MEDITACIÓN

De la Transfiguración del Señor I

Se retiró Cristo con tres discípulos a un monte y se transfiguró delante de ellos, le asistieron Moisés y Elías hablando con Él de su pasión, le cubrió una resplandeciente nube y se oyó la voz del Padre, que le confesó por su Hijo. Los discípulos temieron y Cristo les mandó a que guardaron en silencio lo que habían visto, hasta que resucitara de entre los muertos.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo retiró sus discípulos a la soledad de un monte, para mostrarles la gloria de su transfiguración, porque no revela sus misterios secretos sino a los que se retiran del bullicio y de los negocios seglares a la soledad y quietud del corazón. Aprende a retirarte de todo lo terreno, si quieres gozar con Cristo de lo divino y celestial.

PUNTO II. Dice el sagrado Evangelista, que orando se transfiguró y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestiduras se blanquearon como la nieve. Allí debes aprender la virtud de la oración y vacar a ella, porque en los coloquios con Dios se trueca el hombre de pecador en santo y de carnal en espiritual. Resplandece con la luz del buen ejemplo y alcanza la blancura y calidez de su alma. ¡Oh si supieras dar de mano a todo lo terreno, y entregarte todo a la oración y coloquios con Dios! Allí alcanzó Moisés el resplandor de su rostro, y allí alcanzarás tú si sabes orar con el afecto y devoción que debes. Levanta el corazón a Dios nuestro Señor y dile: Dadme esta gracia, Dios mío, que dejada la conversación de los hombres, me entregue totalmente a la vuestra y alcance en ella las gracias que comunicas a los que dignamente oran.

PUNTO III. Considera cómo de doce apóstoles y setenta y dos discípulos, solo a tres manifiesta Cristo su Transfiguración, porque siempre son pocos los escogidos y los que sirven a Dios perfectamente, y merecen que les revele sus misterios. Mira si tú eres de los pocos o de los muchos, y si mereces recibir las misericordias especiales de Dios. Procura purificar tu alma y alcanzar la perfección, para merecer ser uno de los escogidos y favorecidos del Señor.

PUNTO IV. Considera la causa por la que Cristo se transfiguró en esta ocasión, que fue como dice el Evangelista, porque les había profetizado su Pasión y les mostró su Gloria para que no descaecieran en la fe y le tuvieran por solo hombre al verle padecer. Mira cuánto importa la fe que es el fundamento de toda santidad, y cómo desea el Señor que nos arraiguemos en ella, pues lo procura con medios tan altos y no duda de abrir los cielos y franquearnos sus tesoros, para que no faltemos en ella. Pídele a Dios que te dé gracia para crecer cada día en su santa fe y que te dé su luz para arraigarte más y más en ella.

Para el mismo día: De lo que Cristo dijo a sus discípulos después del lavatorio de los pies

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo nuestro Señor, acabando en aquel humilde ejercicio de lavar los pies a sus discípulos, tomó sus vestiduras y se las volvió a poner y a sentarse con ellos, y a darles santos documentos, declarándoles la razón por la cual les había lavado los pies. Aquí, ¡Oh alma mía! tienes el maestro que te enseña el camino de la perfección y la salvación. Mira cuán de asiento tomó el enseñarte y toma tu también de asiento aprender su doctrina. Entra en el cenáculo, oye sus palabras, y mira sus ejemplos. Rumia y repasa una y muchas veces la lección que te da para que se quede más impresa en tu corazón.

PUNTO II. Considera las primeras palabras que les dijo: ¿Sabéis lo que he hecho con vosotros? En que declara que no todos penetran los misterios que hay encerrados en su vida, sino aquellos a quienes su Majestad fuere digno de declararlos. ¡Oh Señor! Habladme en el corazón y dadme luz para que yo entienda y penetre lo mucho que hay encerrado en todas las obras, palabras y acciones de vuestra vida, para que enderece la mía en vuestro servicio y no pierda por ignorancia lo que tanto me importa.

PUNTO III. Considera el resto de aquella lección: vosotros me llamáis maestro y Señor y decís bien porque de verdad lo soy; y si yo siendo vuestro Señor y maestro os he lavado los pies, vosotros debéis lavarlos unos a otros a mi ejemplo e imitación. Medita cada palabra y atiende al sentimiento y gravedad con que las dice el Salvador. Me llamáis maestro y Señor y no basta confesarle con la beca si no lo decís con las obras, porque no será escogido no tenido por parte de mi rebaño el que me llama Señor, Señor, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo; ni el que me llama maestro y oye mi doctrina, sino el que la pone en ejecución. Mete la mano en tu pecho y mira si la ejecutas tú, y cuántos años hace que estás en su escuela y lo que has aprovechado en ella. Guárdate para que no te despida por inútil y mal acostumbrado, porque desacredites su casa. Pasa adelante y rumia esas palabras: y decís bien, porque lo soy en realidad de verdad.  Cristo es tu maestro, no busques otro que serás engañado. Cristo es tu Señor, no servirás a otro porque te perderás. ¡Oh rey de gloria! ¡Oh Señor y maestro del cielo! Vos sois el mío, no quiero a otro sino a vos, ni permitáis que yo le tenga jamás.

PUNTO IV. Considera últimamente aquellas palabras del Salvador. Ejemplo os he dado para que como yo lo he hecho con vosotros, así vosotros lo hagáis unos con otros, las cuales no se han de limitar solo a esta acción de lavar los pies, sino extenderlas a toda la vida de Cristo nuestro Señor, que fue un dechado para los hombres de buen obrar y una guía para no errar el camino de la salvación. Ponte delante este espejo y mírate en él despacio, corrige tus faltas, adorna tu alma, mira una por una las obras de Cristo y cómo las has imitado hasta aquí y las has de imitar en adelante, y en especial esta de tan profunda humildad, abatiéndote a los pies de todos por imitar al Salvador y seguir el ejemplo que nos dio, postrándose a los de sus discípulos. Esta es la vía que lleva a los hombres a la vida y por donde debes caminar si quieres llegar al cielo.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Meditación

Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.