La Editorial Effedieffe presenta ahora la reimpresión del Dizionario Biblico dirigido por Francesco Spadafora (primera edición, 1948) en la forma de su tercera y última edición ampliada y corregida en 1963[i].

La presente obra es de un gran mérito porque ofrece a los lectores laicos cultos, a los seminaristas y a los sacerdotes preciosos instrumentos para profundizar en cada rama de la ciencia teológica bíblica, para estudiar y comprender mejor la Sagrada Escritura y para explicar mejor a los fieles el Evangelio dominical.

El “Diccionario Bíblico” nos ofrece las mejores garantías de seriedad científica, de unción espiritual y, al mismo tiempo, es una obra de fácil consulta, que trata toda la materia relativa a la Introducción general y específica a los Libros de la Biblia, con un comentario relativo a los pasajes más importantes.

En él se hallan tratadas cerca de 500 voces breves, precisas, concisas, profundas y altamente científicas, que pueden ser, así, comprendidas por todas las personas con un poco de conocimiento de la doctrina católica.

La vida de mons. Spadafora

Mons. Francesco Spadafora nació en Cosenza el 1 de enero de 1913; estudió en el Seminario Regional “San Pío X” de Catanzaro, confiado entonces al cuidado de óptimos Jesuitas; fue ordenado sacerdote a los 22 años, el 10 de agosto de 1935. Una vez conseguida la licenciatura en teología en la Facultad teológica de Posillipo (1935-1936), estudió desde 1936 a 1939 en el Pontificio Instituto Bíblico, del cual salió con un doctorado en Ciencias bíblicas, en 1939, por medio de su tesis Colectivismo e individualismo en el Antiguo Testamento (Rovigo, Istituto Padano di Arti Grafiche, 1953); enseñó ciencias bíblicas, durante varios años, en el Seminario regional de Asís, en el de Benevento y en el Colegio “S. Alessio Falconieri” de Roma. De 1956 a 1983 fue profesor ordinario de exégesis bíblica en la Pontificia Universidad Lateranense.

Fue profesor de Sagrada Escritura en los Seminarios Regionales de Asís y Benevento hasta que en 1950 fue llamado a enseñar al “Marianum” y, más tarde en 1956, a la Pontificia Universidad Lateranense. Gozó de la confianza del Prefecto del Santo Oficio, el card. Ottaviani, que acostumbraba a consultarle acerca de los libros de exégesis en examen en esa Sagrada Congregación. Convocado el Concilio Vaticano II, fue perito para la Sagrada Escritura en la Comisión preparatoria para los Estudios y los Seminarios.

Autor de más de 30 volúmenes y de cientos de ensayos especializados en revistas altamente científicas; secretario de la Asociación Bíblica Italiana, fundó y dirigió durante cinco años la Rivista Biblica, colaboró en Palestra del Clero, en L’Osservatore Romano, en Divinitas, en Renovatio y en otras revistas; fue redactor de la Bibliotheca Sanctorum y se encargó de más de 100 voces de la Enciclopedia Cattolica, relativas al Antiguo y al Nuevo Testamento.

Junto a mons. Antonino Romeo, combatió la exégesis modernista, que se había infiltrado en el “Biblicum” entre los años 1950 y 1960 en abierta oposición con los fines para los que el Instituto había sido proyectado por León XIII y llevado a cabo por San Pío X. Mientras mons. Romeo, desde las páginas de Divinitas, n. 4, 1960, pp. 378-456, denunciaba y combatía, con el artículo L’enciclica “Divino Afflante Spiritu” e le opiniones novae, el ruinoso giro del Pontificio Instituto Bíblico, mons. Spadafora impugnaba la exégesis herética de Rm., V, 12 propuesta por el jesuita Stanislas Lyonnet, que en realidad la copiaba de Erasmo y del criticismo racionalista. Según esta exégesis herética, el texto paulino “todos mueren porque todos han pecado” debe entenderse, no del pecado original, somo es implícitamente definido por el Concilio de Trento hasta en dos canones (II y IV sobre el pecado original), sino, más bien, de los pecados personales de cada uno. Mons. Spadafora, en el artículo Rm., V, 12: esegesi e riflessi dogmatici (Divinitas, n. 4, 1960, pp. 289-298), demostró que el jesuita Lyonnet, además de aducir inconsistentes argumentos filológicos, no tenía para nada en cuenta el Magisterio Infalible de la Iglesia y llamó la atención sobre el deber del exegeta católico de tener siempre presente el Magisterio de la Iglesia cuando esta ha dado la interpretación auténtica de un texto que afecta al dogma.

