En el último número de Correspondencia Romana hemos hablado acerca de cómo en el Sínodo en el Amazonas no se demostró ningún interés respecto al sacramento del Bautismo, el primer acto de la conversión al Cristianismo. Para dar testimonio de esta realidad absurda de nuestros días, donde en la práctica el bautismo se ha convertido en un simple adorno, que se propone u omite según las circunstancias, está la Misión Catrimani de los Misioneros de la Consolata (glorioso instituto fundado por el Beato José Allamano, 1851-1926, cuyo tío fue San José Cafasso y San Juan Bosco su maestro) en la región situada al sur de Venezuela y de los estados brasileños de Amazonas y Roraima. La Misión Catrimani, actualmente dirigida por el P. Corrado Dalmolego, está situada junto al río del mismo nombre, donde viven los yanomami, una población tribal y animista1. Dalmolego se encuentra en este lugar desde hace 11 años y representa al máximo lo que significa conversión integral y ecológica pedida por el Papa Francisco durante el Sínodo amazónico.

Él considera a los yanomamis como portadores de valores, ya que sus creencias religiosas son cultura, «experiencia de su propia religiosidad y espiritualidad«. Cree que ellos pueden «ayudar a la Iglesia a purificarse de esquemas, estructuras mentales que pueden haberse vuelto obsoletas o inadecuadas» y pueden socorrer a la Iglesia para «defender este mundo» a efectos de «construir una ecología integral«, «creando puentes entre el conocimiento tradicional y el moderno conocimiento ecológico de la sociedad occidental«. Según este «misionero», en sintonía con los signos de los tiempos, la misma Iglesia es enriquecida por los yanomami a través de la «investigación realizada sobre chamanismo, mitologías, diferentes conocimientos, visiones del mundo y visiones de Dios«, porque el diálogo interreligioso ayuda a los «misioneros» a «descubrir la esencia de nuestra fe, a menudo disfrazada con adornos y tradiciones culturales«. Ellos también pueden invocar al Dios de los blancos, apropiándose, así, de algo diferente, sin renunciar por ello a sus tradiciones «Por una parte, esto se puede etiquetar como sincretismo o relativismo«, afirma, pero por otro lado, ¿quién podría culparlos? La Iglesia ya no es jueza de lo que es verdadero y lo que es falso. Abandonó la Gloria de Dios, la Civilización Cristiana, la salvación eterna de las almas. De hecho, afirma el P. Dalmolego: «No poseemos la verdad» y si la Iglesia ya no posee la Verdad revelada por el Hijo de Dios Encarnado, toda opinión se vuelve válida, incluida la de los indios del Amazonas. El P. Dalmolego está allí con los yanomami para intercambiar ideas y solidarizarse, para socorrerlos en sus necesidades de nutrición y salud, no para anunciar la Buena Nueva del Redentor, está ahí para mantener, como él dice, «una misión de presencia y diálogo», donde nadie, en los últimos 53 años, ha sido bautizado. Suciedad, desorden, falta de higiene, desnudez, promiscuidad son las características de estas personas con un espíritu nómade. Al entrar en la pubertad, los hombres de la tribu comienzan a tener varias mujeres, incluidas adolescentes. Los hombres inhalan regularmente polvos alucinógenos de origen vegetal (Piptadenia, Virola, etc.), que llaman epená, para entrar en contacto con los espíritus eternos (Hekurà) de los animales, de las plantas y de los fenómenos de la naturaleza. El uso del epená forma parte de los rituales mágicos para llamar a los espíritus y hacerlos penetrar en el propio cuerpo. Los chamanes también lo usan en rituales de sanación como un medio para identificar una enfermedad mediante la comunicación con los espíritus. El infanticidio es un uso arraigado entre los yanomamis. La madre elige: acoger a su recién nacido o matar al niño enterrándolo vivo. El infanticidio elimina a los niños nacidos con malformaciones o como una forma de selección de sexo, ya que los varones son preferidos como primogénitos. Si nacen gemelos, solo uno está autorizado a vivir. Si los dos son hombres, el más débil es asesinado. El homicidio en el caso de gemelos se lleva a cabo para evitar el cuidado de dos niños al mismo tiempo. Otra costumbre horrorosa es el canibalismo ritual: se alimentan de las cenizas de los huesos del cadáver de un pariente muerto, porque creen que ahí radica la energía vital del difunto y, por lo tanto, así se reintegra a la comunidad familiar. Cuando los yanomami, de naturaleza guerrera, matan a un adversario en territorio enemigo, practican esta misma forma de canibalismo con la intención de purificarse.

