La batalla de las ideas de San Francisco de Sales

En enero se celebra la festividad litúrgica de San Francisco de Sales, pero se cumple además otro aniversario: su proclamación como patrono de los periodistas y escritores católicos, que tuvo lugar el 26 de enero de 1923.

Francisco de Sales nació el 21 de agosto de 1567 en el ducado de Saboya. Estudió en París y más tarde en Génova. Fue ordenado sacerdote en 1593 y consagrado obispo de Ginebra el 18 de diciembre de 1602. Falleció el 28 de diciembre de 1622 en Lyon a la edad de 52 años.

El 24 de enero del año siguiente sus restos fueron trasladados a Annecy, donde reposan junto a los de Santa Juana Francisca de Chantal, su hija espiritual predilecta, a la cual lo unía –dice el santo– «un afecto más sencillo que la nieve y más puro que el sol». Con la guía espiritual de San Francisco de Sales, Juana dedicó su vida a la fundación de una nueva orden a la que llamó de la Visitación, la cual se difundió rápidamente por Saboya y por Francia. El corazón de San Francisco de Sales, que poco antes de morir había dicho a sus hijas «Os lego mi espíritu y mi corazón», se conserva y venera en el monasterio de la Visitación de Treviso. En el convento de la visitación de Paray-le-monial la Providencia escogió a una humilde monja, Santa Margarita María Alacoque, a la que confió la devoción al Sagrado Corazón de Jesús como remedio eficaz contra la herejía jansenista que se estaba propagando en el siglo XVII.

Alejandro VI canonizó a San Francisco de Sales el 29 de abril de 1665, y el beato Pío IX lo proclamó doctor de la Iglesia el 19 de julio de 1877. Los dos libros más conocidos del santo obispo de Ginebra son la Filotea o Introducción a la vida devota y el Tratado del amor de Dios. El primero demuestra que la santidad es perfectamente conciliable con todo estado y condición, en tanto que el alma se mantenga al abrigo del espíritu del mundo. El Tratado del amor de Dios expone los orígenes y  progresos  del amor de Dios en el alma, y enseña la manera de avanzar en el mismo. Menos conocido, pero no por ello menos importante, es su libro Controversias, que contiene, según declaró Pío IX cuando lo proclamó doctor de la Iglesia, «una plena demostración de la fe católica. De ahí que, si queremos estudiar sus escritos ascéticos para llevar una vida santa y devotamente cristiana, o los polémicos en defensa de la fe y refutar a los herejes, o bien los relativos a la predicación de la Palabra de Dios, son patentes a todos los innumerables beneficios que ha producido en santísimo hombre en el pueblo católico (…) que tan valerosamente combatió por la causa de la Iglesia».

Para algunos de sus biógrafos, la suavidad de maneras era la virtud que caracterizaba a San Francisco de Sales. Santa Juana de Chantal considera no obstante que él poseía una virtud aún más señalada: el celo por la salvación de las almas. Cuando hablaba de Ginebra, decía a veces suspirando: «Da mihi animas, caetera tolle [dame almas y llévate todo lo demás], la misma frase que el cardenal Merry del Val eligió para su lápida mortuoria. La primera vez que San Francisco de Sales celebró Misa pontifical en su catedral, no pudo contener las lágrimas. Cuando su hermano Luigi le preguntó por qué había llorado, y Francisco repuso: «Porque veo a mi Iglesia ginebrina presa de la herejía y el pecado, y en vez de tener a un ángel que rompa esas cadenas tiene a un pobre pecador como tu hermano».

El papa Gregorio VIII, que conocía el celo apostólico y la inteligencia de Francisco, le confió la misión de refutar, y si fuera posible, convertir a Teodoro Beza, el sucesor de Calvino. El obispo se reunió con él, pero el jefe de los calvinistas de Ginebra, de ochenta y tantos años, estaba demasiado entregado a su cometido para convertirse. Francisco comunicó al Papa los vanos frutos de su intento, escribiendo sobre Beza: «Quedé convencido de que tenía el corazón de piedra, totalmente inmutable (…) por estar empecinado en el mal». El santo de la suavidad de maneras tenía clarísima la diferencia entre el bien y el mal, entre el error y la verdad. A su gran dedicación debe la Iglesia la vuelta al redil de 70.000 herejes que consiguió rescatar del error y traer de vuelta a la verdad. Para convertirlos, decidió rebatir sus errores mediante folletos y volantes escritos por él mismo entre una predicación y otra, de los que repartió numerosos ejemplares, y que explicaban la doctrina católica y desmentían las críticas de los protestantes.

En sus escritos, San Francisco de Sales hacía uso de una férrea lógica para argumentar, y con un estilo claro y accesible a todos defendía con firmeza la verdad sin recurrir jamás al sarcasmo ni al desprecio del adversario. Por eso, cuando Pío XI lo proclamó oficialmente patrono de los periodistas, afirmó: «Les enseña claramente la conducta a seguir: en primer lugar, deben estudiar con la mayor diligencia, y poseer según sus fuerzas, la doctrina católica; no faltar a la verdad, ni, con el pretexto de evitar la ofensa de sus adversarios, mitigarla u ocultarla; cuidar la misma forma y elegancia del decir, y tratar de expresar los pensamientos con la lucidez y belleza de las palabras, para que los lectores se deleiten con la verdad.; si se debe combatir a los adversarios, sepan refutar los errores y resistir la culpabilidad de los perversos, pero de tal manera que se manifieste que están animados por la rectitud y sobre todo movidos por la caridad».

Quien desee combatir la buena batalla de las ideas contra los errores que pululan hoy en día, no tiene más que asistir a la escuela de San Francisco de Sales.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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