En el conflicto, que se configuraba gravísimo, también porque involucraba a la Sagrada Congregación de los Seminarios y de las Universidades (mons. Romeo), a la Pontificia Universidad Lateranense (mons. Spadafora) y al Pontificio Instituto Bíblico (Stanislas Lyonnet S.J.), intervino el Santo Oficio, que, tras un profundo examen, escuchadas las dos partes, condenó al jesuita Lyonnet y a su hermano en religión Zerwick, alejándolos de Roma y de la enseñanza.

Dos años después, sin embargo, Pablo VI, apenas elegido, llamó de nuevo a Roma a los “exiliados” y los reintegró a la enseñanza en el Bíblico, sin otra razón que su personal filomodernismo y sin ninguna retractacción por parte de ellos. Fue el tácito aval dado por el papa Montini a la “nueva exégesis” modernista-racionalista, con el consiguiente triunfo de los biblistas “innovadores”. Desde entonces, la interpretación herética de Rm., V, 12 propugnada por Lyonnet ha prevalecido. Pero a mons. Spadafora (como a mons. Romeo) le queda el mérito, ante Dios y ante los hombres, de no haberse salvado a sí mismo, exponiéndose a toda forma de ostracismo, con tal de impedir el hundimiento de la exégesis católica precisamente por obra del Instituto que, en la tarea que le confiaron los Romanos Pontífices, debería haberla, en cambio, defendido contra el modernismo.

Con idéntico valor, sin temer ir contracorriente y sin preocuparse por el éxito, sino únicamente por amor a la Verdad y a la Iglesia, mons. Spadafora entabló en el postconcilio una tenaz batalla (iniciada ya durante el Concilio) en defensa del dogma de la inerrancia absoluta de la Sagrada Escritura (así lo había definido en 1917 la Pontificia Comisión Bíblica) y en defensa del origen apostólico y de la plena historicidad de los Evangelios, especialmente de su fecha de composición, atestiguada por la tradición. La exégesis neomodernista, en efecto, se ha esforzado por limitar la inerrancia de las Sagradas Escrituras a las solas expresiones relativas a la fe y a la moral, y por negar la historicidad de los Evangelios y su origen apostólico, retrasando lo más posible su fecha de composición para dar tiempo a la “comunidad primitiva” para… inventar los cuatro Santos Evangelios.

En el cuadro de esta lucha se coloca el mérito de mons. Spadafora de haber sacado a la luz un precioso descubrimiento del jesuita p. O’Callaghan, que, en cambio, sus hermanos de religión del Bíblico habían deliberadamente relegado al olvido.

Nos referimos al célebre fragmento pariráceo “7Q5”, encontrado en las cuevas de Qumrán, con los vv. 52-53 del capítulo VI de San Marcos. Este fragmento, asignado al 50 d. C., confirma científicamente lo que la Iglesia ha enseñado tradicionalmente sobre la fecha de composición del segundo Evangelio. Ya el estudioso protestante Carsten Peter Thiede había roto la conjura del silencio sobre el providencial descubrimiento, pero el mérito de haberlo divulgado, sacándolo de un restringido círculo de “especialistas”, fue de mons. Spadafora. Sus artículos sobre este tema (v. sì sì no no, 15 y 30 de abril de 1990) atrajeron la atención de Il Sabato y de 30 Giorni, que, a su vez, llamaron la atención de la prensa internacional y de los especialistas.

El descubrimiento de O’Callaghan se volvió así de dominio público y fue irrefutablemente confirmado por papirólogos y arqueólogos de fama mundial. Incluso el card. Martini, que, en la época del descubrimiento, era Rector del Bíblico y había disuadido a Pablo VI de darlo a conocer, tuvo que admitir – a la fuerza – que el pequeño fragmento “7Q5” contiene “una excepcional confirmación documental de lo que la Iglesia ha enseñado ininterrumpidamente durante diecinueve siglos” (30 Giorni, junio de 1991).

Mons. Spadafora no solo fue un estudioso, sino también un apóstol y un sacerdote de una fe tan sencilla como profunda, comprometido especialmente en la dirección espiritual de las religiosas. Además, fue director espiritual de sor Elena Aiello, la “monja santa”, ahora beata, y un verdadero padre espiritual para as hermanas Discípulas del Cenáculo de Velletri, fundadas por don Putti, junto a las cuales vivió los últimos 10 años de su vida († 10 de marzo de 1997).

