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Francisco, papa. No puede haber nadie más infalible

Se muestra dispuesto a reevaluar el dogma de la infalibilidad. Pero en realidad concentra en sus manos todo el poder, mucho más que sus últimos predecesores. Y se comporta como monarca absoluto.

En los últimos días ha tenido mucha resonancia el anuncio del teólogo Hans Küng de que el papa Francisco ha dado luz verde para «discutir sin restricciones el dogma de la infalibilidad »:
> P. Hans Küng dice que Francisco respondió a su solicitud de debatir sin restricciones el dogma de la infalibiidadPero curiosamente, al contrario de todo lo que cabría esperar, Küng no ha hecho pública la carta que le ha escrito el Papa en respuesta a la mencionada petición. Se ha limitado a describirla. Quizás porque la carta no era tan categórica como le ha hecho creer.

En realidad, Francisco no resulta no tan dócil cuando reivindica la propia autoridad pontificia como «suprema, plena, inmediata y universal», tanto en el gobierno como en el magisterio.

Es más, sin duda es él el pontífice que en el último medio siglo ha exaltado más que ningún otro esa autoridad suprema, no sólo en la Iglesia Católica, sino sobre toda la Cristiandad, y para apoyarlo cita la constitución dogmática Pastor aeternus del Concilio Vaticano I de 1870, la que proclamó la infalibilidad ex cathedra del Papa.

Pero vayamos por partes.

La solicitud de Küng a Francisco apareció simultáneamente y en varios idiomas el pasado día 9 en diversos diarios del mundo. En Italia, por ejemplo, la publicó La Repubblica, el más importante periódico laico, progresista y ultrabergogliano:

> Revoquemos la infalibilidad papal

No tiene nada de sorprendente. Desde siempre, Küng ha intentado acabar con el dogma de la infalibilidad pontificia. El proceso que concluyó en 1979 con la inhabilitación para enseñar teología católica tuvo su origen en dos libros que había publicado una decena de años atrás, titulados respectivamente: La Iglesia e ¿Infalible? Una pregunta.

Además, todos los ensayos que ha escrito sobre dicho tema, recogidos en el quinto volumen de sus obras completas, que se están publicando este año en Alemania, le han dado motivo para solicitar públicamente a Francisco que se entable un debate libre, abierto y sin prejuicios sobre todas las cuestiones no resueltas o reprimidas ligadas al tema de la infalibilidad.

Küng dirigió la solicitud al Papa personalmente y en lengua española. Y poco después de Pascua se vio cómo entregaban en su casa de Tubinga, a través de la nunciatura en Berlín, la carta de contestación, fechada el 20 de marzo.

La misiva del Pontífice principiaba con un amistoso «Lieber Mitbruder», querido hermano, escrito de puño y letra. Pero estas son las únicas palabras citadas por Küng entre comillas al referirse al contenido. Se ignora cuánto del resto corresponde a lo que cuenta el teólogo.

Porque es cierto que de Francisco se pueden esperar exhortaciones para debatir todo lo habido y por haber, inclusive los temas más delicados. Pero también está comprobado que tiene por costumbre alternar estas aperturas suyas con ratificaciones de la doctrina tradicional, en el continuo y nunca definitivo vaivén que caracteriza su magisterio.

En cuanto al dogma de la infalibilidad, no hay sin embargo comparación entre el debíl y dudoso apoyo que dio por un lado a la retractación del dogma, y por otro la resonante proclamación de la propia autoridad suprema que ha hecho más de una vez, siempre en ocasiones de gran trascendencia.

Las ocasiones clave fueron dos en particular.

La primera con motivo del discurso de clausura de la tempestuosa sesión inaugural del Sínodo sobre la Familia el 14 de octubre de 2014:

> «Con un corazón…»

Visiblemente irritado por el rumbo que llevaba el Sínodo, muy por debajo de sus expectativas reformadoras, Francisco dejó claro a los obispos y cardenales que en todo caso la última palabra le correspondería a él en cuanto «pastor y doctor supremo de todos los fieles», dotado de «potestad suprema, plena, inmediata y universal.» Ambas definiciones están tomadas del Código de Derecho Canónico, es decir de la armazón jurídica de la Iglesia que él no ama pero en la que en esta ocasión considera oportuno apoyarse.

