El Family Day celebrado el pasado 30 de enero puso de relieve que existe otra Italia muy diferente de la relativista y pornómana que nos presentan los medios como si fuera la única real. La Italia del Family Day es ese sector del pueblo, mucho más amplio de lo que quepa imaginar, que sigue fiel, y que ha recuperado en los últimos años lo que Benedicto XVI definió como «valores no negociables»: la vida, la  familia y la educación de los hijos con la convicción de que únicamente sobre estos pilares puede fundarse una sociedad bien ordenada.

La Italia del Family Day se convierte en la antítesis de la ley Cirinnà, que toma su nombre del proyecto de ley presentado por la senadora Monica Cirinnà con vistas a introducir en nuestro país el matrimonio y la adopción de menores por parte de homosexuales. La Italia del Family Day no es sólo una Italia que defiende la institución familiar. Es también una Italia que toms partido contra los enemigos de la familia, empezando por el grupo de activistas que amparados en la ley Cirinnà quiere imponer en nuestra nación una ideología y una práctica pansexualistas.

Esta minoría cuenta con el apoyo de la Unión Europea, el lobby marxista-iluminista y masonerías de diversos niveles y grados, y que desgraciadamente goza de las simpatías y el favor de parte del episcopado y de movimientos católicos. En este sentido, la Italia delFamily Day no es la de monseñor Nunzio Galantino, secretario de la Conferencia Episcopal Italiana, ni la de asociaciones como Comunión y Liberación, los Scouts católicos, los focolares y los carismáticos, que este 30 de enero no han hecho acto de presencia en el Circo Máximo.

Monseñor Galantino intentó por todos los medios posibles evitar la manifestación, y ante la imposibilidad de impedir la movilización, habría preferido imponerle otro objetivo: el de, como observaba Riccardo Cascioli en La Nuova Bussola quotidiana del 1 de febrero, de «obtener una ley de uniones civiles que las entienda de modo muy diferente al de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y que no permita la adopción. Dicho de otro modo: la Conferencia Episcopal Italiana quiere el mismo proyecto de ley sobre los derechos de los convivientes que había combatido hace ocho años». El primer Family Day, celebrado en 2007, fue promovido de hecho por el episcopado italiano para impedir la legalización de las uniones civiles, la cual con acierto se veía como una puerta abierta al pseudomatrimonio homosexual. Hoy en día se habla de que convendría aceptar las uniones civiles precisamente para evitar el llamado matrimonio gay.

Entre otros, lo cuenta en una entrevista monselor Marcello Semeraro, obispo de Albano:
«En principio, no tengo reparos para que se reconozca públicamente la legalidad de esas uniones. Me parece que la reacción tiene que ver con el tema de la procreación y las adopciones, no con el reconocimiento público de las uniones. Lo importante es que no se asimilen a la realidad del matrimonio». Y, para evitar malentendidos, añade: «Desde luego se puede promulgar una ley de uniones civiles» (Corriere della Sera del 31 de enero).

La postura es clara: no a la adopción por parte de homosexuales; sí a la legalización de las uniones homosexuales siempre que no se las defina oficialmente como matrimonio. Si al proyecto de ley Cirinnà se le suprimieran algunos elementos que equiparan totalmente las uniones civiles homosexuales con el matrimonio, un católico podría consentirlas. Al igual que monseñor Galatino, monseñor Semeraro está considerado un hombre de confianza del papa Francisco.

La pregunta surge espontánemente: ¿cuál es la postura del Papa a este respecto? Antonio Socci observa en el Libero del 31 de enero «la evidentísima ausencia y palpable frialdad» del papa Francisco, que ni siquiera transmitió unas palabras de salutación para el Family dayni hizo la menor alusión al mismo en el discurso de su audiencia del sábado en la mañana, como tampoco en el Ángelus del día siguiente. ¿Qué juicio nos merece este silencio precisamente cuando el Gobierno y el Parlamento italianos se disponen a infligir una herida moral a nuestra patria?

