Los edificios más difundidos en el mundo son las iglesias. Pequeñas, grandes, magníficas, sublimes, simples y hermosas, de grandes ciudades o de pequeñas aldeas… hasta llegar a la cumbre de las montañas. Dejando de lado los lugares de “culto” modernistas –porque no resultan “atractivos” a nadie (en vista de los salones de reuniones, hangares, garajes, paralelepípedos y cubos aniónicos, asépticos, gélidos, feos y con frecuencia horribles, que la dirigencia eclesiástica quiso erigir en nombre del «signo de los tiempos» donde la liturgia protestantizante es acompañada por la desacralización arquitectónica y artística)– consideremos que es lo que está ocurriendo con las Casas de Dios.

Si en la Francia jacobina y en la Unión Soviética las iglesias fueron destruidas, saqueadas o utilizadas para usos profanos, en el Occidente del dios Mahoma, las iglesias -en una época edificadas a mayor gloria de Dios y para la salvación de las almas- están cada vez más vacías de fe, de liturgia, de alabanzas, de clero, de fieles, porque sufrieron multitransformaciones: vendidas, alquiladas, colonizadas, empobrecidas, profanadas. Son, en síntesis, un suculento instrumento económico.

Según el filósofo Giorgio Agamben, clase 1942, amigo de Elsa Morante y de Pier Paolo Pasolini, «profanar significa restituir al uso común aquello que estaba separado en la esfera de lo sagrado» y es exactamente lo que está haciendo la Santa Sede, en la persona del Cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura. Las iglesias pasaron a ser un plato suculento para la Iglesia interreligiosa de nuestros días.

Si las iglesias eran el corazón pulsante de toda la comunidad cristiana, urbana y rural, hoy son, al mismo tiempo, un problema y una oportunidad. De aquellas horribles, post-conciliares, se puede hacer lo que se quiera, mientras que aquellas bajo los reflectores de las Bellas Artes, asumen un valor histórico-artístico-turístico sumamente atractivo.

Casi como San Francisco, que comenzó su admirable misión restaurando, con sus propias manos, la iglesia, la abandonada San Damián, a fin de honrar a la Santísima Trinidad: «La primera obra que realizó Francisco, apenas liberado del yugo del padre terreno, fue la de reedificar un templo a Dios. No pensaba construir uno nuevo, sino que restauró una iglesia antigua y abandonada; no quitó los cimientos, sino que edificó sobre los mismos, dejándole así, sin saberlo, el primado a Cristo. ´Porque nadie puede poner otro fundamento, fuera del ya puesto, que es Jesucristo´.» (Tommaso da Celano,Vita Prima, 350, 18. La frase entre comillas simples está extraída de Primera Carta a los Corintios, Cap. III, 11).

¡Qué diferencia con el Pontificado del Papa Francisco! En el Duomo de Milán, por ejemplo, el 23 noviembre de 2018 no se dio mayor gloria a Dios, sino a la cantante pop Giorgia con el aval alegre del Cardinal Ravasi, come se concluye de la entrevista que concedió.

En Praga, Londres, Roma, por todas partes, existen iglesias transformadas en restaurantes y pubs a la moda, además: salas de concierto, ludotecas (como la iglesia holandesa de Arnhem, ahora una pista de skateboard), escuelas (como la iglesia de Saint Paul en Bristol, ahora sede de una escuela de circo), sedes de producciones televisivas (la iglesia de San Juan Bautista en Turín, donde se destaca Cristo Rey en el campanario, ahora depósito de la Nova-T de los Capuchinos1), salón para convenciones, exposiciones y cualquier otra cosa.

Al arte contemporáneo, el mercantilizado, le gustan especialmente estos lugares prestigiosos porque, como marco, dan brillo a sus propuestas desoladoras e insípidas, cuando no escandalosas y horripilantes. Después están las iglesias transformadas en museos por su alto valor artístico como ocurrió, por ejemplo, con Santa Maria di Donna regina Vecchia de Nápoles. Pero las referencias son ahora múltiples y están aumentando mes a mes: un enorme patrimonio presente, de forma capilar, en toda Europa, en la cual sobresale Italia.

Iglesias desacralizadas, por lo tanto abandonadas, e iglesias aún funcionando que se prestan a liturgias blasfemas y a usos impropios, porque transformadas en comedores o dormitorios para los pobres o bien, como ocurrió en la iglesia de los Santos Mártires Gervasio y Protasio de None (Turín), donde el párroco acogió a Griot Dieng y a sus músicos, que se exhibieron retozándose a ritmos tribales, con instrumentos de percusión, cantos, gritos, torsos desnudos, danzas africanas en un torbellino de colores, de saltos, de giros.

