sobre qué base puede ser denegada si no se impone ninguna condición (e incluso si las condiciones fueran neutrales), y si se considera que el Papa, debido al mandato divino otorgado por Nuestro Señor a Pedro y a sus sucesores, continúa poseyendo el poder sobrenatural de atar y desatar, a pesar de todos sus males? ¿La crisis actual haría la primacía de Pedro y el poder de las claves de las verdades católicas que son vergonzosas, opcionales y superfluas?

Algunos podrían objetar que el contexto actual no permite esta regularización, y que nunca ha reinado un peor progresista en el trono de Pedro. Pero no se supone que una estructura canónica dure el tiempo de un solo pontificado: sobrevive a los Papas que fluyen, y su aceptación no significa una bendición para el pontífice del momento actual. No nos podríamos imaginar una regularización bajo Benedicto XVI sin prever que permanecería en vigor bajo su sucesor. ¿Cuál es la actitud que debe adoptarse mañana? ¿Debemos convertirnos en sedevacantistas cuando los pontificados son calamitosos y “renegar del contrato” según nuestro capricho con el paso del tiempo? Esto no es en absoluto coherente. Incluso si uno espera a un pontífice muy tradicional, no hay garantía de que no será seguido por un sucesor desastroso. La seguridad completa no existe en esta tierra, y el estatuto canónico de la FSSPX debe ser capaz de persistir, quienquiera que sea el Papa reinante. Es por esta razón que su Superior General se asegura por adelantado de su hermetismo y de la perennidad de su administración en todo tipo de pontificados, a pesar de los ataques de todo tipo.

Cuando la Fraternidad fundada por Lefebvre esté regularizada, podemos imaginar que el actual Papa no tocará a lo largo de su pontificado este equilibrio que fue buscado por todos los medios durante cuarenta años. La Curia trató de subyugar a la Fraternidad de San Pedro (FSSP) en 1999, y nunca lo volvió a intentar, después de fracasar en su intento. Al otorgar, el año pasado, una confirmación definitiva de los estatutos del Instituto de Cristo Rey (ICRSS), podemos incluso afirmar que la Santa Sede ha interiorizado el hecho de que el mundo tradicional ya no debía ser desmantelado, y esto seguido de la liberación del Misal Tradicional y el reconocimiento de las confesiones de los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X. Tal es la situación actual, aunque también todo puede cambiar.

El objetivo del Obispo Fellay, Superior General de la FSSPX, es bastante realista. Es evidente que no está cegado por el actual “Kasperismo”, y que prefiere Summorum Pontificum a Amoris Laetitia… Sin embargo, considera que es una cuestión de justicia que se restaure el reconocimiento a la Fraternidad, un reconocimiento que fue indebidamente removido y que nadie en la Iglesia lo niega en la actualidad. Esto se hará sin duda con el Pontífice del presente, que pasará y será seguido por uno que será mejor, o peor. Por consiguiente, las condiciones para lograr la regularización nunca han sido tan convincentes como lo son hoy en día. No es un acuerdo con lo que hace Francisco, sino una regularización por parte de la Santa Sede, la Cátedra de Pedro fundada, queramos o no, por Nuestro Señor Jesucristo.

(Traducción de Rocío Salas. Artículo original)

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