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La Biblia, la Teología de la Liberación y la Ley del Jubileo

¿Será verdad que el libro del Levítico promueve la utopía de una sociedad basada en la igualdad? ¿Un nuevo gafe de Francisco en exégesis bíblica?

El capítulo 25 del Libro del Levítico narra las palabras que el Señor dirigió a Moisés en el Monte Sinaí con el propósito de instruir al pueblo elegido en seis puntos esenciales.

• La instauración del Año Sabático
• La instauración del Jubileo y su aplicación con respecto a la propiedad de la tierra.
• La ilicitud de la usura.
• La situación jurídica de los esclavos israelitas dependientes de un amo israelita.
• La situación jurídica de los esclavos extranjeros dependientes de un amo israelita.
• La situación jurídica de los esclavos israelitas dependientes de un amo extranjero.

Francisco durante la Audiencia General del 10 de febrero de 2016 refiriéndose a este capítulo 25 y citando los versículos 9.10.13 afirmó:

Cada 50 años, «en el día de la expiación» (Lv 25,9), cuando la misericordia del Señor se invocaba sobre todo el pueblo, el sonido del cuerno anunciaba un gran acontecimiento de liberación. Leemos en el libro del Levítico: «Declararéis santo el quincuagésimo año y proclamaréis la liberación en la tierra para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno volverá a su propiedad y a su familia […] En ese año del jubileo cada uno volverá a su propiedad» (25,10.13). Según estas disposiciones, si alguno se había visto obligado a vender su tierra o su casa, en el jubileo podía recuperarla; y si alguno había contraído deudas e, imposibilitado de pagarlas, hubiese sido obligado a ponerse al servicio del acreedor, podía volver libre a su familia y recuperar todas sus propiedades. (Almudi, 10 de febrero de 2016)

Francisco habiendo descrito esta realidad histórica y social del pueblo de Israel – como ya es habitual cuando incursiona en el campo de la exégesis bíblica –, extrapoló los textos citados. ¿Con qué objetivo el Obispo de Roma realizó tal extrapolación? Simplemente para acomodarlos y defender su obsesión ideológica: el igualitarismo social. En efecto, Francisco continuó:

Era una especie de “amnistía general”, con la que se permitía a todos volver a la situación originaria, con la cancelación de toda deuda, la restitución de la tierra, y la posibilidad de gozar de nuevo de la libertad propia de los miembros del pueblo de Dios. Un pueblo “santo”, donde prescripciones como esta del jubileo servían para combatir la pobreza y la desigualdad, garantizando una vida digna para todos y una equitativa distribución de la tierra en la que vivir y de la que sacar sustento. La idea central es que la tierra pertenece originariamente a Dios y fue confiada a los hombres (cfr. Gen 1,28-29), y por eso nadie puede arrogarse la posesión exclusiva, creando situaciones de desigualdad. (Almudi, 10 de febrero de 2016)

Estas afirmaciones exigen que precisemos cuatro importantes aspectos.

1. Cuando Francisco habla de “la cancelación de todas las deudas” induce a pensar que el acreedor de una deuda debía renunciar a su derecho no exigiendo el pago de la misma. Lo que en realidad sucedía era lo siguiente. El israelita que había contraído una deuda insoluble – y de acuerdo con la costumbre, obligado a venderse como esclavo hasta cancelarla – una vez proclamado el jubileo quedaba libre y era beneficiado en dos puntos esenciales. De un lado, podía volver junto con sus hijos a su familia; y por otro, recobrar su tierra perdida por la mencionada deuda (Lev 25,39-41).

2. De lo anterior se deduce que las deudas no insolubles sí debían pagarse conforme estipulaban las normas de la justicia y el derecho. Sobre ellas no valía el indulto del jubileo.

3. Las razones de este indulto estipulado por el Señor no obedecen a las razones ideológicas de carácter igualitario invocadas por Francisco. Por el contrario, los fundamentos son de orden teológico y religioso, indicados por el propio Señor como se lee en Lev 25,42-43: “Porque ellos son siervos míos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto; no han de ser vendidos como se vende un esclavo. No serás tirano con él, sino que temerás a tu Dios”.

4. Este indulto general era de gran trascendencia pues se verificaba sólo cada 50 años. Por lo tanto no era un privilegio habitual.

Francisco siguiendo con sus argumentos extrapolados agregó:

Esto, hoy, podemos pensarlo y repensarlo; cada uno en su corazón piense si tiene demasiadas cosas. ¿Por qué no dejarlas a quien no tiene nada? El diez por ciento, el cincuenta por ciento… Yo digo: que el Espíritu Santo os inspire a cada uno. (Almudi, 10 de febrero de 2016)

Al mismo tiempo fiel a su concepción revolucionaria de la sociedad –que en su óptica está compuesta por dos grupos sociales antagónicos: los explotados y los explotadores, los ricos y los pobres–, declaró:

Con el jubileo, el que se había hecho pobre volvía a tener lo necesario para vivir, y quien se había hecho rico devolvía al pobre lo que le había cogido. (Almudi, 10 de febrero de 2016)

Llamamos la atención para esta afirmación de Francisco. “Quien se había hecho rico restituía al pobre lo que le había cogido”. El original en italiano dice: “ciò che gli aveva preso”. Sí, ¡como lo leen! El rico, en su riqueza, le ha robado al pobre. Hete aquí la conclusión necesaria de eso modo de pensar. Pero volvamos al texto ¿En qué pasaje del Levítico se afirma que la Ley del Jubileo era para resarcir al pobre de sus bienes que le habían sido “cogidos” o “tomados” por el que se había hecho rico? La hermenéutica realizada por Francisco confunde pues insinúa tratarse de una acción delictuosa o injusta por parte del acreedor, lo que es incongruente con la realidad histórica y social descrita en el mencionado libro sagrado. Sigamos leyendo:

