El papa Francisco, la Virgen de Fátima y la guerra de Ucrania

El papa Francisco, la Virgen de Fátima y la guerra de Ucrania

22 de abril de 2022

Reproducimos la entrevista concedida por el profesor Roberto de Mattei al diario La Verità, que se publicó el pasado 25 de abril.

Tras recordar que nadie puede cantar victoria sobre un montón de ruinas, el papa Francisco ha reiterado que la guerra destruye tanto a los vencedores como a los vencidos. Es la postura que adopta la escuela realista de relaciones internacionales: aunque la guerra puede ser legítima, es una suerte de fracaso moral, según escribió, por ejemplo, George Kennan.

El Papa nunca fue un pacifista al estilo de Tolstoi. Siempre ha preferido a Fiódor Dostoyevski por encima de León Tolstoi, porque muestra la faceta trágica de la realidad. Eso sí, tengo la impresión de que la guerra ha acabado definitivamente con la utopía de la hermandad entre los hombres que se proponía en la encíclica Fratelli tutti.

¿Observa un cambio de perspectiva?

La guerra es como la muerte. Una parte insoslayable del destino del hombre. La idea de la fraternidad universal ni está en el Evangelio ni es un valor humano.

Pero Cristo nos pide que nos amemos los unos a los otros.

Se trata de una invitación a la caridad sobrenatural, que se basa en la gracia y la verdad. Yo diría que el papa Francisco se ha visto inmerso en un baño de trágica realidad. A mi entender, vive el crepúsculo de su pontificado.

¿En serio?

No me refiero a su estado físico, sino al fracaso de un proyecto pastoral en el que había empeñado todas sus energías. Que se haya frustrado el encuentro con el patriarca Cirilo es una expresión simbólica de dicho fracaso.

Con todo, al desvivirse por encontrar una solución diplomática al conflicto de Ucrania ha demostrado valentía y autoridad. ¿O cree que lo que ha hecho ha sido rendirse a los invasores?

El jefe de la diplomacia vaticana, cardenal Pietro Parolin, ha declarado que el derecho a defender la patria y el pueblo al que se pertenece puede comportar a veces, lamentablemente, el recurso a las armas. Creo que ésa es la postura actual del Papa.

Entonces, ¿para la Iglesia existen guerras justas?

Sin duda alguna. Son las guerras que se combaten por necesidad para que Dios libre de un estado de la injusticia y conserve la paz. La guerra puede ser justa si es justa la paz que tiene por objeto.

¿Qué criterios señala para ello el Magisterio?

Una guerra es lícita si la lleva a cabo una autoridad legítima para defenderse de una agresión injusta y presente. El catecismo de Juan Pablo II fija las siguientes condiciones en el  nº2309: a) Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces; b) que no se haga más daño del necesario al agresor; y c) la guerra defensiva debe tener posibilidad de éxito y no poner en peligro bienes superiores a los que se quiere defender.

¿Se ajusta la estrategia del Papa al Magisterio de la Iglesia? ¿O más bien, como insinúan algunos, es meramente fruto de su instintivo antinorteamericanismo?

El Papa, que antes de ser Francisco fue el militante peronista Jorge Mario Bergoglio, es desde luego adversario del imperio estadounidense. Ahora bien, no veo el menor indicio de actitud antinorteamericana en la postura que ha adoptado últimamente.

La izquierda, incluida la atlantista, que a pesar de todo lo consideraba su aliado, parece decepcionada.

En realidad, el abandono del papa Francisco por parte de ciertos sectores progresistas se remonta a al menos hace un año, cuando se vio que el Sínodo para la Amazonía no dio los resultados esperados, como la superación del celibato y el sacerdocio femenino. Es posible que la izquierda se hubiera precipitado viendo en Bergoglio a su líder mundial. Lo cierto es que no ha cumplido el proyecto de la izquierda internacional.

A propósito de Estados Unidos: en muchas ocasiones ese país ha actuado con miras a sabotear el diálogo.

Tanto en la paz como en la guerra, toda potencia busca sus propios intereses. La guerra de Ucrania es una guerra subsidiaria que recuerda a la de EE.UU. con la Unión Soviética en la península de Corea entre 1950 y 1953. En aquel entonces los soviéticos se sirvieron de Corea del Norte y de la China maoísta para promover su voluntad de expansión en Extremo Oriente. Ahora no es Rusia la que quiere utilizar a China, sino ésta última la que intenta sacar el máximo partido al conflicto. Y a mi juicio es China, y no Rusia, el verdadero antagonista de la Casa Blanca.

Francisco teme que el conflicto regional de Ucrania sea la antesala de enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia. ¿Sería la tercera guerra mundial en trozos de la que habla desde 2014?

Lo que está sucediendo se ajusta con precisión a ese guion. La globalidad de la guerra no está tanto en la intensidad del combate ni en el paso de la guerra convencional a la guerra nuclear, sino en su extensión en el mundo. De hecho, es probable que se abran nuevos frentes en el Cáucaso y a lo largo de la línea geopolítica euroasiática que va desde Rusia hasta China.

