ADELANTE LA FE

La “Nueva Cristiandad” – o los 5 mandamientos de la auto-demolición: 2 Inmanencia del mundo

Dios es anterior al hombre. El modernismo invierte ese orden haciendo de la religión un instrumento antropocéntrico en lugar de teocéntrico.[i]

Así, bajo el empuje de Kant y Hegel (principales figuras instrumentales de la decadencia del pensamiento occidental), las corrientes progresistas reducen la teología a antropología, o si se quiere, exaltan al hombre a un nivel superlativo, como itinerario corruptor a través del cual se llega a un suicidio espiritual: un antropocentrismo inmanentista, encubierto bajo diversas formas azuzadas hacia el saqueo de lo celestial.

El dúo Kant-Hegel marca un acorde final en la sinfonía modernista, punto de encuentro de sus principios fundamentales. Estos filósofos defienden todos los principios de los que brota la religión del hombre, en la que la Revelación es producto de la imaginación y de la conciencia del creyente.[ii]

Entendemos por inmanencia la actitud del hombre que vive en la tierra como si fuera ésta su patria definitiva, no un albergue, un lugar de tránsito, sino la mansión terminal. La palabra inmanentismo viene del latín in-manere, permanecer en. Es lo contrario del trascendentalismo -de trans-scendere- que significa la disposición a ir más allá, pasar más adelante, tesitura de los que saben que esta vida es pasajera y que no se encuentra aquí la morada final, por lo que es preciso transponerla, si se quiere llegar a la meta, que está allende este mundo, signado por el espacio y el tiempo [iii].

Del hegelismo provinieron la corruptora ética de situación y el nefasto evolucionismo inmanentista elucubrado por Teilhard de Chardin S.J.; corrientes éstas que despersonalizan el concepto de Dios y del hombre, siendo por lo tanto, la filosofía hegeliana el más nefando veneno de corrupción del pensamiento cristiano y por ende, de la teología cristiana. Es este inmanentismo corruptor, kantiano-hegeliano-heideggeriano, disfrazado con el nombre de existencialismo trascendental, que Karl Rahner introdujo en la teología católica, exponiéndola al peligro del suicidio espiritual [iv], muy bien utilizado por las ideologías anti-cristianas que armaron una escatología inmanente, predicando que el fin de la historia de la humanidad es la sociedad, ya no sujeta a leyes, con la desaparición del estado, que viviría en la justicia y en la paz. Ideología que condujo al sacrificio de los individuos, incluso obligando y combatiendo, y anulando las fuerzas contrarias a esa evolución. La historia tenía una suerte de dirección obligatoria y determinística. Ha sido la gran afabulación, desastrosa en los hechos y en la misma impostación ideológica, abandonando y sacrificando millones de personas en aras de esa utopía.

La universalidad y sobrenaturalidad del Reino de Dios no consiente teocracias ni mesianismos terrenos, en contra de lo cual, en palabras de Immanuel Kant la transición gradual desde el credo eclesiástico a la absoluta soberanía de una fe religiosa pura (es decir, puramente racional) es el advenimiento del Reino de Dios,[v] una historización de los preceptos morales universales, que los traduce en pautas instrumentales de eficacia histórica, hasta llegar a una reinterpretación del Reino de Dios traducido en términos de inmanencia histórica. Una nueva gracia medible por criterios de ortopraxis y no de ortodoxia [vi], o, la modernidad descristianizada. Sí, Kant profundiza la evolución de la Revelación hegeliana.

De tal forma que se ataca el término dogmatismo, a fin de darle un sentido distinto, desde presupuestos hegelianos más o menos explícitos, ya que la mejor manera de destruir alguna cosa es reemplazarla con otra.

Siempre latente en algunas corrientes filosóficas, el inmanentismo se hace presente, de una manera evidente hoy, por ejemplo en las tesis de Leonardo Boff, que reactualiza las de Teilhard de Chardin, llamado el profeta del Cristo cósmico, mismo que afirmara en una blasfema plegaria: Dios mío…, para que no sucumba a la tentación de maldecir el Universo, haz que lo adore, viéndote oculto en él. La gran palabra liberadora, Señor, la palabra que revela y opera al mismo tiempo, repítemela, Señor: «Hocest corpus meum». En realidad, si lo queremos, el monstruo, la sombra, el fantasma, la tormenta, eres Tú… En el fondo, no son más que las especies o las apariencias de un mismo Sacramento.

Divinización del Universo, gnosis panteísta-evolucionista, que desemboca en una religión sincretista, es decir, en la convergencia general de las religiones hacia un Cristo universal que, en el fondo satisfaga a todas. Ésta le parece ser la única conversión posible al Mundo y la única forma imaginable para una Religión del futuro.

Germán Mazuelo-Leytón

[i] Cristianismo horizontal, Germán Mazuelo-Leytón.

[ii] P. Doninique Bourmaud, Cien años de modernismo.

[iii] El hombre moderno, Alfredo Sáenz S.J.

[iv] El marxismo en la teología, P. Miguel Poradowski.

[v] La religión dentro de los límites de la pura razón, Kant.

[vi] Opresión – liberación, Assman, pág. 155.

Germán Mazuelo-Leytón

Germán Mazuelo-Leytón es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Miembro de la Fundación «Vida y Familia» de su diócesis. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines