[Denzinger-Bergoglio] No son 50 años, ¡no!, que eso significaría una inimaginable plenitud de la cual estamos muy lejos… pero sí que son 50 las afirmaciones del Papa Francisco que el Denzinger-Bergoglio ha analizado… ¡que se dice pronto! Con este número bien podemos decir que esta página adquiere una cierta madurez y cruza una primera meta que, al comenzar esta andadura, nos parecía prácticamente inalcanzable. De hecho, resulta muy difícil, en medio de las intensas labores pastorales que los autores desarrollamos, conseguir tiempo para hacer investigaciones, contrastar, ordenar, redactar, etc.

¿Cómo lo hemos conseguido? En primer lugar, nos han animado muchísimo los constantes mensajes de apoyo y agradecimiento llegados del mundo entero, no tanto por lo que nos dice respecto –pues este trabajo está completamente despojado de cualquier interés personal–, sino, sobretodo, por constatar que nuestro principal objetivo –aunque algunos lo hayan querido entender de forma diferente– está siendo alcanzado con creces.

¿Y cuál es nuestro objetivo? Vivimos en una época confusa, y se echa de menos el lenguaje claro y preciso que arroje la necesaria luz sobre el camino que nos conduce a la Verdad. Como sacerdotes somos testigos privilegiados del mal causado por la confusión de las ideas, fruto de la ausencia tanto de un lenguaje claro como de la difusión de la verdadera doctrina. Hay quién diga que nos mueve una inexplicable “inquina” contra el Papa Francisco. En realidad, nada tenemos en lo personal contra quién se sienta en el Trono de San Pedro. Pero no podemos ignorar que, desde el inicio del nuevo pontificado, la ausencia de ideas claras y el cruce de informaciones tendenciosas e imprecisas –promovida por quién, no lo sabemos– está causando un verdadero terremoto dentro del redil del Señor y que, inexplicablemente, nada se ha hecho desde ciertas instancias para resolver esto. Por lo tanto, teniendo a nuestro alcance el aclarar los conceptos, no podemos quedarnos callados. Esto no es un capricho, sino un verdadero deber de conciencia con el que nos confrontamos día a día en nuestra cura de almas. Por dar algunos ejemplos entre tantísimos, ¿qué pensar cuando una persona que vive manifiestamente en pecado exige la Sagrada Comunión diciendo que ya tiene el acceso permitido a este sacramento? ¿O cuando alguien, a quien se intenta ayudar a cambiar de vida, exige que se le dé la absolución sin tener las mínimas condiciones para tal, alegando que el sacerdote tiene que ser misericordioso antes de todo? ¿O cuando el párroco escucha que es muy cerrado por exhortar a sus fieles a que no frecuenten lugares inconvenientes para su salvación? El Magisterio de la Iglesia es para ello un apoyo seguro, y muchos nos lo han manifestado, por ver plasmado con tanta luminosidad en los documentos pontificios, aquello que nos es mostrado innumerables veces de forma sesgada y interesada con un objetivo que, desde luego, no es el de auxiliar las almas para conseguir su objetivo último, esto es, la eterna salvación.

En segundo lugar, jamás podríamos haber desarrollado 50 estudios sin la inesperada aparición de un apoyo tan desinteresado como cualificado de muchos hermanos sacerdotes que han querido ayudarnos en el “trabajo sucio”. Aquel ingrato y oscuro que exige con frecuencia horas de búsqueda en bibliotecas o en internet para encontrar aquel texto leído hace tanto tiempo y cuyo recuerdo cubrió una espesa capa de polvo; o aquella otra afirmación que el sensus fidei nos dice que tiene que haber sido tratado por algún Sumo Pontífice o Padre de la Iglesia, pero que hay que rebuscar como aguja en un pajar. Más sorprendente fue para nosotros el empeño de varios hermanos en el sacerdocio que, viendo la utilidad de la página para orientar a sus fieles, no ahorraron esfuerzos para lanzar la versión inglesa de la página. Aquello que nos parecía imposible ya es hoy una realidad, y les deseamos un éxito igual o mayor al que ha tenido la versión española y pedimos también para ellos la máxima difusión de su trabajo. Si otros sacerdotes de cualquier parte del mundo quieren traducir nuestros artículos no dejen de hacerlo por el bien de las almas.

También queremos agradecer a tantos luchadores, desde blogueros individuales hasta responsables por grandes y meritorias páginas como “Adelante la Fe”, por el apoyo que nos brindaron para hacer la iniciativa más conocida. Esto ha permitido que nuestras visitas se sitúen en pocos meses en un nivel que nunca habríamos soñado. Esperamos que no sean los únicos, y que, con su ayuda, más y más católicos puedan aproximarse a la luz del Magisterio a través de nuestra página.

En definitiva, nada nos anima tanto a continuar como el apoyo “silencioso” que, desde su sección propia, nos dan 30 Papas, 10 Concilios, 16 Padres de la Iglesia y 9 Doctores de la Iglesia, como quien dice: “¡Sí, continuad adelante defendiendo la Verdad!”. Y queremos que el mayor número de páginas católicas nos ayuden a difundir la verdadera doctrina de siempre, sin inquina pero con valentía, apenas por el deseo de ayudar al mayor número posible de almas.

Por fin, pedimos a todos nuestros lectores que no dejen de apoyarnos, no sólo con la difusión del trabajo sino, sobretodo, con el tesoro de sus oraciones y sacrificios, sin los cuales cualquier obra apostólica resulta estéril. También nosotros los incluimos con gran estima en las intenciones del Santo Sacrificio que celebramos diariamente.

Hemos Visto
Artículos de opinión y análisis recogidos de otros medios. Adelante la Fe no concuerda necesariamente con todas las opiniones y/o expresiones de los mismos, pero los considera elementos interesantes para el debate y la reflexión.