Sociedades secretas católicas (3): Las Amistades

El papel de las sociedades secretas fue particularmente relevante entre 1780 y 1814, época oscura en que el jansenismo, el galicanismo y el iluminismo se entremezclaban y multiplicaban sus esfuerzos, a la sombra de las logias masónicas, para destruir el orden religioso y social cristiano.

Adalid de la resistencia católica contra esta ofensiva fue el padre Nikolaus Albert von Diessbach (1732-1798), que entre 1779 y 1780 fundó en Turín la Amicizia Cristiana, asociación de clérigos y laicos cuyo fin era contrarrestar el espíritu revolucionario haciendo uso de las mismas armas: la prensa, mediante la multiplicación y difusión capilar de de buenos libros, y el secretismo, que servía para proteger a sus integrantes y mantenerlos en la humildad, y que no tenía nada que ver con el secreto masónico, mediante el cual los grados más altos ocultan a los más bajos los verdaderos objetivos de la secta.

La Amista Cristiana se extendió rápidamente a Milán, Florencia, Friburgo, Viena, París e incluso Varsovia, y llegó a contar entre sus filas a hombres del calibre del P. Pierre-Joseph Picot de Clorivière (1735-1820), que más tarde restablecería la Compañía de Jesús en Francia, el redentorista San Clemente Maria Hofbauer (1751-1820), apóstol de Viena, y el venerable Pio Brunone Lanteri (1759-1830), continuador de la obra de Diessbach en el Piamonte.

Nikolaus von Diessbach era un militar suizo al servicio del rey de Cerdeña, que se había convertido del calvinismo al catolicismo y había ingresado en la orden jesuita, pero pocos años después sufrió el drama de la disolución de la Compañía cuando Clemente XIV la suprimió en 1773. Su dominio de tres lenguas le permitía predicar, a veces en un mismo día y en varias iglesias, en italiano, francés y alemán. Diessbach aprovechó sus influyentes conexiones internacionales para difundir las Amistades, que habían recibido el legado de la Compañía del Santísimo Sacramento y las AA, pero poniendo el acento en el apostolado público, ante todo intelectual.

Hacia fines de febrero de 1782, Diessbach y Lanteri se desplazaron a Viena, foco de herejías, a fin de preparar por medio de la predicación, el establecimiento de contactos y la difusión de folletos la acogida por parte de los católicos austriacos a Pío VI, peregrino apostólico, que fue recibido triunfalmente el 22 de marzo de ese año. A su regreso, Lanteri, que contaba con veintitrés años, fue ordenado sacerdote.

Mientras Diessbach llevaba a cabo sus actividades en Viena, donde falleció en 1798, Lanteri dirigía la Amistad de Turín, que bajo su dirección atravesó los años de persecución que transcurrieron desde la Revolución Francesa entre 1796 y 1814, y siguió siendo un foco de irradiación y punto de referencia doctrinal para todo el Piamonte. El catálogo de buenos libros divulgados por las Amistades es un compendio de las obras católicas publicadas hasta la Revolución Francesa sobre temas como teología, moral, filosofía, historia y apologética (La Biblioteca delle Amicizie”. Repertorio critico della cultura cattolica nell’epoca della Rivoluzione 1770-1830, Bibliopolis, Nápoles 2006).

El joven sacerdote mantenía contacto con libreros y tipógrafos de toda Europa y difundía libritos y conferencias, propios o de sus colaboradores, contra los errores de su tiempo, en particular contra el  jansenismo. Éste funcionaba como una quinta columna dentro de la Iglesia, ocupando episcopados, cátedras universitarias, parroquias y seminarios. En concreto, Lanteri oponía al jansenismo la doctrina moral de San Alfonso María de Ligorio, cuya obra calificó de «biblioteca de todos los moralistas», y aconsejaba adherirse a Ligorio. «Si se quiere hacer bien a las almas –decía–, es necesario apegarse a la doctrina de este autor. Hay que revestirse de su espíritu para llevar almas a Dios. Bendita sea la doctrina de este obispo, y bendito sea el Señor, que nos ha dado en nuestros tiempos a un hombre tan conforme a su corazón».

Lanteri combatió vigorosamente el galicanismo, fomentado por Napoleón, y no sólo se distinguió por sus escritos polémicos, sino que se empeñó personalmente, entre otras cosas organizando y promoviendo la asistencia a Pío VII, que había sido deportado por Bonaparte por no aceptar la sumisión de la Iglesia al estrecho dominio del Imperio. El 10 de junio de 1809, Pío VII promulgó la bula de excomunión Quam memoranda contra Napoleón. El 6 de julio dio comienzo su cautiverio en Savona. Sin embargo, desde París a Lyon, Turín, Mondovì y Savona se había extendido una cadena invisible a través de la cual los miembros de las asociaciones, en su mayoría laicos, que constituían los centros más activos de la resistencia católica, consiguieron introducir la bula entre los intersticios de la malla del riguroso control napoleónico para difundirla en París.

Tras la restauración de 1814, la Amistad turinesa, dirigida por Lanteri, retomó sus actividades con el nombre de Amicizia Cattolica. La asociación amplió el número de sus afiliados, acentuó su carácter seglar, y sobre todo eliminó el secretismo por no tener ya justificación en el nuevo ambiente político y religioso. Celebraba sus reuniones en el palacio del marqués Cesare D’Azeglio, padre del más conocido Massimo y del filósofo jesuita Luigi Taparelli D’Azeglio. Durante los tres últimos años de vida en la capital piamontesa de otro ilustre integrante de la asociación, el conde José de Maistre, se publicaron obras de éste como Las veladas de San Petersburgo, De la iglesia galicana en sus relaciones con el Sumo Pontífice y Del Papa, que la Amistad Católica difundió ampliamente.

Si los orígenes de la AA están relacionados con el beato Guillaume-Joseph de Chaminade, fundador de la Compañía de María, San Eugenio Mazenod, fundador de los oblatos de María Inmaculada, el venerable Jean Claude Colin, fundador de los maristas, también de la obra de los padres Nikolaus Albert von Diessbach y Pio Brunone Lanteri se deriva un rico filón de espiritualidad piamontesa que, pasando por el beato Francesco Faà di Bruno, cuya madre era pariente de un afiliado a las Amistades, y San Leonardo Murialdo, cuyo padre Francesco era a su vez miembro de asociación, llega hasta el canónigo Giuseppe Allamano, sobrino de San Giuseppe Cafasso y alumno de San Juan Bosco, todos ellos formados igualmente en el espíritu de las Amistades.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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