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“Las buenas madres van al cielo y las malas madres nos vamos de fiesta”

Hace unas semanas, un esposo indignado me mandaba la foto que se muestra más abajo y que andaba circulando en las redes sociales de mujeres cuarentonas. Parece ser que este es un mensaje en clave que unas mujeres se mandan a otras cuando quieren irse de picos pardos, olvidarse de las obligaciones maternales y maritales y echar una “cana al aire” en compañía de otra(s) para así pasarse toda la noche de juerga y sin aviso previo a los maridos, aparecer borrachas y drogadas el día siguiente.

El mero análisis de la foto es más que revelador. Pero vayamos paso a paso, pues las interpretaciones pueden ir desde lo más aparentemente inocente a lo realmente diabólico.

Lo primero que llama la atención es el mensaje central: “Las buenas madres van al cielo y las malas madres nos vamos de fiesta” (una vez al año).

Esta frase podría ser, desde la invitación a una fiesta sin más pretensiones –eso sí, sólo para mujeres-, lo cual ya es un poco sospechoso, hasta una burla a Dios y una blasfemia.

La frase se podría leer también así: La mujer que hace la invitación a la fiesta, se considera a sí misma una mala madre (“nos” vamos de fiesta), mientras que en el extremo opuesto están aquellas que ella considera “buenas madres” que son las que no rompen las normas de la moral y por eso “van al cielo”. El tono es de burla a Dios, a la moral y a la virtud, lo cual hace que sea realmente ofensivo. Por lo que hace pensar, sin riesgo a equivocarse, que la fiesta que tienen planeada va a romper los límites de la moral cristiana; dicho en una palabra: alcohol (representado en la copa que hay encima del cartel), juerga (por el “atuendo” que luce esta señora) y que incluso acaba con un “pero no tenemos nada que ponernos” que puede ser interpretado de muchos modos: como una invitación a vestir a la fiesta de modo informal (pensarían las inocentonas); como una invitación a irse de compras,  o lo que sería peor, como una sugerencia a ir desnudas.

El cartelito tiene miga y no es sino una manifestación más de la profunda corrupción en la que ha caído la mujer, de modo especial, aquella que tiene obligaciones como madre y esposa. Y no vale decir que es sólo “una vez al año”; cuando una mujer es capaz de llegar a ese tipo de conducta es porque ya está acostumbrada a ser infiel a su marido y a sus hijos en multitud de pequeñas cosas.

De todos es conocido que la mujer cuarentona va a la peluquería a sacar a la luz los defectos de su marido y a revelar a las demás, cosas que mejor deberían quedar en la intimidad de la alcoba. También es frecuente que un grupo de ellas se reúna por la tarde a tomar café y pastas. Pero hasta ahora no se había visto que hicieran gala de su depravación moral y abandonaran el hogar, los hijos y el marido para irse de juerga toda la noche y volver, como si nada hubiera pasado, al amanecer del día siguiente para ducharse, acostarse y pasar la borrachera.

Hasta no hace muchos años, cuando una mujer llegaba a los cuarenta y…, sus hijos ya rondaban los quince; en ningún momento se atrevían a abandonar el hogar, y si alguna vez lo hacían era por motivo del trabajo, para visitar a la suegra o para irse de compras y tomar un café con las amigas. Cuando tenían algunos años más, ejercían el dignísimo oficio de abuelas, iban a la parroquia para ayudar en la catequesis, el coro, limpiar la iglesia, repartir ropa y comida a los necesitados, y un largo y maravilloso etcétera. Pero en la actualidad, como consecuencia de la falta de fe, de la inmoralidad en la que muchos matrimonios viven, el materialismo circundante…, un nuevo modo de vida totalmente inaceptable se está haciendo cada vez más común.

Estas mismas mujeres son las que tratan de auto justificar su propia conducta inmoral diciendo: “También los hombres os vais al bar con los amigos a tomar copas y ver el fútbol”.  Sí, pero nunca se puede justificar, que un hombre casado y con hijos, desaparezca toda la noche, se vaya de juerga con sus amigotes y aparezca borracho y drogado el día siguiente. Si así lo hiciera, tú dirías que es un mal padre, peor esposo y un irresponsable; y si no pensaras así es porque ambos dos estaríais ya totalmente corruptos.

Cuando una mujer, bajo excusa de auto-realización y liberación llega a tales extremos, no es fácil encontrar una solución. Se habrá cerrado a todo consejo que venga tanto de dentro como de fuera; habrá sido atrapada por el vicio, y poco a poco su vida irá descomponiéndose. El fin de esta mujer no podrá ser nada bueno: en este mundo se quedará sola – sin esposo y sin hijos-, y en el otro, no le espera otra cosa que el castigo del infierno.

Espero haber sido lo suficientemente claro para, a través de este artículo, dar una voz de alarma ante este tipo de conducta. Puede que en algunas situaciones ya no sea posible encontrar una solución humana; pero en otras, aquellas que están ahora iniciando por esos derroteros, todavía están a tiempo de no caer en la trampa que el demonio les pone, para con ello destruirlas a ellas, a los hijos y a la familia entera.

Padre Lucas Prados




Padre Lucas Prados
Padre Lucas Prados
Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a [email protected]

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