[Foto: Requiem tradicional de Michael Davies en St. Mary Moorfields, Londres]

En Rorate Caeli diseccioné una entrada de blog o columna de William Bornhoft donde afirma que las críticas que hacen los tradicionalistas católicos de la reforma litúrgica significan un rechazo de la enseñanza de la Iglesia. Quiero abordar aquí otra afirmación que realiza. Se ve reflejado en el título de su entrada pero dice muy poco sobre ello; se reduce simplemente a esto:

La renovación litúrgica sucedió después de que la Iglesia (no mas una institución principalmente europea presente en la época de la cristiandad medieval) se diese cuenta que la forma tridentina dificultaba la evangelización y comunicación con el mundo moderno. Para los TLM Millenials (es decir los católicos tradicionales), su preferencia personal por una forma más antigua de la misa esta obstaculizando los esfuerzos de expansión de la Iglesia. No debería pillarle por sorpresa a Guzmán* dada su pretendida pericia en esa área, que la mayoría de los hombres no estén interesados en asistir a una misa que dure una hora en una lengua que no entienden.

Esto es lo que piensan muchos católicos que no conocen la misa tradicional y por ello vale la pena explicar el porque es erróneo.

Antes de todo, implica que la evangelización se ha vuelto más efectiva desde la reforma que comenzó en 1960. Esto es una afirmación empírica y es muy fácil mostrar que es un completo sinsentido. Sólo hay que mirar el gráfico que muestra los nuevos miembros en la Iglesia cada año en Inglaterra y Gales. Realmente es muy simple.

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Y antes de que alguien diga «oh, había otros factores», claro que había otros factores; he escrito sobre ellos. Es obvio que el debate intenso sobre la reforma a finales de los años 50 , la introducción de la lengua vernácula en 1965, la completa pérdida del latín en 1967, la abreviación de la misa en 1965 quitando varios elementos como las oraciones al pie del altar, el último Evangelio y las preces leoninas (de León XIII), y la excitante y brillante nueva ordenación de la misa (Novus Ordo Missae, señor Bornhoft: es exactamente lo mismo en latín) en 1969, no puede decirse que ha tenido ningún efecto positivo estadísticamente demostrable. Si alguien quiere justificar la correlación negativa, es asunto suyo. Lo que es innegable, es que la estabilidad litúrgica de la primera mitad del siglo 20 coincidió, al menos en Inglaterra y Gales, con un periodo de evangelización monumentalmente exitoso y que la era del Novus Ordo coincidió con un periodo de evangelización fracasada. No esta atrayendo multitudes.

La resistencia a la conclusión obvia no deriva de las objeciones estadísticas, sino de la dificultad genuina que muchos tienen para entender cómo puede ser que una «misa que dure una hora en un idioma que no entienden» pudiera atraer a gente. Es tan obvio que la incomprensibilidad del Vetus Ordo debió haber sido una barrera para la evangelización que todas las gráficas del mundo no podrían convencerlos de lo contrario. Quiero intentar explicar lo que decenas de miles de conversos ingleses a principios del siglo 20, y de gente joven, hoy atraída por la misa tradicional, obtuvo u obtiene de ella.

La primera cosa para entender es que el no ser capaz de entender las palabras que el presbítero está diciendo, al momento que las dice, sin referencia a un misal de mano, no significa que el espectador no entienda lo que esta sucediendo. Por un lado pudieran estar usando un misal. Y luego esta el asunto de la catequesis litúrgica: un inmenso número de católicos corrientes no tienen idea de lo que sucede en la misa, independientemente de la lengua utilizada. Pero aun dejando estos asuntos aparte, hay algo que necesita decirse una y otra vez, y que ha sido bien explicado por el teólogo Padre Aidan Nichols OP, cuando expresó un argumento que es obvio cuando está bien expresado (en su “Looking at the Liturgy”): Los sociólogos y los antropólogos se han dado cuenta que no son los símbolos más claros los mas poderosos.

En una galería de arte: ¿Qué imagen es la que tiene mayor efecto en la gente? ¿Esta? Es la más clara. Pero de alguna manera no despierta la imaginación.

Abra un libro de poesía: ¿qué poema es el más poderoso, conmovedor e inspirador? «¿El gato se sentó en la alfombrilla?» pero está claro.

La realidad es que las personas entienden más de lo que pueden articular; pueden absorber más, en una pieza de arte, de lo que se les puede explicar con palabras de una sílaba. Cuando Alicia, en Alicia en el país de las maravillas lee el Jabbawocky, que se compone en gran parte de palabras sinsentido, dice que le llena su mente con ideas. El arte puede hacer esto. Incluso un texto puede comunicar tanto de manera verbal como no verbal.

Con mayor razón la liturgia, que no es sólo un texto y, la cual, en la forma de la misa tradicional en latín, es quizás la mayor obra de arte de la tradición occidental. Su parte más poderosa es, de hecho, silente. Hable con los teólogos sobre el silencio y le dirán que es la lengua de Dios. ¿Cómo se puede entender algo que es simplemente silencio? La respuesta es que no hay «simplemente» al respecto. Es un silencio lleno de significado, un significado que no es nada oscuro para la congregación, incluso si ellos son nuevos en el Vetus Ordo. Saben que están en presencia del Mysterium tremendum. No tome mi palabra para ello: Pruébelo y veálo por usted mismo, y reflexione las palabras de S. Juan Pablo II, quien dijo (Dominicae Cenae (1980)) que el latín en la misa «suscitaba un sentido profundo del misterio eucarístico». Comunicaba algo de mayor significado que el literal de los antiguos y bellos textos litúrgicos.

En relación con la nueva evangelización, que es la re-evangelización de los países anteriormente cristianos, la misa tradicional es exactamente lo que necesitamos, por razones magníficamente sintetizadas por Pablo VI (Evangelii nuntiandi (1975) 42):

« El hombre moderno, hastiado de discursos, se muestra con frecuencia cansado de escuchar y, lo que es peor, inmunizado contra las palabras.».

¿Cómo podemos llegar a las personas contemporáneas?, ¿qué les podemos ofrecer que reconozcan, aunque sea débilmente, interesante o valioso? Tenemos algo precioso para ellos, algo profundo, bello y entrañable. No todo el mundo está abierto a ello: no todas las personas estuvieron abiertas a la predicación de nuestro Señor. Pero tiene el poder de suavizar los corazones duros, de penetrar en las imaginaciones hastiadas y de atraer los intelectos empobrecidos. No está nada mal.

Un número de informes de situación son relevantes para estas entrada y los puede ver en la página web FIUV. Especialmente:

PP 2: Liturgical Piety and Participation

PP 7: Latin as Liturgical Language 

PP 9: Silence 

PP 11: Western Culture 

Joseph Shaw

[original traducido por Gloria Gracia para Adelante la Fe]
* Sam Guzmán, autor del blog Catholic Gentleman que referencia en su artículo publicado en Rorate Caeli