MEDITACIÓN

Aquella vida de arriba es la vida verdadera

Meditación XVIII

Composición de lugar. Mira a los Santos del cielo que claman: “Arriba los corazones.”

Petición. Oh hermoso cielo, ¡cuándo te poseeré?

Punto primero. No sé cómo llamar vida, hija mía, a la vida tan baja que llevas. Más bien es sombra de muerte, vida pesada, vida amarga, vida lastimera, vida de dolor… ¿cómo puedes sustentarte estando ausente de la verdadera vida?… ¿Qué haces, hija mía, pues todas tus obras son imperfectas y faltas?… ¿Qué te consuela en ese tempestuoso mar?… ¿Cómo puedes amar y desear tener lo que cada instante vas perdiendo al poseerlo?… Puesta en cárcel tan penosa como es esa mortalidad, todo le estorba a tu pobre alma… ¡Oh vida mía! ¿Quién te deseará, pues la ganancia que de ti se puede sacar o esperar, que es contentar en todo a Dios, está tan incierta y llena de peligros? ¡Oh con cuánta razón se ha de vivir con temor, pues mientras dura esta vida temporal corre peligro la eterna! Con todo esto, ¡ay de mí, Señor! Que mi destierro es largo: breve es todo tiempo, para darle por toda la eternidad, y muy largo es un solo día y una hora para quien no sabe y teme si os ha de ofender. ¡Oh libre albedrío, tan esclavo de tu libertad si no vives enclavado con el amor y temor de quién te crió! ¡oh amor mío de mi corazón! ¡Cuándo será aquel dichoso día que te has de ver ahogada en aquel mar infinito de la suma verdad, donde ya no serás libre para pecar, ni lo querrás ser, porque estarás segura de toda miseria, naturalizadas con la vida de tu Dios! ¡Oh cuanto tarda! ¡Qué penosa dilación ¡O vida larga! ¡Oh vida penosa! ¡Oh vida que no se vive! ¡Oh qué sola soledad! ¡Qué sin remedio! ¿Pues cuándo, Señor, cuándo gozaré de Vos? ¡Oh muerte, muerte! No sé quién te teme, pues está en ti la vida.

Punto segundo. Entonces, hija mía, entrarás en tu descanso, cuando te entrañares en el Sumo Bien, y entendieres lo que entiende, y amares lo que ama, y gozares lo que goza… Ya que vieres perdida tu mudable voluntad, ya no habrá más mudanza, porque la gracia de Dios en aquella vida de arriba hará tanta operación que te hará particionera de su naturaleza, de manera que no puedas ni desees poder olvidarte del Sumo Bien, ni dejar de gozarle junto con su amor… Allí verás al Sumo Bien… amarás la Suma Bondad… alabarás la Suma Majestad por los siglos de los siglos. ¡Qué felicidad!

Punto tercero. Engrandece y loa, ánima mía, al Señor, que te ha criado para aquella vida de arriba, que es la vida verdadera… ¡Oh bienaventuradas ánimas celestiales, que ya gozáis sin temor de vuestro gozo, y estáis siempre embebidas en alabanzas de mi Dios! Venturosa fue vuestra suerte… Ayudad a nuestra miseria. Dadnos a entender qué es lo que se da a los que pelean varonilmente en este sueño de esta miserable vida… Alcanzáramos, oh ánimas amadoras, a entender el gozo que os da ver la eternidad de vuestros gozos, y como es cosa deleitosa ver cierto que no se han de acabar… Ayudadnos, pues estáis tan cerca de la fuente; coged agua para los que acá perecemos de sed… Y en tanto llega tan suspirada vida, donde cesarán todos los suspiros y miedos, tú, hija mía, espera en Dios, y confiesa a El tus pecados y sus misericordias, y de todo junto haz cantar la alabanza con suspiros perpetuos al Salvador mío y Jesús mío, Dios de tu corazón… Entre tanto, en esperanza y silencio será tu fortaleza… No me desampares, Señor mío, porque en Ti espero; no sea confundida mi esperanza; sírvate yo siempre, y haz de mí lo que quisieres. Amen.

Padre nuestro y la Oración final.

Fruto. Más quiero vivir y morir en pretender y esperar aquella vida de arriba, que es la vida eterna, que poseer todas las criaturas y todos sus bienes, que se han de acabar.

San Enrique de Ossó

Meditación

Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.