III Domingo de Adviento
(Jn 1: 19-28)

Juan estaba en el Jordán anunciando la próxima llegada del Mesías…, mientras que le preguntan ¿tú quién eres para que hagas esto? Y Juan responde: “Yo soy la voz del que clama en el desierto: Preparad los caminos del Señor”. Palabras misteriosas pero que son la clara expresión de lo que es la tragedia de la vida de un ministro de Dios: predicar en el desierto. Clama en el desierto porque no es una voz escuchada.

En cambio la palabra de los falsos profetas sí que es escuchada; al menos en la actualidad. Como ya nos anunciaba San Pablo: “Vendrán tiempos en los que los hombres se apartarán de la verdadera doctrina y abrazarán falsan enseñanzas”. Ellos seducirán a muchos con sus falsas enseñanzas. Como ya decía el Señor: “Ellos son del mundo y hablan del mundo; por eso el mundo les escucha”.

En estos tiempos de apostasía y derrumbamiento no tiene nada de extraño que el ministro de Dios sea rechazado. Pero a pesar de todo, el verdadero ministro de Dios tiene que seguir difundiendo la Palabra de Dios.

Llevo más de sesenta años intentando predicar la Palabra de Dios; en ocasiones he sido rechazado, pero también he sido escuchado. Cuando esta labor se hace animado por el auténtico amor a Dios, se hace más fácil.

Los hombres no conocen lo que es la perfecta alegría. Hoy día se vive sin Ilusión, con mayúsculas. Y se vive sin ilusión cuando no se ama. “En medio de vosotros hay uno a quien no conocéis, a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias”. Palabras de gran actualidad, pues está Jesús en medio de nosotros pero no le conocemos. ¿Y si el Señor se tropezara con vosotros como se tropezó conmigo? El Señor me tuvo que preguntar hasta tres veces si le amaba antes de darle una respuesta positiva. Todo es cuestión de escuchar a Cristo y abrirse a la Verdad.

Siguen palabras muy consoladoras imposible de resumirlas en cuatro líneas.

Padre Alfonso Gálvez
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com