Las iglesias pueden transformarse en lugares de aglomeraciones o de nuevas comunidades con el cambio de culto, como en el caso de la capilla del ex-hospital Riuniti di Bergamo, vendida en remate en la Región de Lombardía, la cual en vez de ser adquirida, como se presumía, por la comunidad rumano-ortodoxa, fue comprada legalmente, con una oferta más alta, por una asociación musulmana, eludiendo así una norma anti-mezquita solicitada por la Liga.

Este es el destino del uso de las Casas de Dios y no solo de aquellas abandonadas.

Para colocar “orden” en este caos, llegó la Santa Sede, a través de su Dicastero, el Pontificio Consejo de la Cultura, que publicó un documento titulado La cesión y la reutilización eclesial de las iglesias con directrices dirigidas a todas las comunidades eclesiásticas para enfrentar el fenómeno en permanente aumento. El documento está firmado por el Dicasterio y por los delegados de las Conferencias Episcopales de Europa, Canadá, Estados Unidos de América y Australia, como conclusión del congreso internacional ¿Dios no habita más aquí? Cesión de lugares de culto y gestión integral de los bienes culturales eclesiásticos, promovido a fines de noviembre del último año en la Pontificia Universidad Gregoriana del Consejo Pontificio de la Cultura, en colaboración con la Conferencia Episcopal italiana y el Ateneo de los Jesuitas.

Para la dirigencia eclesiástica secularizada y laicizada, políticamente activa y empeñada en el programa, la comunidad cristiana local debe comprometerse y procurar un entendimiento con la comunidad civil y todas las entidades públicas y privadas interesadas en garantizar que los proyectos de transformación «sean sostenibles del punto de vista técnico, económico, social y cultural» y se incorporen como piezas en la empresa de «una historia de identidad comunitaria y plural».

La Iglesia interreligiosa de nuestros tiempos ha renunciado trágicamente a la evangelización (primera finalidad de la Iglesia fundada por el Hijo de Dios), como de hecho se deduce del documento, desprovisto de toda expresión espiritual y mucho menos sobrenatural, que roza el término «evangelización», pero para insertarlo en un proceso meramente evolutivo: las iglesias «asocian (en su multiplicidad histórica y en su propia naturaleza teológica) elementos espaciales sea de continuidad identitaria, sea de transformación histórica: por una parte su propia estabilidad expresa la plantatio ecclesiae en un territorio, en un contexto geográfico, cultural y social; por otra, consideradas las trasformaciones históricas de los ritos, de la espiritualidad y de las devociones, deben poder seguir la vida de la comunidad, llamadas a obrar con discernimiento en la dialéctica entre fidelidad a la memoria y fidelidad a su tiempo. Leído a la luz de dicho dinamismo transformativo, el eventual proceso de desmantelamiento y de reutilización constituye un momento delicado, que se inserta como una pieza adicional en una historia de identidad comunitaria histórica y plural».

Yendo a lo concreto, se invita a colocar las iglesias a disposición de la pluralidad eclesial y social «tanto en el ámbito litúrgico (lugar de culto para pastorales especializadas) como catequístico, cultural, recreativo, etc. Ámbitos privilegiados para la reutilización de las iglesias subutilizadas son seguramente el turismo y la creación de espacios de silencio y de meditación abierta a todos», las iglesias, así, podrán ser confiadas a asociaciones y movimientos laicales «que garanticen una prolongada y mejor gestión patrimonial. En algunos lugares se está abriendo camino la experiencia de una utilización mixta del espacio, destinando una parte a la liturgia y otra a fines caritativos o sociales; tal solución implica sin embargo la necesidad de una revisión del derecho canónico». «Cada intervención no puede constituir un caso aislado: una visión territorial única de la dinámica social (flujo demográfico, política cultural, mercado del trabajo, etc.) de la estrategia pastoral […] y de la emergencia cautelar […] que hace posible insertar a cada iglesia en una trama de valores y estrategias compartidas».

Cuando Cristo se Encarnó no reparó ni en los flujos demográficos (migratorios) ni en la política cultural, ni en el mercado del trabajo… tampoco Sus Apóstoles, que recorrieron todo el mundo celebrando el Santo Sacrificio del altar y bautizando en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; tampoco los Padres de la Iglesia, los Papas y los pastores quienes, en la sociedad que habían cristianizado, elevaron durante dos mil años: santuarios, capillas, iglesias, catedrales, basílicas, santuarios para glorificar a Dios en la tierra y para la salvación eterna de las almas. Pero a estos funcionarios del Estado del Vaticano dicha realidad no interesa: están en el mundo y son del mundo.

1 Producción Televisiva y Multimedia de los Frailes Capuchinos italianos.

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