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Del Ecce Homo

Composición de lugar. Contempla al Ecce Homo, que te dice: “¡Cuánto me cuesta tu amor, hija mía!”

Petición. Detesto el pecado, Dios mío, y os amo con todo mi corazón.

Punto primero. Pilato, viendo a Jesús tan mal tratado y desfigurado, juzgó que con sólo mostrarle al pueblo aplacaría su furor. Salió, pues, Pilato afuera otra vez, y les dijo: “Ved aquí que os lo trigo afuera, para que conozcáis que no encuentro en Jesús delito alguno.” A esa sazón salió Jesús a vista de todo el pueblo, vestido con la púrpura y coronado con las espinas… ¡Qué vergüenza para Jesús al verse en aquel traje tan abatido delante de todo el pueblo y aquella horrenda figura!!! Y Pilato les dijo: Ecce Homo. Ved aquí al Hombre… Mira, hija mía, a este Hombre Dios, afeado con salivas, llagado con azotes, acardenalado con bofetadas, vestido con vestiduras de escarnio, y coronado con corona de dolor e ignominia… por tu amor. Mírale, hija mía y tórnale a mirar, porque tiene tanta eficacia la mirada con piedad de Cristo, que si te mira y le miras, en verdad te encenderás en su amor… Mírale bien, que aunque está tan afeado que no hay cosa que se pueda ver en Él ni desear no obstante es el más hermoso de los hijos de los hombre… ¡Oh Hombre, más que hombre, honra del linaje humano, Salvador, Redentor y glorificador de los hombres! Yo te adoro, te honro y glorifico como a Dios único y verdadero…seas, oh Jesús Hombre Dios, mi salvación y mi gozo eternamente.

Punto segundo. Ecce Homo, veis aquí, al Hombre, clama a la vez el Eterno Padre. Veis a mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas todas mis complacencias… Veis a mi imagen, a mi Verbo, figura de mi sustancia, que sostiene todas las cosas con la virtud de su palabra; por quien han sido hechas todas las cosas, esplendor de la gloria eterna, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero… Primogénito ante toda criatura… Éste es el Hombre que padece, por vosotros hombres, porque os ama con infinito amor… He aquí al Hombre salvador del hombre, imagen del hombre perfecto que ha de reinar en el cielo eternamente… Ved a mi Hombre, pero que es más que hombre, que es Hijo de Dios vivo, Mesías prometido en la ley, cabeza de los Ángeles y de los hombres, Amador de los hombres y su consolador, camino, verdad y vida… Adórenle, alábenle, sírvanle y denle millones de gracias todos los hombres, pues por solo amor de los hombres, y por pagar sus deudas, abriles el cielo y librarles del infierno, ha tomado esta figura tan dolorosa y lastimosa… Ved aquí al Hombre maestro de todas las virtudes… Ved al Hombre humilde entre tantos desprecios, pobre en tanta desnudez, manso entre tantas injuria, paciente en tan terribles dolores, modesto entre tantos blasfemadores, obediente entre tantos perseguidores, amante y enamorado en medio de tantos que le aborrecen, le afrentan , le calumnian… Ved ahí al Hombre dechado de todas las virtudes que predican su inocencia, demuestran su divinidad, autorizan su persona… Escucha, hija mía, escucha la voz del Padre celestial. Mira con fe, compasión y amor a este Hombre Dios; imítale, pues sólo conformándote con la imagen de este Hombre serás reconocida por hija de Dios.

Punto tercero. A estas palabras de Pilato y a la vista de Jesús coronado de espinas, respondieron todos con grandes voces, y los pontífices y los ministros: “¡Crucifícale, crucifícale!” Amedrentado Pilato porque le decían que si soltaba a Jesús no era amigo del Cesar, sacó segunda vez a Cristo Nuestro Señor a fuera, y díjoles: “Mirad a vuestro Rey: Ecce rex vester.” Los pontífices respondieron a esto: tolle, tolle; crucifige eum: “Quítale, quítale de ahí; crucifícale.” Dijo Pilato: “¿A vuestro rey tengo de crucificar?” Respondieron ellos: “No tenemos otro rey sino a Cesar…” ¡Qué provechosa materia para largas meditaciones, hija mía! Pilato dice a los judíos que miren aquel pobre miserable que con la corona, cetro y púrpura que trae sólo puede ser rey de farsa y de burla; más Jesús te dice: “He aquí a tu Rey, manso y humilde, dadivoso y amoroso, que por tu amor se disfrazó de rey de burla…” Mira a tu Rey, cuyo reino no tendrá fin, Rey del cielo y tierra, Rey de gloria y de todos los siglos… ¡Oh alma mía, adora y bendice a tu Rey Cristo Jesús, y clama: ¡Viva Jesucristo mi Rey eternamente!

Punto cuarto. Pondera la rabia increíble de esta gente, que ni aun ver a Cristo querían, y por eso grita: “Quítale de ahí” como si dijeran: Crucifícale de una vez, y no le vean más nuestros ojos, para que de una vez se acabe. ¿Y por qué esto? porque su vida es muy desemejante y condena la nuestra. Pesada es, hija mía, la vista de Jesús para los malos; mas muy apacible para los buenos… Contempla por fin, hija mía, la ceguera y perversidad de esta gente, que dejan a su verdadero Rey y Padre, y en odio de Cristo escogen y aceptan por rey al tirano que les quitaba sus haciendas y su libertad, y en castigo de esta enorme maldad permitió el Señor que perdiesen al verdadero Rey y Mesías, y que el rey terreno que escogiesen se volviese contra ellos, y los asolase y destruyese… ¡Oh perfidia y perversidad del pueblo judío! ¡Cuán cara te cuesta! – Mas tú también has imitado tan pérfida conducta cuantas veces dejaste al Rey del cielo por el de la tierra, y por puntos de vana honra e interés, viviendo como si no tuvieses otro rey que a Cesar… ¡Oh Dios de mi corazón! cuando era del mundo decía que no tenía otro rey que mis pasiones; mas ahora, Señor, digo que sólo Vos sois el rey de mi alma, de mi voluntad y de todos mis afectos… No quiero otro Rey ni Cesar sino a Cristo, a quien deseo servir y obedecer de todo corazón… Me pesa de todo corazón por las veces que os he dejado y os he ofendido, más insensata y pérfida que los judíos, Jesús mío…no reconozco otro Rey que a Vos, rey de reyes y Señor de los que dominan, a quien sea honra y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Amén. ¡Viva Jesús mi Rey!

Padre nuestro y la Oración final.

Fruto. Haz cuenta que el Ecce Homo te dice: aquí tienes a tu Redentor que te pide toda tu confianza; tu Jesús que te pide todo tu amor; tu Rey y Modelo que te pide tu servicios e imitación.




Meditación
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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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