¿Nadie va a explicar a estas personas lo que es la Santísima Trinidad y qué es la Civilización Cristiana? Hay grupos étnicos, como los yanomami, que resisten tenazmente sus creencias y no es fácil conquistarlos para el bautismo, pero no por esto hay que renunciar a Cristo y a la Esposa de Cristo para ser por ellos instruídos, como, en cambio, lo está haciendo la Iglesia del rostro «pluriforme», en este caso amazónico, que es una expresión de la exhortación Evangelii gaudium del Papa Francisco: «Este Pueblo de Dios se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno de los cuales tiene su cultura propia. La noción de cultura es una valiosa herramienta para entender las diversas expresiones de la vida cristiana que se dan en el Pueblo de Dios. Se trata del estilo de vida que tiene una sociedad determinada, del modo propio que tienen sus miembros de relacionarse entre sí, con las demás criaturas y con Dios. […] La gracia supone la cultura, y el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe […] En las manifestaciones cristianas de un pueblo evangelizado, el Espíritu Santo embellece a la Iglesia, mostrándole nuevos aspectos de la Revelación y regalándole un nuevo rostro. En la inculturación, la Iglesia «introduce a los pueblos con sus culturas en su misma comunidad»[90], porque «los valores y las formas positivas» que toda cultura propone «enriquecen la manera de anunciar, concebir y vivir el Evangelio»[91]. Así, «la Iglesia, asumiendo los valores de las diversas culturas, se convierte en “sponsa ornata monilibus suis”, “la esposa que se adorna con sus joyas” (cf. Is. 61,10)». Ello porque, declara el Papa Francisco, «es necesario que todos seamos evangelizados por ellos«, en este caso, por los indios del Amazonas (). Todo esto bajo el patrocinio de San Francisco de Asís y en nombre de la encíclica ambientalista Laudato si‘, para una conversión ecológica que implica un nuevo estilo de vida para la solidaridad global y un nuevo camino de libertad, entrelazado con el mundo entero. y toda la creación. ¿Quién es hoy, entonces, el misionero? Es un operador ideológico y social, como explica el sacerdote español P. Ramón Lázaro Esnaola de las Misiones de la Consolata. Sus respuestas son tan impresionantes como abstractas, imprecisas y caducas:

«El misionero de hoy tiene una fuerte experiencia personal de Dios. Él conoce a Dios y es conocido por Él. Tiene una relación cotidiana con Él según el momento en que está viviendo […] ama el pueblo al que es enviado. Se informa, estudia la historia, escucha la música, mira el cine. En última instancia, busca imbuirse de la cultura que lo acoge […] El amor nace del conocimiento, del entender, del comprender. El amor también es crítico y descubre las rupturas que causa el Evangelio«. ¿Y dónde están la oración, el catecismo, los sacramentos? Ni siquiera habla de eso, porque el misionero de hoy «Es un artista de fraternidad. Un artesano de comunión. Un apasionado de la vida comunitaria y de las relaciones interpersonales. La comunidad es el microcosmos del reino de Dios. Una utopía. Un lugar liberado donde el perdón, la fiesta, la alegría y el discernimiento son constantes. Necesitamos referentes y una comunidad unida en la diversidad«. ¿Existen más géneros, más familias, más opiniones, más pecados, más vicios, más errores, más mentiras, más religiones, más horrores …? Por qué, entonces, debe el misionero distanciarse y enseñar, por orden de Jesucristo, cómo lo hicieron los Apóstoles y todos los misioneros extraordinarios en la historia de la Iglesia? Ya no es el momento … el muro del Comunismo (teología de la liberación) tarda en morir, como el masónico (neohumanismo y globalismo). El misionero de estilo amazónico debe interconectarse y aprender del mundo, porque ahora es del mundo: ha evolucionado tanto que se convirtió en primordial, rindiendo culto a la Pachamama.

1 N. del T.: El animismo no es una religión estructurada como tal, sino un sentimiento religioso, común a varias formas de creencia (sobretodo africanas), según el cual no solo los hombres están dotados de alma sino también los animales, vegetales y hasta los objetos inanimados.

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