El fin era una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se convirtieran en un bien para todos y no solo para algunos como sucede ahora, si no me equivoco. (Almudi, 10 de febrero de 2016)

Francisco realmente se equivoca pues parece que nunca leyó el pasaje del Levítico 25,44-46. En estos tres versículos la Ley del Jubileo determina que los israelitas podían comprar esclavos y esclavas de las naciones vecinas, como también de aquellos extranjeros que vivían en medio del pueblo. Sí, usted ha leído bien. “Podían comprar esclavos y esclavas”. Más aún, este derecho para comprar esclavos incluía a los hijos que estos extranjeros hubiesen tenido en la Palestina. El final del versículo 45 y el inicio del versículo 46 son claros y categóricos: “Estos [esclavos o esclavas] pueden ser vuestra propiedad, y los dejaréis en herencia a vuestros hijos después de vosotros como propiedad perpetua. A éstos los podréis tener como siervos; pero si se trata de vuestros hermanos, los israelitas, tú, como entre hermanos, no le mandarás con tiranía”.

No cabe la menor duda que estas disposiciones legales establecidas por la Ley del Jubileo, de modo alguno tienen en vista instaurar una “sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se convierten en un bien para todos y no sólo para algunos”, como lo afirmó Francisco tan campante. ¿Jorge Mario Bergoglio habrá leído alguna vez el capítulo 25 del Levítico? ¿Leyó todos los puntos legales de la Ley del Jubileo? Naturalmente para comprender estas disposiciones jurídicas debemos situarnos en el contexto histórico de aproximadamente 3.200 años atrás. Se trata de tiempos antiguos en que imperaban rudas costumbres, materia que rebasa los intereses del presente estudio.

Volviendo al discurso de Francisco, se observa que éste continuó haciendo apología de su obsesión por el establecimiento de una sociedad igualitaria. Para tal propósito se sacó una carta comodín que poco convenció. Retomemos su argumento para no perder las ideas:

El fin [de la Ley del Jubileo] era una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se convirtiesen en un bien para todos y no solo para algunos, como pasa ahora, si no me equivoco… Más o menos, las cifras no son seguras, pero el ochenta por ciento de las riquezas de la humanidad están en manos de menos del veinte por ciento de la población. Es un jubileo −y esto lo digo recordando nuestra historia de salvación− para convertirse, para que nuestro corazón sea más grande, más generoso, más hijo de Dios, con más amor. (Almudi, 10 de febrero de 2016)

¿De dónde obtuvo Francisco estas cifras que según su propia confesión “no son seguras” y “son más o menos”?
¿Y si “no son seguras” y al mismo tiempo son “más o menos” por qué motivo referirlas en un discurso oficial que dentro de su pontificado crea supuestamente magisterio? ¿Qué magisterio es éste?

La fuente de esta información, como no podía dejar de ser, la encontramos en el manantial turbio de la Teología de la Liberación. Estas cifras fueron divulgadas por el dominicano brasileño y uno de los máximos exponentes de esa corriente ideológica, Frei Betto, que saltó al estrellato por haber escrito: “Fidel y la Religión” y ser amigo personal del sindicalista y ex-presidente de Brasil Luis Inácio Lula da Silva como del ex-religioso Leonardo Boff. (CubaDebate, 17 de septiembre de 2012)

Para concluir digamos que los medios de prensa fueron pródigos en destacar en sus titulares la parte final del discurso de Francisco. Sus palabras analizadas dentro del conjunto de las leyes del Jubileo – que legitiman –, como leímos, la compra y la venta de esclavos extranjeros por parte de los israelitas como de sus hijos (Lev 25,44-46) derriban por tierra la tesis socio-igualitaria de Francisco. En otras palabras, Francisco hablando del Jubileo hizo una auténtica gafe:

Os digo una cosa: si este deseo, si el jubileo no llega al bolsillo, no es un verdadero jubileo. ¿Habéis entendido? ¡Y eso está en la Biblia! No lo inventa este Papa: está en la Biblia. El fin −como he dicho− era una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero fuesen un bien para todos y no para algunos. El jubileo tenía la función de ayudar al pueblo a vivir una fraternidad concreta, hecha de ayuda recíproca. Podemos decir que el jubileo bíblico era un “jubileo de misericordia”, porque se vivía en la búsqueda sincera del bien del hermano necesitado. (Almudi, 10 de febrero de 2016)

Realmente, la supuesta “sociedad basada en la igualdad y en la solidaridad” presente en la Biblia es una mera invención de Francisco. Así, con todo respeto, le pedimos que próximamente cuando incursione en hermenéutica bíblica lea atentamente los pasajes que va citar, y dentro de su contexto, de lo contrario seguirá cometiendo gafes.

Tal vez sea su pasión ideológica aquello que lo obnubila. Con todo, razón tuvo el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Spe salvi, n. 21 cuando apuntó hacia el “error de fondo” de Karl Marx. El autor del Capital “creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables”. (Benedicto XVI, Spe Salvi, 30 de noviembre de 2007)

¿Cuáles son los otros errores de fondo de Jorge Mario Bergoglio? Veamos algunos de ellos a la luz del Supremo Magisterio de la Iglesia en estudios realizados por el Denzinger-Bergoglio aquí y aquí.




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