Colaboró asiduamente en sì sì no no para combatir junto a otros muchos teólogos el modernismo que penetró con el Concilio Vaticano II en las entrañas de la Iglesia y hasta su vértice. Su último libro fue la biografía de don Putti (Araldo della Fede cattolica), que, gracias al quincenal sì sì no no, dio voz y cuerpo a la resistencia católica contra la apostasía neo-modernista.

Spadafora redactó cerca de cien voces, relativas a temas escriturísticos, para la “Enciclopedia Cattolica” (12 volúmenes, Città del Vaticano, 1948-1954); otras muchas para el notabilísimo VV. AA., Dizionario Biblico, dirigido por él con apenas 35 años (Roma, primera edición 1948, 19633, que ahora reimprime Effedieffee meritoriamente) y otras más para la “Bibliotheca Sanctorum”, editada por Città Nuova de Roma en 12 volúmenes (1961-1970) y dirigida por el prof. mons. F. Caraffa (1909-1987).

Judaísmo y Cristianismo

A lo que, después, se debe execrar como ecumenismo filo-judío, que la creciente apostasía está imponiendo desde hace al menos 50 años, Spadafora dio la respuesta teológica en Cristianesimo e giudaismo, Caltanissetta, 1987. Se advierte en él también el pleno acuerdo con las tesis presentes en A. Romeo, Il giudaismo, en Il presente e il futuro…, cit., pp. 202-283. Cfr. Landucci, Miti e realtà, Roma, La Roccia, 1968, pp. 435-443.

Sin ningún espíritu de odio racial, en las antípodas del racismo/biológico – contra el cual véase A. Romeo, Antisemitismo, en “Enciclopedia Cattolica”, vol. I, coll. 1494-1505 –, Spadafora se empeña en una profunda exégesis de los textos bíblicos sobre estos temas capitales (Cristianesimo…, cit., pp. 27-106), para focalizar también que, en cuanto al judaísmo vetero-testamentario respecto al Cristianismo, no se trata en absoluto “de una ‘yuxtaposición’ , de un acoplamiento, sino, según el claro principio enunciado por Cristo, de ‘perfeccionamiento’, de culminación que eleva y, por ello mismo, absorbe y suple, toma su lugar. El fruto no se acopla a la flor, sino que la sustituye. Es la solución sancionada por Pedro en el Concilio de Jerusalén (Hch., XV)(ivi, p. 74).

Por tanto: “Los judíos se encuentran… fuera por su culpa. Han desconocido la naturaleza del plan divino… fundando su pretensión en el factor racial, en las observancias legales… Estas fluían en cambio del carácter temporal y preparatorio del pacto del Sinaí; no podían justificar… A la alternativa planteada por Jesús entre la concepción espiritual del reino de Dios, con una justicia íntima, y la concepción temporal-racial, con una justicia según la ley, los judíos permanecieron tenazmente en la segunda contra Jesús…” (F. Spadafora, Cristianesimo…, cit., pp. 91 ss.).

Responsabilidad de Pilato y de los judíos

Por lo que respecta a dicha culpabilidad judía, cfr. del mismo Autor, Pilato, Rovigo, Istituto Padano Arti Grafiche, 1973, donde, con argumentos más persuasivos, la responsabilidad del procurador romano es reconducida a sus verdaderas, modestas, proporciones. Cfr.  Sto. Tomás, Suma Teológica, III, q. 47, a. 6, ad 2. Por ello, la pretendida y presunta “ignorancia” judía hacia Jesús se debe rebatir así: “No se trata de ‘ignorancia’: (Jesús les había dicho claramente Quién es: Jn.,V, 18; Mt., XXVI, 65; XXVII, 44; y Jn., XIX, 7)…, sino de rechazo de fe en Su Persona… aun conociendo, aun habiendo sabido [ellos] el contenido del Evangelio…” (F. Spadafora, Cristianesimo…, cit., p. 67).

Sobre dicha culpabilidad (cfr. Lc., XIX, 27; Jn., VIII, 44) v. Sto. Tomás, Suma Teológica, III, qq. 46 ss., donde el Aquinate subraya que los judíos pecaron “como crucificadores de Dios / tamquam Dei crucifixores” (ivi, III, q. 47, a. 5, ad 3). He aquí por qué S. Pablo lamenta que los judíos se han vuelto odiosos a Dios y enemigos del género humano; de modo que la ira divina contra ellos ha llegado al máximo (cfr. 1 Tes., II, 13-16; Heb., X, 26-31).

El volumen del que tratamos concluye con el irrefutable artículo de mons. P. C. Landucci, La vera carità verso il popolo ebreo (pp. 112-126). En él leemos: “El diálogo… animado por una verdadera caridad hacia los judíos… debe tender sobre todo a su conversión” (p. 113).