¿Qué hay de África? De llegar a faltar pan y materias primas, allí se morirían de hambre, estallarían otras guerras y se encendería la mecha de la enésima bomba migratoria.

Indudablemente. Se corre el riesgo de que a la dimensión militar se agregue una escasez de alimentos peor que en ocasiones anteriores.

En una entrevista concedida al diario bonaerense La Nación Bergoglio replicó a quien le echaba en cara no haber condenado a Vladimir Putin que un papa nunca nombra a un jefe de estado.

Francisco tiene razón. Pío XI y Pío XII condenaron nazismo y el comunismo, pero no nombraron expresamente a Hitler ni a Stalin. De todos modos, el Papa ha condenado la agresión sufrida por el pueblo ucraniano, y todo el mundo sabe quién es el autor. Y me parece que también ha besado la bandera de Ucrania, no la de Rusia…

Por otra parte, si el objetivo es entablar negociaciones, no se consigue nada llamando cerdo al presidente ruso, como ha hecho el ministro de exteriores italiano Luigi di Maio, ¿verdad?

Declaraciones como las del ministro Di Maio son impropias de un político y demuestran cierta inmadurez. Calificar a Putin de criminal o de loco significa creer que la invasión de Ucrania ha sido fruto de una alteración mental.

¿No lo es?

La guerra de Putin es una opción racional que es preciso contextualizar en una amplia geofilosofía de la historia. El proyecto de Putin no se limita a la conquista del Dombás y el sur de Ucrania; también se opone a Occidente, al que considera intrínsecamente corrupto, y un concepto postestalinista de la Tercera Roma. Para entenderlo hay que leer a Alexander Dugin y a Ivan Ilyn.

¿Le parece bien que en la decimotercera estación del Vía Crucis del Viernes Santo participasen una rusa y una ucraniana?

No veo nada de escandaloso en ello. Además, la estación se realizó en silencio. No se dijo nada inapropiado.

En el Este, no toda la Iglesia Católica o ha apreciado. ¿Hay aquí en Occidente un consenso unánime en torno a la conducta de Francisco?

Sin duda hay líneas de fractura, que sin embargo tienen su origen en la dificultad de entender las acciones del Sumo Pontífice. Ha habido también intentos de instrumentalizarlo.

¿Qué piensa de que el embajador ucraniano ante la Santa Sede tratara de sacar ventaja de la renuncia del Papa a encontrarse con Cirilo?

Andrii Yurash, el flamante embajador de Ucrania ante la Santa Sede, de religión ortodoxa, es un catedrático de universidad, experto en relaciones entre Iglesia y Estado, que ejerce muy bien su cargo apuntando como es evidente a los intereses de su país. El Papa y la diplomacia vaticana deberían tener una perspectiva universal y trascendente de la política de nuestro tiempo.

A un nivel más elemental, ¿hay concesiones territoriales o políticas que se le podrían hacer a Putin que la Santa Sede considere moralmente lícitas?

No me parece que competa a la Santa Sede meterse en esos detalles. Lo que la Iglesia tiene el deber de recordar son los criterios de justicia y caridad sobre los que deben cimentarse las relaciones entre los hombres tanto en paz como en guerra. Hoy en día se transgreden las leyes que rigen la convivencia civil, tanto en la paz como en la guerra. ¿Cómo se pueden extrañar de las masacres infligidas a la población ucraniana quienes aprueban la matanza sistemática de ese homicidio de estado que es el aborto?

Ha habido otras crisis internacionales gravísimas en las que los papas han aportado una contribución decisiva a fin de evitar un peligroso recrudecimiento. Por ejemplo, la de los misiles de Cuba. ¿Tiene Francisco el deber de hacer algo semejante?

Benedicto XV se esforzó mucho en el terreno diplomático para poner fin a la Primera Guerra Mundial, a la que calificó de matanza inútil. Desgraciadamente, no lo consiguió. Está bien que la Iglesia intente contribuir a la paz por medios diplomáticos. Pero más importante todavía es que se valga de su Magisterio para sentar las condiciones que conduzcan a una verdadera paz.

¿Qué consecuencias puede tener la consagración de Rusia y Ucrania al Sagrado Corazón de María?

Recuerdo que en Fátima la Virgen pidió la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado. Durante más de un siglo no se le ha hecho caso.

¿No?

Francisco parecía ser el papa menos indicado para hacerlo, y tampoco lo hizo cuando fue a Fátima el 12 y 13 de mayo de 1917. Pero el pasado 25 de marzo, inesperadamente, obedeció la petición que se hacía en el mensaje de Fátima.

¿Qué significado tiene ese gesto?

Tiene mucha importancia histórica, y confirma que se acerca el cumplimiento de la profecía de Fátima.

Explíqueme.

La Virgen anunció que, por la impenitencia de la humanidad, varias naciones serían destruidas. Terrible vaticinio, aunque esté sujeto a condiciones, porque la conversión podría evitar dicho castigo. Pero lo que no está sujeto a condiciones y es irrevocable es la promesa de María.

O sea…

El triunfo final de su Corazón Inmaculado. Esta promesa debe llenar de esperanza el corazón de todo católico.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

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