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Del favor de la vida espiritual

Para el Martes de la Septuagésima

Punto primero. Considera que salió este padre de familias al amanecer y a todas horas a buscar obreros para su viña; enseñando a los prelados y superiores eclesiásticos y seglares, la vigilancia que deben tener de la viña que Dios les ha encomendado, perdiendo de sus comodidades por mirar el bien de los suyos; si eres uno de ellos, aprende de las obligaciones que te corren de este padre de familias, y cómo las has de cumplir; y si no te toca por ser súbdito, ruega a Dios por los prelados y superiores que les de su espíritu para cumplir sus obligaciones como deben, y que envíe muchos padres de familias celosos y vigilantes a su Iglesia, que le rijan y gobiernen con el espíritu y vigilancia que deben.

Punto II. Considera cómo llamó a varias horas a los obreros de su viña; porque a unos llama Dios en la niñez cuando les amanece el uso de la razón, a otros cuando mozos, y a otros cuando viejos al tiempo que se va a poner el sol de la vida y no les queda más de una hora para trabajar, en la cual muchas veces merecen más que los que empezaron desde la niñez, porque no despreciéis a ninguno aunque le veas pasar la vida descuidado, pues no sabes cuándo le llamará Dios y si en una hora le servirá más que tú que le has servido toda la vida. Llora tu tibieza y conoce lo poco que haces, respecto de lo que podías hacer, y pídele a Dios gracia para servirle con fervor.

Punto III. Considera que los primeros murmuraban al padre de familias injustamente, pues les pagó enteramente su jornal, alegando que habían llevado el peso de todo el día pasando el fuego del sol y del estío, en que nos enseñó el Salvador que los tibios y negligentes se llenan de envidia de los fervorosos, y de quejas y murmuraciones contra los superiores, y se les hace la carga pesada porque les falta el espíritu para llevarla: medita todo esto y mete la mano en tu pecho y mira si eres de estos o de los fervorosos, y cuánto te importa ser de estos y no de aquellos. Mira que los tibios no le gustan a Dios, y le provocan vómito con sus quejas y murmuraciones; y si se te hace la carga pesada y duro el yugo de la ley divina, entiende que lo causa tu tibieza, y llora y gime en el acatamiento de Dios con ansias de tu corazón, pidiéndole que te dé una centella de fervor para servirle en adelante con alegría y diligencia.

Punto IV. Considera que te ha llamado Dios a ser obrero y no dueño de su viña; porque como dice Cayetano, el obrero trabaja por su Señor, y todas las obras que hicieres han de ser para Dios que es el dueño de la viña. Mira no las tomes para ti atribuyéndote la gloria de ellas, pues no son tuyas, sino refiérelas a Él cuyas son, buscando en ellas su gloria y su honra y no la tuya, como verdadero siervo suyo; de esta suerte las ganarás, y de otra suerte las perderás, porque te las quitará Dios cómo a ladrón de su gloria y de su honra.

Padre Alonso de Andrade, S.J




Meditación
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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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