Arrodillados
En otro artículo reciente se planteaba, a modo de interpelación, la acción de gracias tras comulgar como un efecto natural del corazón realmente creyente y agradecido. Llama tristemente la atención ver como tantas personas que reciben la comunión vuelven a sus lugares y se distraen, miran el móvil, charlan………DESPRECIAN la presencia de Cristo en su corazón. Es necesaria, y urgente, una catequesis que nos exhorte a dar gracias de corazón al Amor de los Amores (CRISTO) que nos visita cuando comulgamos en Gracia de Dios (pues si lo hacemos en pecado grave es la condenación lo que nos tomamos, como enseña San Pablo). Dentro de esa catequesis se formula una pregunta:
Tras comulgar, ¿se debe permanecer de rodillas rezando para dar gracias a Dios?
Si nos ceñimos a las normas litúrgicas, sobre gestos y posturas, la ordenación romana de la Misa solo obliga a estar de rodillas en la consagración. Y no tras comulgar. Pero tampoco se indica que se obligue a estar sentados. Desde aquí se abre un interesante debate. Unos dicen que la persona que ha comulgado es como un “sagrario viviente” y, por tanto, si se lleva a Cristo dentro, no procede arrodillarse. Otros creen, sin embargo, que aún llevando a Cristo dentro, es justo a Cristo a quien nos dirigimos en la oración, y, la forma más fervorosa de orar es arrodillado como muestra de adoración y de manifestación de estar en manos de la Divina Providencia.
Las dos posturas dichas pueden conciliarse con la norma litúrgica. Sin embargo yo opino que, por encima de esa norma, hay una “praxis” que debe tenerse en cuenta. Es la práctica, habitual, de que sentados en el banco es MUCHO MÁS FÁCIL distraerse y evadirse de la oración. Cuando un fiel ha comulgado, si de verdad quiere estar en presencia de Dios y con el corazón pronto a la oración, a la INTIMIDAD con Dios, lo conseguirá si lo hace ARRODILLADO y con los OJOS CERRADOS.
Así, y solo así, se puede de verdad dar gracias a Dios. Fuera de ello, no es que sea imposible pero si es muy difícil.
Como sacerdote, si constato que una vez se purifica y queda vacío el Altar, al volver a la Sede preciso de estar con los ojos cerrados para hacer oración. Si se abren los ojos, los estímulos de cosas y personas entretienen.
Hagamos una comparación al ámbito de lo humano: Vemos la escena romántica de un marido y su mujer que se besan, y cierran los ojos…..¿porqué?…..porque no quieren que NADA NI NADIE les entretenga el sentimiento que no sea la persona amada. Pues, con mucho más motivo: si al comulgar recibimos el abrazo de Cristo en nuestra vida, ¿porqué no probamos a cerrar siempre los ojos para crear así el ambiente adecuado a recibir todo el amor de Dios?

Crecer en amor: con palabras y obras, siempre y en todo lugar. Para crecer en intimidad divina…¡Qué bueno es, tras comulgar y volver al asiento, permanecer de rodillas y con los ojos cerrados!!!

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".