La perspectiva parusíaca

         Cada vez que uno se pone apocalíptico los demás revuelven los ojos y piensan que se te ha caído un tornillo. En gran parte sucede porque tratas el asunto con un tono solemne y las citas suelen ser medio tremebundas. Por otra parte existe una aparente contradicción, pues uno escribe que la bestia de diez cuernos hizo tal cosa, que caerán  las estrellas del cielo y se bambolearán los astros, e ipso pucho se va a tomar unos vinos con los amigotes.   Pero claro, si no eres argentino  no tienes la suerte de haberte divertido en una conversación con Benjamín Benavidez, con el que reflexionas sobre las postrimerías con un enorme grado de profundidad teológica mientras te ríes y hasta te burlas con Baudelaire por las gordas feas en traje de baño en las playas.

  A ver, caballeros y señoras, los únicos que se están portando conforme a la idea de que todo se hunde y se termina son los que de verdad no creen. Que trabajan sólo para sí mismos, que han decidido no tener más hijos porque la vida es una vieja y avara ramera que te muestra el catálogo de placeres del que sólo puedes probar una miga baboseada y empeñando cincuenta sueldos. Quizá un rato de placer en un cuerpo ajeno cien veces magrueado,  al que quieres disparar con una catapulta una vez que entregó el jugo  y por fin, ya viejo y enfermo,  esperas te sea quitada con una inyección letal cuando la exprimidora capitalista demuestre lo inútil del esfuerzo.  Que han abandonado toda voluntad vital que no signifique joder al prójimo  y, sin embargo, hacen cola por fingir respeto a la voluntad popular cuyo resultado todos saben que es una fechoría,  pero con el que esperan vengarse de los otros y de la vida. Si no pueden convertirse en victimarios, lo que es trabajoso, por lo menos en un obstáculo al que le paguen para correrse. Debo reconocer que les queda una esperanza, la que les vende Hararí, la de conservar la memoria de sus inmundos pensamientos en un pote de gelatina conectado a un ordenador. Animales de la única especie que ha decidido suicidarse atragantándose de mierda.

   Y uno que es un apocalíptico diplomado anda derrochando reproducción y construyendo hogares, esperando que llueva fuego mientras haces cola en el súper, con un montón de críos jugando a la pelota en casa, uno en brazos y otro en la panza de la patrona.  Resulta que a los únicos que nos gusta vivir nos tildan de apocalípticos.

  Aclarados estos puntos  vamos a lo nuestro. El mundo que está fuera de nuestras casas y de nuestras iglesias se ha convertido en una porquería en la que nadamos sorteando los cagarrones; y el lugar de descanso, el lugar en que íbamos a buscar la Verdad, el lugar separado del Mundo, el lugar Sagrado… ha sido infestado por una sífilis purulenta. Caballeros y señoras, no embromen, es el Apocalipsis, y afuera hace un día maravilloso para pedalear hasta el verde jardín de mi casa.

  ¿Es la Parusía y la Gran Apostasía un tema Preconciliar? Me recuerda mi viejo amigo Antonio que en el catecismo postconciliar,  ese refrito de interferencias modernistas, en su párrafo 675 reza: “ Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes . La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de una apostasía de la verdad. La impostura religiosa es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne”.  Así que no me vengan con que el tema es de los tradis.

   Pero como los “fieles” de la iglesia Sinodal no leen nada, ni su propio catecismo, les parece imposible que esto pueda llegar a suceder mientras bailan en la orgía ecumenista y se rasgan las vestiduras si un buen cura le da calabazas con una ironía a un Cardenal que ha hecho pública y notoria apostasía de la Verdad. En sus escritos y en sus conductas. Hasta encarnar las más pronunciadas vilezas que se puedan haber imaginado por las más afiebradas mentes distópicas y apocalípticas de la literatura universal.

    ¡Pero a no darse por enterado!

     Cuando Cristo vino por primera vez eran suficientemente claros los signos anunciados por la profecía, cualquiera que conociera las escrituras veía cumplirse toda ella en aquel Jesús de Nazaret. Pero para que los simples no dijeran que ellos no sabían leer, pues curó a los ciegos, resucitó a los muertos y echó a los demonios. Cuando fue elevado en el madero gritó aquel Salmo mesiánico que todos conocían “Elí, Elí…”. Nadie pudo decir sin culpa que le fue imposible reconocer en Él al Mesías. Lo pudo ver la cortesana Magdalena, el usurero Saqueo, el Centurión romano, la Cananea gritona y hasta el patibulario Dimas ¿Y no pudieron los escribas y sabios de la Ley? ¿No pudieron verlo los conservadores saduceos con sus preocupaciones sociales y negociales?     

