SÍ: ALEA JACTA EST

Franca y cordial. Con esta frase definen ambas partes el momento que marca el final de las consideraciones y la inconducencia de la argumentación, dando inicio a los “hechos”. La suerte está echada.

Lo de franca y cordial no es para nada una hipocresía diplomática. De un lado y del otro las puestas han sido marcadas con toda claridad y sin las ambigüedades a las que se acostumbró hasta la fecha, “no pensamos discutir ni el Concilio ni la reforma litúrgica” dice una parte, y la otra “no pensamos aceptar ni el Concilio ni la reforma litúrgica”, pero más allá de esos puntos que documentan y enmarcan la litis, ambos saben que hay un abismo espiritual entre ambos, por lo cual ya no cabe ni enojarse por un quítame de allí estas pajas. Quizá me podrán decir que no hay “cordialidad” una vez que se blanden amenazas, pero insisto que la declaración no es mendaz, quien fija abiertamente sus puestas y muestra un palo, abre su corazón. Los anuncios de sanciones expresas y definidas no excluyen ni la franqueza ni la cordialidad. Cuando el garrote no se esconde en la espalda, todo hombre viril agradece la posibilidad de una buena pelea cara a cara y a corazón abierto.

Progresismo y Tradicionalismo han puesto las cartas sobre la mesa y toda la escoria que ha creado el Conservadorismo, de buena y de mala fe, para ganar tiempo en la esperanza de que la confusión permita una subsistencia de medias verdades masculladas con tapaderas de bocas, de cargos vaciados de función pero con algo de presupuesto, aguardando que el tiempo – viejo traidor si lo hay – haga el trabajo que sus voluntades rehúyen.

Claro que el conservador no quiere ver y siempre será ciego a todo lo que lo obliga al enfrentamiento valiente y descree de aquella paradoja de que “el que pierde gana”. Dos Iglesias con un mismo Papa (como bien profetizaba el Padre Meinvielle) ya definen los perfiles para entrar de lleno a tiempos decisivos. Con la historia transcurrida ya hasta podemos definir los nombres que tiempo atrás se ensayaran: la Iglesia del Magisterio y la Iglesia Sinodal. Nombres que se definen a partir de la concepción de las Fuentes de la Verdad que salva las almas.

La Iglesia del Magisterio, primordial hierro bruto forjado en el tomismo, entiende que la Verdad que salva viene de la Revelación del Dios hecho hombre, puesta en manos de la autoridad apostólica de su Iglesia (no del pueblo ni de la historia), Madre y Maestra, que se pronuncia de manera infalible a través del Pontífice iluminado directamente por el Espíritu Santo, con declaraciones ciertas y dogmáticas, declaraciones que para que sean plenas de certeza deben expresarse en un lenguaje filosófico que conciba la capacidad intelectual de definir verdades válidas para siempre y en todo lugar.

La Iglesia Sinodal, plástico y dinámico elán descripto por la filosofía moderna hegeliana, entiende que la verdad es una conquista del hombre colectivo en la historia a través de su aventura existencial, asistidos por un espíritu que se vuelca desde los avatares de la historia, única maestra, que se evidencia por medio de un esfuerzo hermenéutico de los filósofos-teólogos (falsos profetas) que encarnan al espíritu de cada época. Que se expresa mediante una doxa siempre sujeta a nuevas síntesis, para la que debe usarse un lenguaje suficientemente no-asertórico para no retener la dinámica con fórmulas dogmáticas. El Pontífice es el encargado de dar continuidad a ese esfuerzo hermenéutico, liberándolo de las interferencias de intereses mercenarios o de esquemas rígidos. Su función es metodológica, no magisterial ni dogmática.

En la primera el Papa “define” y obliga, ENSEÑA. En la segunda el Papa “ESCUCHA” (dicho expresamente hace pocos días) y encausa, aprende de la historia que ha convertido en un ente autónomo EQUIPARABLE A LA PROVIDENCIA DIVINA.