Tan cierto es que “El judío actual…, aun no teniendo ninguna parte activa en el proceso ni en la condena… de Jesús, negándose a reconocerlo como Dios, no puede no ser moralmente solidario con aquella condena y hacer propio… aquel juicio del sanedrín como formulado hacia un sacrílego y sumo engañador” (p. 119); “El primado ‘salvífico’ [recibido por los antiguos judíos, ndr] se convierte, con el rechazo [de Jesús por parte también de los judíos modernos, ndr], en primado de condena” (p. 123); “El tránsito [es decir, el traslado del pueblo, elegido solamente entonces, al mundo cristiano, ndr] tiene lugar cuando, cumplida la cena judía, se pasó a la cena y a la inmolación eucarística. A la figura, el cordero animal, la sustituyó la realidad salvífica del Cordero divino” (p. 126).

Extra Ecclesiam nulla salus

La época apocalíptica en la que vivimos, dirigida a aguar el Catolicismo para amalgamar todas las ideologías en un judaísmo sumamente dilatado y larvado, encuentra otra espléndida antítesis en el trabajo de Spadafora, Fuori della Chiesa non c’è salvezza, Caltanissetta, Krinon, 1988. Al enseñar que este principio teológico es un dogma de nuestra religión (cfr. pp. 9, 21-54), nuestro biblista reconoce que aquellos acatólicos que tienen verdadera buena fe pueden salvarse “por la gracia del Señor, no por medio de su pseudo-religión, sino a pesar de su pseudo-religión” (p. 39).

Contra la “Nueva exégesis”

Finalmente, el admirable ensayo de Spadafora, La “nuova esegesi”. Il trionfo del modernismo sull’Esegesi Cattolica, Sion [Suiza], 1996, constituye el testamento espiritual de nuestro biblista. En él leemos estas denuncias cuya esencialidad doctrinal es imposible infravalorar: “1) Ningún bautizado, todavía menos si es eclesiástico o religioso, puede negar o poner en duda conscientemente la inspiración, la inerrancia absoluta de la Sagrada Escritura y el deber de atenerse, en las cuestiones bíblicas que afecten a la fe y a la moral, al sentido que de esos textos sagrados ha mantenido siempre la Iglesia, sin incurrir en la herejía; 2) una interpretación de la Sagrada Escritura que no tenga en cuenta estas tres verdades ya no es una exégesis católica, sino una exégesis herética. Y esta es la ‘nueva exégesis’” (p. 37).

Con agudo sentido incluso metafísico-teórico, nuestro biblista hace ver que la “primera raíz” de la nefandísima situación eclesial actual se identifica y denuncia en aquella “maestra y capitana” que es la “filosofía atea” (La “nueva esegesi”…, cit., pp. 285 ss.). Se trata del luciferino “principio de la inmanencia vital” denunciado y condenado por S. Pío X en la Encíclica Pascendi de 1907 (cfr. La “nuova esegesi”…, cit., pp. 280-290), que condenó un principio similar, según el cual “la verdad no es más inmutable que el mismo hombre, puesto que evoluciona con él, en él y por él”. Decreto Lamentabili (1907). Cfr. DB, 2058. En efecto, si todo estuviera completamente sujeto al devenir, no habría ya ninguna verdad ni ningún bien. Cfr. Aristóteles, Metafísica, l. IV, 8, 1012b, 24-30. Se quiere advertir además que “satanás se ríe” de la situación general actual porque, en el anticristianismo israelita, “es necesario gozar de los bienes materiales… sin oponerse a las pasiones naturales… Es condenada la renuncia a los placeres…; la oposición a la ascesis cristiana es un lugar común de los escritores judíos… La “moral” judía… se ha privado del ímpetu que le habían impreso, desde Elías, los Profetas… [hasta volverse, ndr] el monopolio de los fariseos” (A. Romeo, El judaísmo, en Il presente e il futuro…, cit., pp. 271 ss. Cfr. Id. Satana e Satanismo, en “Enciclopedia Cattolica”, vol. X, coll. 1948-1961; Gén., XIX, 1-29; Mt., XXIII, 13-33; Rm., I, 18-32; ivi, II, 1-24; Ap., II, 9; ivi, III, 9).

N. C.


[i]      En la biblioteca de Adelante la Fe puede descargarse el Diccionario Bíblico en español. La reimpresión tiene 850 páginas y cuesta 35 euros. Puede solicitarse a www.effedieffeshop.com o bien al +39,0763,71,00,69.

(Traducido por Marianus el eremita)

SÍ SÍ NO NO
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