Y sin embargo, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha declarado que la homosexualidad no puede exigir reconocimiento alguno,
porque lo que está mal a los ojos de Dios no se puede admitir como algo socialmente justo (Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, nº 17).

La Italia del Family Day ignora tal vez la existencia de dicho documento, que el Papa no puede desconocer. Pero, armada apenas de sentido común, ha manifestado claro y alto el 30 de enero su negativa no sólo a la adopción de los hijos por parte del otro conviviente, sino a todo el decreto Cirinnà. Y el sentimiento que movía a la multitud que atestaba el Circo Máximo se puede entender por la fuerza de los aplausos que acompañaron la intervenciones más destacdas de algunos de los que disertaron, italianos o extranjeros, como Željka Markic, líder de la iniciativa cívica que puso en marcha en Croacia el referéndum que rechazó las uniones civiles, y tres meses después derrotó también al presidente del Consejo.

Es necesario reconocer con serena objetividad que la Marcha por la Vida
que se celebra en Italia desde 2011, ha roto el hielo y eliminado un complejo que pesaba sobre el mundo pro vida italiano: la idea de que fuera imposible, o si acaso contraproducente, realizar una gran manifestación en defensa de la vida. Siguiendo el modelo de la Marcia per la Vita, pero también de la multitudinaria Manif por tousfrancesa, nació el Family Day, que, con el objeto de aglutinar una multitud lo más numerosa posible, acoge en su seno diversas formas de sentir. Unos intransigentes, otros dispuestos a hacer concesiones. La razón de su éxito en términos numéricos es también el origen de su debilidad sustancial e ideológica.

La batalla en curso no es en realidad política, sino cultural, y no se vence tanto con la movilización de las masas como con la fuerza de las ideas contrarias a las del adversario
. Se trata de una batalla entre dos cosmovisiones, ambas fundadas en principios fundamentales. Si se admite que existen la verdad absoluta y el Bien absoluto, que es Dios, no se pueden hacer concesiones. Hay que mantener la defensa de la verdad incluso hasta el martirio.

La palabra mártir significa testigo de la verdad, y hoy, además del martirio cruento de cristianos que se renueva en tantas partes del mundo, se da un martirio incruento, si bien no por ello menos terrible, por medio de armas mediáticas, jurídicas y psicológicas, que tiene por objeto ridiculizar, callar y, a ser posible, encarcelar a los defensores del orden natural y cristiano.

Por esta razón, esperamos de la Comisión para la Defensa de Nuestros Hijos, promotor del Family Day,  que siga denunciando la iniquidad de la ley Cirinnà aun en el caso de que desgraciadamente se aprobase, incluso en una versión moderada.
La Manif pour tous francesa congregó en la primera ocasión a casi un millón de personas el 13 de enero de 2013, unas semanas antes de que se debatiera en el Parlamento la ley Taubira, pero continuó manifestándose más enérgicamente todavía después de la aprobación del pseudomatrimonio homosexual, y suscitando un movimiento que ha dado lugar a otros similares en Europa. Y en estos mismos días, Christiane Taubira, de la cual toma el nombre la desgraciada ley francesa, ha dimitido de su cargo de ministra de justicia. Esperamos, pues, nuevas manifestaciones en Italia, realizadas con fuerza y determinación, aunque sea menor el número de participantes. Porque lo que importa no es la cantidad, sino la contundencia del mensaje-

No hemos empleado la expresión Family Day para singularizar a los organizadores del evento, sino para atribuir identidad a una manifestación
que supera con mucho a la congregada físicamente en el Circo Máximo el 30 de enero. Esta Italia no se resigna; quiere luchar y necesita guías. Guías que deben ser sinceros en sus intenciones, ideas, lenguaje y comportamiento. Y la Italia del Family Day está dispuesta a denunciar a los falsos guías con la misma fuerza con la que seguirá combatiendo a los verdaderos enemigos.

Roberto de Mattei

[Traducido por J.E.F.]

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.