Sr. director de “Adelante la Fe”

Hace prácticamente un año de la ausencia en la página del padre Santiago González, fundador de la misma, y, si usted me permite, pienso que en estos tiempos tan caros a la sensibilidad de los creyentes, sería bueno  dedicarle un espacio; permítame también decirle que de la única manera que puedo hacerlo para un hermano en Cristo tan apreciado, es desde el corazón.

Viene a mi mente el día en que tomé contacto; por una situación personal entré a google; una de las páginas me llamó la atención, el tema coincidía con mi interés, finalmente me animé a hacer un comentario y dejé mi dirección de correo electrónico invitando a su autor a compartir algunas de mis cartas que sobre el tema, más allá de mis falencias, escribía al director del diario de mi ciudad; inmediatamente tuve respuesta de este sacerdote, el padre Santiago González; fue el comienzo de crecer en mi aprendizaje, tanto por sus escritos como por sus homilías y me convertí en asidua visitante de esta página;  ¿Qué puedo decir de un sacerdote joven en edad y en ministerio?. Si bien mantener un contacto virtual me priva de la palabra y de los gestos propios e inherentes a la comunicación, todo lo bueno, lo sano y virtuoso del padre Santiago lo hace un digno  elegido de Dios; siempre digo que con el padre Santiago nadie podría decir no a Cristo, sea cual sea su situación frente a la iglesia y uno aprende a llevar la cruz, animosamente, perseverando en pequeñas acciones y en oración con la confianza siempre puesta en el Señor.

Conociendo su perfil en la página, siempre he valorado  su servicio voluntario en la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla para ayudar a vivir la fe, y esto tiene un solo nombre, se llama misericordia que exige  la entrega del corazón y la inteligencia para condolerse de las miserias ajenas, bien se nos enseña que las obras de misericordia son las manos de la caridad; ¡cuánta tristeza y soledad habrá en estas  hermanas privadas de la libertad! pero el Padre Santiago  no se aleja sino que se acerca pues sabe ver a Cristo escondido en ellas; no en vano eligió “estar en el mundo sin pertenecer a él”, como dice en su artículo sobre el celibato  “entregarse del todo, sin afectos humanos exclusivos o dependientes por muy hermosos que sean”  “…es como un DON”…  “es un TESORO inmerecido para el bien inmenso de tantas y tantas almas”. No es difícil darse cuenta, entonces, que el centro de su vida es Cristo y la Madre.

Pero como todo sacerdote que habita en un mundo secularizado y cada vez más distante de la Verdad, los momentos buenos y no tan buenos siempre están presentes… es humano como todos, pero digo “es tan diferente” porque tiene eso de “invertir en Dios” con la única ganancia de la vida eterna.

Sin embargo el padre Santiago tuvo que dejar  de escribir, algo que particularmente me ha producido mucho dolor, la impotencia no fue mi buena compañera y ante tanta incertidumbre deposité todo en manos del Señor y me conformé con releer sus escritos y volver a escuchar sus homilías (lo sigo haciendo) que hasta ese momento tenía archivadas en el ordenador.

Más allá de los pormenores de la situación y su causa, el padre Santiago supo poner punto final con lo más bonito que Dios le dio para reconfortar a los hermanos, la misericordia y por ende el perdón.  De hecho, lo que manifesté arriba se ratifica con esta actitud de grandeza; ¡qué lindo! ¡cuánto encanto para el Señor!

Invocando este tiempo de Adviento, no dejemos de ver  la humildad de sus protagonistas, Juan, José y María; ellos nos enseñan que la grandeza de esta vida pasa por humillarse y ser obediente a Dios, pasa por mirar al otro y pensar en el otro. Por otro lado el año Jubilar de la Misericordia dio inicio para vivir en cada iglesia particular respondiendo a la propuesta del Santo Padre, teniendo en cuenta aspectos esenciales como el perdón, las obras de misericordia, corporales y espirituales, la conversión, entre otros. Dice el Papa Francisco:“Cruzar hoy la Puerta Santa nos compromete a hacer nuestra la misericordia del Buen Samaritano”.

A casi dos años de la sentida ausencia de los escritos y homilías del padre Santiago, no alcanzo a comprender la persistencia de tal prohibición. La verdad es que si Monseñor Asenjo tiene la oportunidad de leer esta carta, con todo el respeto que me  merece su investidura le rogaría que:

– en concordancia con estos tiempos de gracia que nos da el Padre, revierta la medida que continúa impidiendo al padre Santiago publicar sus escritos y homilías.

A veces pienso cuánto tiempo deberá cargar esta cruz, que siempre llevó con  el silencio de la humildad y la obediencia y no puedo dejar de pensar en cuántos hermanos son perdonados por el padre Santiago en el confesionario.

– le diría a Monseñor Asenjo que soy una persona mayor, de familia no longeva, y le confesaría que mi gran temor es no alcanzar a vivir la alegría del perdón para el padre Santiago.

– le diría que me permita  soñar, soñar en grande y poder despertar para vivir una nueva Navidad, la del amor, la de la alegría, la de recibir al Niño Salvador anunciando que en  Él todo es posible y que todo ha sido posible.

– le diría que somos muchos los necesitados de su buena voluntad y de su bondad, que se lo agradeceríamos enormemente pero más se lo agradecería el Dios-niño.

Ruego a Dios que podamos todos encontrarnos en Belén y al unísono glorificar a Dios.

Señor director, muchas gracias.

Clara María González

Desde mi lugar en el mundo: Chaco – Argentina

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