Para evitar malentendidos, Francisco subrayó a los padres sinodales que el Sínodo se desarrolla «cum Petro et sub Petro”»: no sólo «con» sino también “bajo» la autoridad del sucesor de San Pedro.

La segunda ocasión clave tuvo lugar un año después, en mitad de la segunda sesión del Sínodo sobre la Familia, que también le pareció decepcionante:
> «Mientras se encuentra en pleno desarrollo…»

Era el 17 de octubre de 2015, quincuagésimo aniversario de la institución del sínodo delos obispos, lo cual brindó al Papa la oportunidad de describir con las siguientes palabras la dinámica de un sinodo:

«El camino sinodal comienza escuchando al pueblo. […] Prosigue escuchando a los pastores. […] Además, el camino sinodal culmina en la escucha del obispo de Roma, llamado a pronunciarse como “pastor y doctor de todos los cristianos».

Ojo: Francisco no volvió a citar, como lo había hecho un año antes, el canon 749 del Código de Derecho Canónico, que proclama la autoridad del Papa sobre los christifideles, es decir los fieles que pertenecen a la Iglesia Católica.

En esta ocasión, la cita la tomó de la constitución dogmática Pastor aeternus del Concilio Vaticano I, según la cual la autoridad pontificia se extiende a «todos los cristianos», o sea, idealmente también a los protestantes, ortodoxos, evangélicos y todo el universo de bautizados llamados a reintegrarse a la única Iglesia.

Y la del Papa es una autoridad de pastor, y también de doctor, que en el mismo párrafo de la Pastor aeternus se proclama como infalible, especificando en qué sentido y dentro de qué limites. Añadiendo inmediatamente después el anathema sittípico de toda definición dogmática:

«Si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema».

Nótese que también el Concilio Vaticano II, en el nº 25 de la constitución Lumen gentium, cita igualmente la Pastor aeternus del Concilio Vaticano I, pesadilla de Küng y similares:

> Lumen gentium

Pero da un pequeño paso atrás en lo que se refiere a lo que ha hecho Francisco en realidad: no extiendeel magisterio infalible del Papa a «todos los cristianos», no sólo los fieles católicos.

En su discurso del 17 de octubre de 2015, Francisco siguió insistiendo en el sub Petro con más ardor todavía que el año anterior:

«El hecho de que el Sínodo actúe siempre cum Petro et sub Petro, –por tanto, no sólo cum Petro, sino también sub Petro— no es una limitación de la libertad, sino una garantía de la unidad».

Cabe suponer que ya tuviera en proyecto lo que iba a escribir en la exhortación postsinodal Amoris lætitia, valiéndose de la propia autoridad suprema para ir mucho más allá de donde se disponía a llegar el sínodo.
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En el texto latino de la Pastor aeternus, como recoge el Denzinger, la cita utilizada por Francisco en su discurso del 17 de octubre de 2015 está tomada del párrafo 3074, en el que se define la infalibilidad papal ex cathedra, seguida del anathema sit contra quien se oponga:
> Constitutio dogmatica “Pastor aeternus” de Ecclesia ChristiVersión castellana del documento:

> El eterno Pastor…”

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Declaración de la Congregación para la Doctrina de la fe del 15 de febrero de 1975 sobre los libros de Hans Küng La Iglesiae ¿Infalible? Una pregunta:

> Declaración…

Declaración anterior del 24 de junio de 1973 en defensa del dogma de la infalibilidad puesto en duda por Küng, al que, sin embargo, no se nombra (también en italiano):

> Mysterium Ecclesiae

Declaración del 15 de diciembre de 1979 en la que se revoca la facultad de Küng para enseñar como teólogo católico:

> Declaración…

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Al presentar el pasado 3 de mayo en Madrid, en la Universidad Francisco de Victoria, su último libro Informe sobre la esperanza, el cardenal Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, criticó enérgicmente los ataques de Küng contra el dogma de la infalibilidad:

> El prefecto de doctrina de la fe niega la posibilidad de comulgar a los divorciados recasados

La infalibilidad, según Müller, es «un tesoro y la esencia de la eclesiología católica». Por eso Küng «no puede decir que se siente justificado por el Papa».

«Ni su cristología ni su eclesiología son católicas», añadió el purpurado. Küng «no cree en la divinidad de Cristo ni en la Santísima Trinidad».

Sandro Magister

[Traducido por J. E. F. Artículo original.]




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