En la primera, el logos, el Verbo, se hizo carne en el Cristo de una vez y para siempre recuperando mediante su Pasión, su Sacrificio (punto culmine), la relación con el Padre Ofendido; pero este Verbo es Misterio que se paladea y se penetra por la inteligencia en la medida que esta se supera y entra en la vida de la Gracia que emana del Sacrificio, y que espera su develación total en la Vida Futura. Adquisición de lucidez que no es una aventura humana, sino Cristiana (de Cristo en nosotros), pues el pecado no nos permite acceder a Toda la Verdad de Dios (ni siquiera a la nuestra) si no es en la docilidad y la humilde obediencia a la Autoridad, pero que devela todas sus consecuencias y concreciones históricas, necesarias para la vida buena de manera indubitable en el Magisterio Infalible de los Papas. Papas que encabezan una lucha a muerte entre dos Ciudades antagónicas, la Iglesia y el Mundo, ciudades que viven dos historias muy diferentes, la una que se convertirá en Esplendor y la otra que terminará en catástrofe espiritual y material y a las que vemos ascender o abismarse en la aventura de nuestras vidas.

En la segunda el “logos” es un proceso de develación progresiva del Mito Cristiano (ya no Misterio inalcanzable, sino aventura que se significa desde el mito evangélico en la infancia de la historia y que conquistará el espíritu humano en la madurez de su historia). Mito expresado por la Escritura y “significado”, no realizado, en la vida del Cristo, cuyo culmen es la resurrección y la iluminación por el espíritu a Todo el Mundo (al que hay que “amar apasionadamente”), durante el transcurso de una historia que es la misma para todos, claro que sufriendo dolores de parto en un proceso dialéctico, y de la que esperamos un mismo final universal. Mito que debe irse cancelando con el arribo de una maduración humana (ya para muchos no intelectual, ni moral, sino tecnológica).

Ha producido mucho escozor emocional el reciente y atrevido comienzo de derribo del “Mito Mariano”, pero no nos damos cuenta que ha sido mucho más violento, aunque difícil de captar, el derribo del Mito “Cristo Ofrenda” por el Cristo Cósmico del jesuitismo tellardiano.

No logro entender a algunos que sostienen un “desencuentro de magisterios contradictorios”, cuando el asunto es, desde la más somera lectura de la filosofía que los inspira, desde el liberalismo que los vicia y desde la más expresa aserción de sus principales cabezas, UNA DEFECCIÓN TOTAL DE LA FUNCIÓN MAGISTERIAL Y MATERNAL DE LA IGLESIA. El asunto es Magisterio contra Hermeneútica de la Historia.

El que los bandos se hayan definido dentro de la cúpula de la Iglesia, no quiere decir que no habrá esfuerzos del irenismo conservador para buscar falsas soluciones sincretistas pactadas con descontento y reculando, pero los tiempos se aceleran y la confusión provocada por la falta de Magisterio durante estos interminables setenta años, ya no sólo ha mellado en el conservadurismo la buena y sana doctrina, provocando inexplicables dislates en sus mentes, sino que por ineludible consecuencia sus morales van perdiendo el anclaje de los principios seguros y cayendo en relativismo y en una moral de situación. No puedo dejar de recordar aquella “Conclusión” del P. Meinvielle en su obra “De la Cábala al Progresismo”.

Uno se encuentra con la total incomprensión del honor y el coraje católico, teniendo que escuchar como buenos consejos las propuestas vergonzosas de la astucia y el doblez, el “¡no tiréis los dados!”. Y estamos tratando de no indignarnos por el insulto que suponen, no sólo para uno, sino para todos aquellos que desde el Coliseo, los setos de la Vendée, las sierras del México heroico o de la España católica, que no temblaron en dar su sangre por mucho menos de lo que hoy nos quitan.

O la incomprensión del “estado de necesidad” cuando el estado de necesidad es sobre la salvación de las almas de los prójimos. La frase les parece una astucia (probablemente no tienen hijos, ni amor viril), pues para ellos están las mil salidas cobardes y burguesas con que pasar la vida acomodadamente en este mundillo tibio. Hasta que descampe, piensan. O hasta que sea escupido de Su boca, pienso yo.

Dardo Juan Calderón
Dardo Juan Calderón
DARDO JUAN CALDERÓN, es abogado en ejercicio del foro en la Provincia de Mendoza, Argentina, donde nació en el año 1958. Titulado de la Universidad de Mendoza y padre de numerosa familia, alterna el ejercicio de la profesión con una profusa producción de artículos en medios gráficos y electrónicos de aquel país, de estilo polémico y crítico, adhiriendo al pensamiento Tradicional Católico.

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