Después de 300 años la Escalera Santa, uno de los lugares sagrados más apreciados desde siempre por la devoción cristiana, vuelve visible en su belleza originaria, liberada de la cobertura de madera querida por el Papa Inocencio XIII en el año 1723. Los 28 peldaños de mármol, que, según la tradición, Jesús subió para llegar a la sala del Palacio de Jerusalén donde Pilatos lo condenó a muerte, podrán ser admirados durante 60 días hasta Pentecostés (que cae el 9 de junio) cuando serán nuevamente cubiertos. Después de la bendición les fue dada la autorizacíon a la fila de peregrinos que subieron de rodillas los 29 peldaños.

Gracias a una minuciosa restauración puesta en marcha desde el verano pasado, realizada por los Museos del Vaticano, la madera fue quitada, los peldaños fueron limpiados de la tierra y de incrustaciones que reservaban muchas sorpresas, como así también volvieron a adquirir una luz extraordinaria los frescos de los años mil quinientos queridos por Sixto V y que, a lo largo de 2500 metros cuadrados, decoran este Santuario de una forma muy particular.

El proyecto de recuperación conservador para restituir la belleza a todo el complejo lo puso en marcha en los años 90 la Congregación de los Padres Pasionistas que, en los años ochocientos, recibieron del Papa Pío IX el encargo de la custodia del Santuario . Los últimos dos años fueron dedicados a la Escalera Santa que, de acuerdo con la tradición, Santa Helena, madre del Emperador Constantino, la hizo transportar a Roma en el año 326. El P. Francesco Guerra, Rector de la Escalera Santa, recordó la emoción vivida por las personas que asistieron a la remoción de la protección de la madera. Los escalones estaban muy desgastados, una ranura los atravesaba a todos, excepto el último. La explicación es que los fieles, saliendo de rodillas, presionaban con la punta del pie el escalón inferior y poco a poco los erosionaron, con exclusión precisamente del último”.

No fue la única sorpresa. En el segundo escalón fue encontrada encastrada una cruz en pórfido rojo. Otra en el decimoprimero escalón, el más consumado de todos donde, según la tradición, Jesús se cayó rompiendo el mármol con las rodillas y dejando un rastro de sangre en el lugar que después fue protegido por una pequeña rejilla. Una tercera cruz de bronce está en el último escalón. El Rector recordó que “para los fieles el tocar donde ha pasado Jesús es una forma de tocar a Dios. Subiendo de rodillas los 28 escalones se entra en contacto con el dolor físico pero sobretodo moral que desgasta”. Barbara Jatta ha sacado a luz la contribución fundamental de los benefactores y mecenas que “desde hace 35 años sustentan la actividad de conservación desarrollada por los Museos del Vaticano”, lo cual en el campo de las restauraciones representa una excelencia mundial. La recuperación de los frescos de la Capilla Sixtina en la Sacristía, en la Capilla del Santa Sanctorum (San Lorenzo in Palatio) y de la Crucifixión, en las paredes de la escalera lateral, lo demuestra.

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