Nos complace mucho presentar este nuevo artículo de un muy sabio, conocedor e influyente clérigo, que escribe bajo el pseudónimo de Don Pio Pace.

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El Sucesor
por Don Pio Pace

¿Qué quedará cuando termine el pontificado de Jorge Mario Bergoglio? Es cierto que este Papa venido de la “periferia” ha causado un gran revuelo, pero, considerando los resultados provisionales, ha sido más el estilo que la substancia. De hecho, esto dependerá en lo que seguirá de este pontificado. Nosotros podemos preguntar si el Papa Bergoglio no es, esencialmente, el que esté preparando los caminos a una profunda innovación de la Iglesia, si es que no es meramente un Papa de transición.

El actual pontificado recuerda, irresistiblemente, al del Papa Roncalli. Juan XXIII fue elegido por un grupo de electores conservadores (Ottaviani, Rufini) y progresistas (los franceses Gerlier y Liénart). Justamente como Francisco, fue elevado al trono de Pedro por un largo grupo de cardenales, muchos de los cuales no se avergüenzan en decir que ellos no sabían por quién votaban, en pánico, aquél miércoles 13 de marzo de 2013, y que hoy se arrepienten de su voto.

Es cierto que Juan XXIII abrió el Concilio Vaticano Segundo, lo cual es algo decisivo. Pero ¿Qué le hubiera sucedido al Concilio sin la difícil elección de Giovanni Battista Montini en 1963? A la muerte de Juan XXIII, ningún voto había sido emitido todavía. Si el “ala derecha” del Sacro Colegio, liderada por el Cardenal Siri, hubiera sido lo suficientemente disciplinada, se hubiera obtenido la elección de un papa moderado, quien rápidamente hubiera controlado a la asamblea en orden a una reforma suave, en vez de lo que sucedió. El verdadero concilio fue dirigido por Paulo VI, un hombre inteligente y un ansioso y determinado reformador, en cierta manera moderado en comparación con los progresistas del estilo de Rahner y otros del grupo conciliar. El Papa Montini fue el que intentó un trabajo conciliar de largo tranco, controlado hasta el final, y fue quien lo coronó con una reforma litúrgica con la que él soñó como una especie de renovación maravillosa del rostro de la Iglesia, en orden de llenar al mundo moderno de entusiasmo.

Francisco es beneficiario de la misma popularidad mediática del Papa Roncalli. Él es, sin duda, infinitamente más autoritario que el Papa Juan, además, es mucho más rudo. En cierta forma, es mucho más dotado que Juan XXIII, puesto que es un genio de los gestos y declaraciones. Pero, como Juan XXIII, es muy difícil saber, si es que, se llega a saber, ¿Cuáles son sus metas concretas? ¿Qué reforma, en síntesis, él va a heredar? La de la Curia (como lo vamos a admitir, salvo por los periodistas hagiográficos) se reducirá a la fusión de cierto número de consejos pontificios, la creación de un dicasterio para asuntos sociales, y otro sobre el laicado y la familia. ¿Y la doctrina? La enorme maquinaria sinodal, asambleas ordinarias, conferencias y discusiones en todas las diócesis del mundo, ahora mismo han causado una profunda inquietud en los espíritus, pero ¿Qué producirá en concreto, además de oscuras referencias al punto específico de la comunión a los divorciados “vueltos a casar”? Tanto para el personal renovado en Roma y en el timón de algunas diócesis, no son considerables, ni otras remociones, como dignas de ser anotadas.

Cardenal Tagle: El Concilio de acuerdo con la Escuela de Bolonia

Por tanto, no hay cambios profundos en el momento. Naturalmente, estas pocas cosas presentadas por el nuevo estilo de un Papa como poco sorprendente posiblemente tendrá grandes consecuencias para el futuro. Pero esto está condicionado a una sola cosa: que este nuevo Juan XXIII sea seguido por un nuevo Pablo VI, quien tendría la capacidad de hacer realidad concreta una nueva etapa en la transformación de la Iglesia, quien sería el hombre de una especie de Vaticano III (con o sin una reunión de todos los obispos del mundo).

