cover-gomorrhanius-250x376-185x278San Pedro Damián (1007-1072), prior del monasterio de Fonte Avellana y más tarde cardenal obispo de Ostia. Fue una de las personalidades más destacadas de la reforma católica del siglo XI. Su Liber Gomorrhianus apareció en torno a 1049, en una época en que la corrupción estaba ampliamente extendida, llegando incluso a alcanzar la cúspide del mundo eclesiástico. En dicho escrito, dirigido al Papa León IX, San Pedro Damián denuncia los vicios perversos de su tiempo con un lenguaje que no conoce falsas misericordias ni transigencias.

Está convencido de que el más grave de todos los pecados es el de la sodomía, término que abarca todos los actos contra natura que buscan la satisfacción del placer sexual apartándolo de la procreación. «Si no se pone fin inmediatamente con puño de hierro a este vicio totalmente ignominioso y abominable –escribe–, caerá sobre nosotros la espada de la cólera de Dios llevando a muchos a la ruina». El Liber Gomorrhianus acaba de aparecer en italiano publicado por Edizioni Fiducia (Roma 2015, euro 10). La traducción, con una nota bibliográfica, es de Gianandrea de Antonellis, y el prólogo de Roberto de Mattei. Reproducimos algunos fragmentos de dicha introducción. 

La Iglesia Católica es un organismo que tiene, al igual que su fundador Jesucristo, una naturaleza divina y una naturaleza humana íntimamente ligadas. Pero a diferencia de Jesucristo, que es perfecto no sólo en su divinidad sino también en su humanidad, la Iglesia, santa e inmaculada, se compone de hombres sujetos al pecado. Nunca es pecadora, pero en su seno se juntan santos y pecadores.

Hay momentos en su historia en los que la impregna la santidad y otros en los que la deserción de sus miembros la sume en la oscuridad. Pareciera que en esos momentos Dios la abandonara. Pero eso nunca sucede. La Iglesia no se extingue. Supera las pruebas más difíciles y avanza invicta en la historia hacia la Parusía, al triunfo final en la Tierra y en el Cielo cuando se unirá definitivamente a su divino Esposo. Esta visión teológica estaba bien clara para San Pedro Damián, cuando hacia 1049 se puso a escribir el Libro gomorriano, obra en la que no teme sacar a la luz la ignominia de los hombres de la Iglesia de su tiempo.

Desde entonces han pasado mil años, y mil años habían transcurrido también desde la muerte y resurrección de Cristo. Pero la voz de San Pedro Damián resuena hoy como ayer, sirviendo de acicate y brindando consuelo a todos los que, como él, habrían combatido, sufrido, clamado y esperado a lo largo de la historia. San Pedro Damián sentía la fragilidad de la carne, el peso del pecado, la caducidad de lo mundano, el avance inexorable de la muerte, pero se abandonó confiadamente a la misericordia de Dios y obtuvo la recompensa celestial. Y desde el momento de su muerte fue venerado universalmente como santo.

Dante lo sitúa en el séptimo cielo, entre los contemplativos. León XII lo honró con el título de doctor de la Iglesia (Costituzione Providentissimus Deus del 1 de octubre de 1828). Las enseñanzas de un doctor de la Iglesia resplandecen por la pureza de la fe y la profundidad de la ciencia teológica y moral. Estas notas distinguen toda la obra de San Pedro Damián, a partir del Libro Gomorriano, del cual queremos tomar ante todo el espíritu. Espíritu de verdad porque San Pedro Damián no desvió la mirada ante la inmundicia moral, sino que descorrió el velo con el que otros eclesiásticos trataban de ocultar el mal, y manifestó su deformidad y su horror. Espíritu sobrenatural, porque no se dejó intimidar por los falsos juicios del mundo, sino que lo consideró todo a la luz de la ley divina y natural.

Espíritu profético también, porque no sólo vio los males, sino que previó las consecuencias que tendrían en la sociedad y en la vida de las almas y prescribió los remedios necesarios, en una vida de gracia, penitencia y lucha. No moderó su lenguaje, sino que lo utilizó lleno de ardor para manifestar sin cortapisas su indignación. Y tampoco tuvo miedo de expresar su odio intransigente al pecado. Fue precisamente ese odio el que encendió vivamente su amor por la Verdad y el Bien.

Hoy, a comienzos del tercer milenio del nacimiento de Cristo, sacerdotes, obispos y conferencias episcopales reivindican el matrimonio para los sacerdotes y ponen en duda la indisolubilidad del vínculo matrimonial entre hombre y mujer, aceptando al mismo tiempo la apertura de la legislación al pseudomatrimonio homosexual. La sodomía no se considera un pecado que clame venganza al Cielo, y se ha extendido por seminarios, colegios y universidades eclesiásticas, habiendo llegado a traspasar los sagrados muros de la Ciudad del Vaticano.

El Libro gomorriano nos recuerda que hay algo peor que el vicio moral en la teoría y en la práctica: el silencio de quienes deben hablar, la abstención de quien debe intervenir, los lazos de complicidad que se establecen entre los que hacen el mal y los que, so pretexto de evitar el escándalo, callan y al callar otorgan. Más grave todavía es la aceptación por parte de hombres de la Iglesia de la homosexualidad, considerada no un pecado abominable, sino una “tensión” positiva hacia el bien, digna de acogida pastoral y de protección jurídica.

En la Relatio post disceptationem que recapitula la primera semana de trabajo del Sínodo de obispos de octubre de 2014, había un párrafo que afirmaba «las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana», y dirigía a los prelados una invitación a «recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades». Esta escandalosa afirmación se borró de la declaración final, pero algunos obispos y cardenales han reiterado, tanto dentro como fuera de las reuniones del Sínodo, la solicitud de sacar partido a los aspectos positivos de las uniones contra natura, con la esperanza incluso de formular «una codificación de derechos que puedan estar garantizados para las personas que viven uniones homosexuales».

San Pedro Damián, como simple monje, y con más razón como cardenal, no vaciló en acusar al mismo Papa de su tiempo por su escandalosa dejación de funciones. ¿Contribuirá la lectura del Libro gomorriano a infundir en el corazón de algún prelado o seglar el espíritu de San Pedro Damián, despertándolo del letargo y azuzándolo a hablar y actuar?

A pesar de la abismal distancia que nos separa de la santidad y el espíritu profético de San Pedro Damián, hacemos nuestra su indignación contra el mal, y con las palabras que ponen fin a su tratado nos dirigimos al Vicario de Cristo, Su Santidad el Papa Francisco hoy reinante, para intervenga poniendo fin a los escándalos doctrinales y morales: «Que el Señor omnipotente nos ayude, Reverendísimo Padre, para que en el periodo de vuestro apostolado el monstruo de ese vicio sea totalmente derrotado, y para que la Iglesia, actualmente postrada, resurja y recobre todo el vigor que legítimamente le corresponde».

Roberto de Mattei

[Traducido por J.E.F]

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.