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Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos

Meditación para el sábado veinticuatro después de Pentecostés

Punto I. Considera que a los siervos de Dios nunca les faltan persecuciones, cumpliéndose su palabra: si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; por lo cual es necesario persuadirte de esta verdad, y prepararme para las persecuciones: el mundo ama a los de su bando, y persigue a los que no son de él; y, así has de tener por buen indicio ser perseguido y aborrecido del mundo, y dar gracias a Dios por ello y tenerlo por merced del Señor, como lo tenían los apóstoles, de quien escribe san Lucas, que iban gozosos a los tribunales, por verse perseguir y padecer por el nombre de Cristo. Lo mismo debes tú hacer, si te precias de discípulo suyo.

Punto II. Considera lo que padecen los hombres por el mundo; unos por alcanzar riquezas, otros por las honras, otros por los deleites sensuales, arriesgando continuamente sus vidas: córrete tú de ver cuán cobarde eres para padecer por Cristo y por el bien de tu alma menores cosas: siendo así que aquellos no tienen premio, que lo sea de sus trabajos, y tú tienes el eterno, que no tiene comparación con todo cuanto hay y puede tener el mundo.

Punto III. Toma el consejo del apóstol san Pablo, y pon los ojos de la contemplación en Cristo nuestro bien y Maestro; y corre por la paciencia al certamen propuesto, al cual está prometida la corona y contemplando en lo que padeció el Redentor y cómo llevó su cruz, posponiendo la honra del mundo a la de su Eterno Padre y a nuestra salud eterna: pídele que te lleve consigo, y te dé esfuerzo y gracia para llevar la tuya en su compañía hasta el fin.

Punto IV. Pon los ojos en los innumerables mártires y santos que han seguido y siguen a Cristo por el camino de la cruz, levando con alegría las afrentas y desprecios; y luego sube a lo alto con la meditación, y contempla el premio que alcanzaron, y la gloria que gozan coronados en compañía del Cordero: mira la que te espera, si tienes paciencia, como la tuvieron ellos; y anímate con su ejemplo a sufrir las persecuciones de cualquiera parte que te vinieron, aunque sean de los amigos, parientes y domésticos: no mires de quién sino por quién padeces; ofrécelo todo al Señor, de cuya mano viene, y sufre con paciencia y alegría; y espera en la divina bondad, que coronará tu sufrimiento con galardones eternos.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Nota: Las meditaciones del padre Andrade terminan en la semana veinticuatro después de Pentecostés, y se reanudad en la primera de Adviento. Por lo tanto no se retomarán hasta llegado ese momento




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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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