El único que parece tener la capacidad intelectual, la formación teológica, el aspecto necesario de la “moderación” no es el cardenal Maradiaga – quien recuerda al (hoy olvidado de todos, mientras que muchos hablaban de él entonces) cardenal Tettamanzi, quien estuvo en campaña durante todo la última parte del pontificado de Juan Pablo II, sólo para obtener en el cónclave de 2005 dos o tres votos, incluido el suyo. No: el Papabile que está detrás de Bergoglio, como Montini después Roncalli, con el fin de involucrar a la Iglesia en un super-aggiornamento, es Tagle.

Luis Antonio Tagle, de sólo 57 años, es hijo de una buena familia de Manila, llegó a ser cardenal-arzobispo por las manos de Benedicto XVI, quien veía con agrado contar con pocos teólogos brillantes, incluso si no eran partidarios de la “hermenéutica de la continuidad “, como también sucedió con el erudito bíblico-neo bultmanniano Ravasi, creado cardenal y presidente del Consejo Pontificio de la Cultura.

El Cardenal Tagle obtuvo sus grados teológicos en los Estados Unidos, fue miembro de la Comisión Teológica Internacional, y participó en los trabajos del equipo que supervisó la Historia del Concilio Vaticano II editado por la Escuela de Bolonia extremadamente progresista (Giuseppe Alberigo, Alberto Melloni), “la historia esencial “, según la “hermenéutica de la ruptura”. En la asamblea extraordinaria del Sínodo sobre la familia, el cardenal Tagle, uno de los tres co-presidentes, con el cardenal Vingt-Trois de París y cardenal Damasceno Assis de Aparecida en Brasil, se sitúa claramente dentro del ala liberal. Sus palabras, en una conferencia de prensa de la Santa Sede, fueron muchas veces reportadas: “En este Sínodo, se hizo sentir el espíritu del Vaticano II entre los Padres.”

Este gran representante del “pensamiento teológico asiático” acaba de recibir la consagración de la visita del Papa a Manila, donde celebró ante una audiencia de millones de fieles. En octubre próximo, él volverá a ser un co-presidente de la asamblea sinodal. Una vez más, junto a los cardenales Vingt-Trois y Damasceno Assis, a su vez, el Papa añadió al cardenal Wilfrid Fox Napier, arzobispo de Durban, en Sudáfrica, un defensor de la doctrina moral tradicional.

No está de más señalar que la principal zona de especialización de Tagle, es la colegialidad, que fue el tema de su tesis doctoral. Un colegialidad que amplió de manera muy democrática, compaginada con un magisterio pastoral. “Él está por encima de todo, un pastor, y las controversias teológicas por sí mismas, no le interesan”, dice el jesuita filipino Catalino Arévalo. Muy consciente de no tener la apariencia de un “progresista” (“ni conservador, ni progresista”), él sabe perfectamente cómo hacer uso de las tácticas obstruccionistas eclesiásticas. Sin embargo, su línea es clara. El vaticanista Andrea Tornielli, lo tenía como su candidato en el cónclave de 2013, porque era el “menos moralista.” Por ejemplo, en una conferencia de prensa en la Universidad Católica de América en Washington, el 16 de mayo de 2014, subrayó que la distancia entre la enseñanza de la Iglesia y de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, no era una cuestión de mala comprensión: “sino que los fieles cristianos están deliberada y conscientemente fuera de sintonía con el magisterio moral”. Y en el sínodo del pasado octubre, insistió en el carácter único de un sínodo que debe ser más que el lugar donde incluir un debate teológico, y que en cambio, debería integrar las aspiraciones de aquéllos “con aspectos muy concretos de situaciones de la familia (actual)” (entrevista a la revista francesa La Vie, 15 de octubre de 2014).

Sin lugar a dudas, Tagle es la figura que puede concretar lo que Bergoglio proclama. Sólo que, “a la derecha”. Ésta, ciertamente, es ya la atmósfera de un pre-cónclave. Como también lo es que el Espíritu Santo sonríe con los cálculos de los hombres.

[Traducido por Rigoberto Ortiz. Artículo original]