¡Ni siquiera el perro con cuatro patas, puede recorrer dos caminos a la vez!

Esta afirmación corresponde a un dicho popular africano, concretamente de Etiopía.

En pleno Cuerno de África, fronterizo con Somalia, Sudán, Eritrea entre otras, con mayoría cristiana, tanto ortodoxos cómo católicos comparten la tradición litúrgica, los sacramentos y la misma devoción a la Santísima Virgen María y los Santos.

El rito copto, afincado en esas tierras desde el bautismo de un dignatario de la corte del reino de Axúm, convertido por el apóstol Felipe cerca de Jerusalén, convive y se mantiene junto a musulmanes, animistas ó paganos; es uno de los más antiguos de nuestra fe, capaz de pervivir y crecer junto con la iglesia católica etíope, y de mantener sus tradiciones conforme a las enseñanzas de los primeros creyentes.

Así pues africanos, pobres y de color, pero auténticos y sinceros, capaces de llegar a decir una gran verdad: ¡Ni siquiera el perro con cuatro patas es capaz de andar por dos caminos a la vez! Para el hombre con sólo dos: ¡Imposible!

Cuando era aún joven, en búsqueda de la verdad o del sentido de la vida, me encontré con Jesús, el Señor.

Por aquél entonces, después de leer sobre el marxismo, el hinduismo, el budismo, donde permanecí diez años, de conocer no pocas enseñanzas y practicas, de buscar bajo las piedras, decidí que si tenía que aprender de Jesús, debía confiar en él, y para ello era necesario abandonar todo lo que sabía o creía conocer: el zen, la nueva era, las enseñanzas de Castaneda, el esoterismo y un sin fin de libros y promesas que hoy día hacen bulto en mi biblioteca.

Realmente no deje títere con cabeza, se podría decir que desde los clásicos a la psicología de la trascendencia lo leí y lo toque casi todo, amén de las drogas, que por cierto me enseñaron que “el tiempo no es superior al espacio”, cómo se nos pretende vender, ambos van juntos y no es posible separarlos: ¡no hay tiempo sin espacio y este sólo existe en relación al tiempo!

Creo que fue San Agustín, quién dijo que todo aquello que sabía y cuanto había escrito, era nada comparado con la experiencia del Señor.

No estoy seguro si fue él o más bien San Pablo, festividad que celebramos hoy, quién dijo  que todo lo dejó y valoró en nada por lo que había encontrado, y que su saber le parecía una pérdida necesaria y poco gravosa.

Si sé que nuestro insigne Unamuno, al final de su vida, dijo que todos sus libros y pensamientos no valían lo que un rosario de una pobre viejita en el rincón de una Iglesia, aún no sabíamos que se dedicaba a contar rosarios y olía a sacristía.

Realmente nadie puede hablar con verdad y profundidad de algo, si antes no ha entregado su corazón a esa apuesta, vivido o experimentado tal aventura y se ha dejado, en el caso del cristiano, seducir y cautivar de esta locura, cómo se les conocía a los locos de Cristo.

Esto nos enseña, que cuando el hombre juega con ventaja, es decir cuando pretende que es creyente, pero se guarda sus cartas, no confía totalmente en lo que dice creer, y su fe es con condiciones, la Divinidad no se le entrega, el Misterio se oculta y Dios no se revela.

Si un hombre, que ha vivido dentro de la Iglesia católica, que ha crecido y llegado a ocupar cargos de responsabilidad y finalmente alcanza a ser nombrado Papa, que se declara hijo de la Iglesia, confiesa:

  • Que reza los salmos según el rito judío y luego sale a celebrar la Eucaristía según el rito cristiano.
  • Que se siente en sintonía con los ecologistas de izquierda, a quienes hace un homenaje en su encíclica, mientras recibe y abraza a los poderosos de la tierra.
  • Que aprecia y defiende las teorías marxistas, apoyando la teología de la liberación, mientras pide obediencia y comunión a quienes dice que gobierna.
  • Que entiende que cada persona debe quedarse donde nació cómo creyente, pero puede y debe emigrar donde quiera para encontrar trabajo, sin respetar las creencias.
  • Que independientemente de mirar o no a Cristo, lo cual no tiene mayor importancia, cada cual debe encontrar su verdad y hacerla la razón de su existencia.
  • Que expresa gratuitamente que no existe un Dios Católico, porque él no le conoce, pero si un “dios total y único” capaz de plegarse a su pobre y pretensiosa locura humana: donde la Misericordia se regala a saldos sin Justicia, la Bondad es posible sin Sufrimiento y la Verdad no necesita de la Cruz.
  • Para añadir que no sólo corrige sino que ve absurdo el Sacrificio de Jesús, porque el pacto Antiguo con los judíos sigue siendo válido, las enseñanzas del Corán iguales a las de Cristo, y la necesidad que la ideología de género pretende imponer, ha de ser considerada hasta el punto de llamarla “teología de rodillas” y buscar retorcer la doctrina para encajar sus desvaríos.
  • Éste hombre o no ha madurado o no ha encontrado, o lo que es peor, se niega a dejar atrás todo su bagaje de pseudosaber, que no es más que humo, porque no se fía de Jesús y del Padre que El nos revela; el mismo que no parece conocer bien para su desgracia, de lo contrario no se atrevería a perseguir la Eucaristía bajo la excusa del Vetus Ordo.

Lo siento, “Ni siquiera un perro con cuatro patas puede recorrer dos caminos a la vez”, mucho menos un hombre, aún cuando se llame Bergoglio, se vista de Papa y piense que lo ha merecido. La sola fe en lo que celebra bastaría para guiar la Iglesia, todo lo demás le sobra, incluido el ecumenismo que tan sólo es una palabra.

Que Dios le perdone el daño que hace, tal vez por ignorancia, o quizás desconfianza, pero que Dios le ilumine y le haga comprender que sólo se es Pedro cuando Dios te concede saber quién es el Mesías: “Eso no te lo ha enseñado nadie sino mi Padre que está en el Cielo

Dios quiera que se dedique a caminar como es debido, una pierna tras otra y por un sólo camino, el de la fe a la  que representa, la Católica; de lo contrario no sólo tropezará él, sino que logrará confundir y precipitar a quienes de buena fe intentan seguir sus pasos, pues van cómo ovejas tras un Pastor que anda bastante perdido.

José R.M.

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