   Pues para su segunda venida pasa lo mismo, ¿no ven la apostasía de la verdad? Es de una evidencia patética en sus textos. Pero para aquellos que no andan con ganas de leer y comprender procura el Buen Dios que sus detentores muestren la Apostasía de forma desfachatada, que sean homosexuales, pederastas, blasfemos, onanistas, camanduleros, cobardes y hasta… socialistas. Eso lo pueden ver hasta los más simplones y les aseguro queridos conservadores, no hay manera de salvarse de la culpa.

   Si el buen Mihura Seeber tuviera que escribir hoy su libro “Signos”, pues se llamaría “Evidencias”. Que el Tucho Fernández haya sido encumbrado al más egregio de los Dicasterios de la Curia Vaticana y haya sido el encargado de enjuiciar la Verdad, lo ha sido por una misericordiosa disposición de la Providencia, que como sabe que los pobres hombres no leen, no quieren ni leer ni comprender lo que las mentes del modernismo han hecho con la Verdad – y el miedo con ellos – les muestra el espejo de Dorian Grey, se los pone en la nariz con toda su inmunda realidad, para que lo vean, lo toquen y lo huelan, como hiciera con el incrédulo Tomás. Pero no, siguen esperando que literalmente las estrellas caigan y los astros se bamboleen. Mientras avalarán todo tipo de blasfemias y profanaciones, contra Cristo, la Virgen y los Santos. No quieren  tocar las llagas de la Iglesia, ni enterarse de que las tiene, en el mejor de los casos “es un pupa pasajera, ¡sana, sana, colita de rana!”.

  Entiendo que no se den cuenta de que Müller es un apóstata con un buen disfraz conservador y Misa Tridentina, pues hay que conseguir y tragar sus obras donde avala la Teología de la Liberación, donde entiende que la Virginidad de María es espiritual pero no biológica y otras linduras. Pero no,  los entiendo, eso queda para los que trabajan con la cabeza. Ahora… no les llama la atención que el sermoneador oficial de la curia vaticana reflexione que bien puede entenderse que Jesús mantenía una relación homosexual con Lázaro?  Que  León XIV diga que estamos en el mismo barco que los islámicos ¿no sienten algo raro? No digo que se acuerden de Don Juan de Austria o de Felipe II porque hay que gustar de la historia y de los buenos tipos, pero ¿no les suena a bofetón contra San Pío V? ¿no sienten que el Papa está en un deporte náutico un tanto impropio para Capitán de la Barca de Pedro, entregada al abordaje de los moros? Cuando el Papa eleva la causa de beatificación del “venerable” Alejandro Labaka Ugalde (venerado por Benedicto XVI), que no evangelizó sino que se inculturó con los Aucas ecuatorianos, compartiendo juegos homosexuales con algunos de sus efebos (lo relata en sus memorias), cuyo supuesto martirio fue por los derechos humanos de los indígenas y producto de la confusión de unos brutos que los creyeron personal de la Exon. ¿No les llama la atención?   

    ¿No notan que el Papa no quiere recibir al Padre Pagliarani que, como Mons. Lefebvre otrora, se humilló ante una piltrafa para no llevar en su conciencia el no haber intentado convertirlo al catolicismo? ¿O creen que eran tan ingenuos para pedirles un favor?  Sin embargo el Papa tiene dos horas para bendecir a la Asociación  de  “Católicos Homosexuales Célibes” (lo primero y lo último, seguro que por ratos).

    No quiero ponerme solemne, pero en serio que nadie podrá invocar, sin recurrir a torpes excusas, que no se había dado cuenta; que no se lo mostraron con toda evidencia. Son tiempos parusíacos y sólo desde esta perspectiva se pueden juzgar los acontecimientos, y yo, como recomendaba Don Bosco, me voy a jugar a la pelota.

Dardo Juan Calderón
Dardo Juan Calderón
DARDO JUAN CALDERÓN, es abogado en ejercicio del foro en la Provincia de Mendoza, Argentina, donde nació en el año 1958. Titulado de la Universidad de Mendoza y padre de numerosa familia, alterna el ejercicio de la profesión con una profusa producción de artículos en medios gráficos y electrónicos de aquel país, de estilo polémico y crítico, adhiriendo al pensamiento Tradicional Católico.

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