En torno a las nuevas consagraciones episcopales de la FSSPX

La candente cuestión de las futuras consagraciones episcopales de la FSSPX ha suscitado una enorme repercusión en los medios periodísticos donde se han vertido una impresionante cantidad de opiniones, obviamente a favor y en contra, oscilando los argumentos desde lo ridículo e irrespetuoso hasta lo sensato y edificante.

Indudablemente que entre estos últimos han sobresalido teólogos y eclesiásticos de diversa extracción, haciendo gala de sólidos conocimientos e idoneidad para intentar un acercamiento entre ambas posiciones, aparentemente irreconciliables.

Por otro lado, han saltado al ruedo espontáneos del más variado pelaje, oficiando de canonistas consumados y maestros en teología y colonizando las columnas de comentarios en diversos sitios de internet.

Decía con humor Groucho Marx que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico erróneo y aplicar después los remedios equivocados”. Parecería que la práctica de este arte ha sido profusamente practicada desde el Concilio Vaticano II, especialmente en el caso de la FSSPX, por las autoridades vaticanas.

El principal problema que se buscó y encontró, fueron las consecuencias emanadas de la ambigüedad dialéctica y doctrinal de fondo de los documentos conciliares que fueron aprovechadas por los neo modernistas para constituir una inestabilidad dogmática (en parte proveniente de la falta de definiciones del Magisterio durante el concilio, amparado en una postura pastoral a ultranza), y desarrollar todas las teorías del progresismo teológico que con fuerza fueron madurando desde los años cuarenta y cincuenta del siglo XX.

El diagnóstico erróneo fue subestimar el alcance del movimiento fundado por monseñor Lefevre, prever su completa extinción en corto tiempo y no percatarse de un ingente número de católicos que, si bien no se alineaban abiertamente en sus filas, si conformaban y aún conforman, un respaldo moral en retaguardia de magnitud considerable.

Los remedios equivocados fueron las excomuniones a diestra y siniestra, la formación de comisiones que jamás se avinieron a un diálogo crítico sobre los puntos objetados por monseñor Lefevre sobre los documentos conciliares y los esfuerzos encaminados a marginar a toda costa al movimiento refractario.

Debemos entender que la actual situación amerita una gran dosis de prudencia por ambas partes involucradas. Existe una sensación de desenlace de esta situación que indudablemente no se restringe a la futura consagración de obispos sino a una profunda clarificación de diferentes aspectos canónicos y doctrinales nacidos de las tinieblas posconciliares y agravados hasta el catastrófico pontificado bergogliano, cuyas resacas aún perduran y gozan de buena salud bajo el actual reinado leonino.

Nos encontramos pues ante un punto de inflexión que muchos procuran resolver probablemente con nuevas excomuniones que conducirían a una situación sin retorno de la FSSPX. Sin embargo, existe un profundo deseo de la gran mayoría de católicos de solucionar definitivamente este conflicto en aras de contribuir a la plena comunión de la iglesia.

La tercera posición estaría conformada por aquellos que se beneficiarían que continuara esta circunstancia, sea manteniendo el statu quo de la Fraternidad o programando nuevas excomuniones en un processus in infinitum

El permanecer sujetos a los designios de la Providencia Divina a través de la fe y especialmente de la oración, se plasmará en nuestra colaboración tanto en la labor de la Santa Sede como en la de la Fraternidad, la cual estriba en partes iguales, en la insoslayable responsabilidad de obrar de acuerdo al antiguo adagio: “In necessariis unitas; in dubiis libertas; in omnibus caritas”.

Anselmo A. González

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